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lunes, 1 de abril de 2013

Lloret de Mar

Hace ya casi cinco años y en  nuestra búsqueda de nuevos destinos vacacionales decidimos conocer la Costa Brava y nuestros pasos nos llevaron a la población de Lloret de Mar. Poco conocíamos de esta localidad, salvo que era uno de los centros turísticos más importantes de la zona. Su oferta de ocio es interminable, aunque pronto descubrimos que estaba más encaminada al turista extranjero (especialmente alemán y británico) que al español. En cualquier caso, lo que buscábamos en Lloret era comprobar si la fama de belleza de las calas y playas de la Costa Brava era cierta, y lo que descubrimos nos sorprendió gratamente.
La primera que conocimos fue la Playa de Lloret. Cuenta con una longitud de más de 1 kilómetro y se encuentra en el centro de la localidad, de ahí su nombre. Es una playa de arena fina que cuenta con todo tipo de servicios pero que en temporada alta se encuentra bastante masificada, precisamente por su localización y porque a excasos metros a pie podemos encontrar cualquier tipo de comercio o restaurante. Debo admitir que esto nos decepcionó en un primer momento ya que no era lo que buscábamos en esta zona. Pero nuestro ánimo cambió cuando descubrimos que cogiendo el coche y en pocos minutos podíamos disfrutar de las bellas calas que tanto deseábamos conocer. De las que visitamos en la zona, nuestra favorita fue la de Sa Boadella.

Vista de la cala de Sa Boadella
La cala de Sa Boadella es menos accesible que las demás y precisamente por esto más atractiva sobre todo para aquellos que buscan la tranquilidad. Es recomendable ir en coche que debemos aparcar en la carretera que sube a la ermita de Santa Cristina. Después descenderemos unos 200 metros por un camino de tierra de fácil acceso. El esfuerzo habrá valido la pena pues encontraremos un paisaje casi virgen, una playa entre pinares de arena blanca granulada y aguas cristalinas. Es maravillosa la sensación de nadar y ver los pequeños pececillos a tu alrededor. Por cierto, debido a su carácter privado y a su tranquilidad comentaros que es una playa en la que está permitido el nudismo, pero ambas partes (la nudista y la textil) están perfectamente delimitadas.



Las aguas cristalinas de la Costa Brava
Si además de las playas queremos conocer algo más de Lloret de Mar, caminar por su paseo marítimo al atardecer puede ser una agradable alternativa. Nuestra recomendación es dejar que nuestros pasos nos lleven al final del paseo para encaminarnos al castillo medieval de San Joan. Situado en la cima de una colina separa las playas de Lloret y Fenals. Actualmente se conservan la torre principal y parte de sus muros pero vale la pena su visita ya que durante el ascenso podremos disfrutar de bellas instantáneas de la costa.


Castillo de Sant Joan
Otra de nuestra visitas obligadas en nuestra estancia en Lloret de Mar es la Iglesia de Sant Romà. Es uno de los edificios más representativos de la localidad. Construído en estilo gótico catalán en el s. XVI en sus orígenes se dotó de elementos de fortificación. Algunos de sus elementos son de estilo modernista y destaca sobre todo por la originalidad de sus formas pero especialmente por su colorido.


Iglesia de Sant Romà
Podemos decir que Lloret de Mar es una localidad de contrastes en la que el turista puede disfrutar del más variado ocio nocturno pero también de la paz y la tranquilidad de playas casi privadas. Ofrece muchas opciones y es difícil no encontrar una que se adecue a lo que el visitante busca para disfrutar de unas vacaciones perfectas.

Vir

jueves, 31 de enero de 2013

La Giralda, el cielo de Sevilla

La Giralda de Sevilla es sin duda uno de los monumentos más famosos de nuestra geografía, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987. Desde que pisamos la capital andaluza parece darnos la bienvenida desde sus casi 100 metros de altura y nos acompañará durante nuestros paseos por las calles de esta bella ciudad.
La Giralda es el campanario de la catedral de Santa María de la Sede. Los dos tercios inferiores corresponden al alminar de la antigua mezquita, de finales del siglo XII de la época almohade. El tercio superior es un añadido ya en época cristiana para albergar las campanas. Esta unión, lejos de desentonar le aporta gran belleza a la construcción y la enriquece por la mezcla de ambas culturas y religiones.
Sobre su cúspide encontramos el "Giraldillo", una figura que actúa de veleta y que dio nombre a toda la torre.
Detalle Giraldillo


Al llegar a Sevilla la Giralda es una de las visitas obligadas pero ocurre un fenómeno curioso. Aprovecho para contaros una anécdota que me ocurrió en su visita. Como os he comentado, esta bella torre se ve desde cualquier punto de la Sevilla más turística. La Giralda está literalmente pegada a la catedal pues es su campanario. Pues bien, según nos acercamos a ella caminando por el entramado de calles del barrio de Santa Cruz, la Giralda "desapareció" de mi vista. Yo miraba hacia arriba, ya pegada a la catedral y por algún fenómeno extraño (que perfectamente se podría llamar despiste), no la veía. Imaginaos la cara de sorpresa de ese sevillano cuando le pregunto que dónde está la Giralda.
- Pero mi "arma", ¿qué dónde está?, Pues aquí mismo...
- Ya pero es que yo quiero entrar y no me acuerdo dónde está la puerta.
- ¡"Chiquilla", tienes que entrar por la catedral!
Sí lo gracioso es que era la segunda vez que volvía a Sevilla y no me acordaba de cómo llegar a la Giralda y cómo entrar en ella. En fin...
Y efectivamente, para subir a la Giralda debemos entrar primero a la catedral. Se sube a pie a través de unas serie de rampas, aunque el tramo final son escaleras es un ascenso fácil. Una vez que llegamos al campanario y mirador disfrutaremos de unas vistas espectaculares de la capital hispalense: detalles de la catedral y de sus gárgolas, el patio de los Naranjos dentro del recinto y, fuera de aquí, nuestra vista se perderá entre las laberínticas y blancas calles sevillanas, la Torre del Oro, el río Guadalquivir, la Plaza de Toros de la Real Maestranza, la Isla de la Cartuja, la Plaza de España...

Reloj y campanas de La Giralda

Los tejados de la Catedral y Sevilla al fondo














Al descender de La Giralda volvemos a la catedral, que merece una mención aparte. La catedral de Santa María de la Sede es en la actualidad la catedral gótica cristiana con mayor superficie del mundo: tiene cinco naves y ocho puertas que comunican con el exterior. Al margen de creencias religiosas el interior de la catedral de Sevilla no deja indiferente. He de admitir que este tipo de construcciones me impresionan bastante por su magnitud y producen un sentimiento sobrecogedor sobre todo mirar hacia arriba y que la vista se pierda en sus altísimos techos de bellas y ricas bóvedas. El visitante podrá encontrar espejos en el suelo ya que resulta imposible admirar todos los detalle levantando la cabeza sin acabar con dolor de cuello. Pasear por sus naves es verse rodeado de arte perfectamente conservado. Imposible reproducir todos sus detalles: el Retablo Mayor, el órgano, las múltiples capillas, famosas sepulturas entre las que se encuentra la de Cristobal Colón, las coloridas vidrieras. El tiempo se detiene dentro de este edificio que parece lleno de secretos. Unos de los más bellos contrastes es salir por una de sus puertas y encontrarnos con el Patio de Los Naranjos (que hemos podido ver desde arriba). Era principalmente el patio de abluciones de la mezquita almohade que tras la conquista cristiana de Sevilla pasó a ser anexo de la catedral. Saldremos a la calle directamente del Patio de los Naranjos por la Puerta del Perdón, también de la época almohade.

Patio de Los Naranjos



Portada del Príncipe.
Una vez en el exterior de la Catedral el siguiente destino lo dejamos a iniciativa del visitante. En las dos veces que he ido a Sevilla el itinerario que seguí fue el mismo: cruzar la calle y dejarnos seducir por una ración de jamón y unos finitos para recuperar las fuerzas. Sevilla es una capital que seduce, llena de belleza y arte en cualquier rincón aunque en mis dos visitas me quedé con ganas de disfrutar de una cosa: su sol. Sí puedo presumir de haber experimentado aquello de que "la lluvia en Sevilla es una maravilla". Aún así, Sevilla siempre merece un paseo.

Vir

jueves, 29 de noviembre de 2012

Excursión en Asturias: de Cangas de Onís a Los Lagos


Cangas de Onís fue lo primero que conocí de Asturias. La primera vez que lo visité tendría unos 10-11 años. De mayor regresé y pude apreciar aún más todo lo que nos ofrece: naturaleza, cultura, historia y una maravillosa gastronomía.

Una de las primeras visitas obligadas, y que además parece darnos la bienvenida, es su Puente Romano bajo el que discurren las aguas del río Sella. Es curioso porque aunque se denomina romano el puente fue construido en el siglo XIV. Podemos apreciar que de su arco central cuelga una reproducción de la Cruz de la Victoria.

Puente Romano de Cangas de Onís


En nuestro paseo merece la pena detenernos a ver la Iglesia Parroquial que resulta muy original por sus tres filas de campanas. En sus alrededores se celebra el "Mercau" de Cangas de Onís. Uno de los más importantes de la comarca y tiene lugar desde hace muchísimos años todos los domingos. Es recomendable visitarlo y admirar (además de comprar) algunos de los productos típicos de la zona: fabes, quesos de todo tipo, embutidos caseros, dulces, además de productos textiles y artesanos.


Iglesia Parroquial


Si decidimos salir de Cangas tenemos dos excursiones obligadas: al Santuario de Nuestra Señora de Covadonga y a los Lagos. Son dos excursiones que podemos hacer el mismo día porque están muy cerca,  apenas 12 kilómetros un sitio del otro.


Covadonga


Covadonga es uno de los lugares más visitados de Asturias. Cada visitante que llega a Covadonga lo hace movido por diferentes sentimientos: religioso, cultural... En cualquier caso es un lugar hermoso y emociona ver lo bien cuidado y conservado que está y el respeto con el que todo el mundo, creyente o no, disfruta de los diferentes lugares. Merece la pena visitar la Santa Cueva donde se encuentra la capilla dedicada a la Virgen y la tumba de Don Pelayo.








Vista de la Basílica de Covadonga



Es un monumento que llama la atención sobre todo por estar dentro de la montaña, excavado en la roca. Frente a la Cueva está la explanada donde se encuentra la Basílica de Santa María la Real de Covadonga. Junto a ella podemos ver la estatua dedicada a Don Pelayo.
Hagamos un poco de Historia. Don Pelayo fue el primer rey de Asturias, frenó la expansión musulmana en el norte de España en la conocida como Batalla de Covadonga en el año 722. Este hecho es considerado el inicio de la Reconquista.




Los Lagos


Dejamos Covadonga y nos encaminamos a Los Lagos. Es una zona a la que podemos llegar en coche y en transporte público. Su acceso es libre salvo en temporada alta que queda algo restringida para mantener el control de visitantes en la zona. Los Lagos están dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa. Son tres lagos glaciares: Enol, Ercina y Bricial (aunque este sólo tiene agua cuando se produce el deshielo en las montañas.


Atardecer frente al Lago Enol

El primero que nos encontramos es el de Enol, el más grande de los tres. Sin duda es un espectáculo de gran belleza presenciar esa extensión de agua entre montañas. Respiramos el aire puro de los Picos de Europa y casi se nos ha olvidado el acceso en carretera lleno de curvas que hemos "sufrido" para llegar hasta aquí pero que merece totalmente la pena. La subida a los Lagos resulta impresionante porque en nuestro ascenso vemos como el Santuario de Covadonga se va haciendo más y más pequeño, lo que nos da idea de la altura a la que estamos subiendo.

Una vez aquí y después de recuperar fuerzas subiremos al segundo lago, el Ercina, algo más pequeño pero de igual belleza. Aquí es frecuente ver los rebaños de vacas pastando. Al llegar a esta zona lo realmente difícil es cuando llega el momento de marcharse. Recomiendo visitarlos en temporada baja, para poder disfrutar sin prisas y sin apenas gente de un lugar hermoso. Frente al agua, entre las montañas, respirando ese aire tan puro es fácil olvidar cualquier preocupación y realmente pensamos que sí, que Asturias realmente es un Paraíso Natural.


Lago Ercina

Hemos dejado los Lagos pero no podemos marcharnos de Asturias se mencionar otra de sus joyas: su gastronomía. No voy a descubrir ahora la inmensidad de sus fabes (en fabada o con almejas), pero me quedo con dos de mis debilidades: sus quesos y su maravillosa sidra natural. Imaginad por un momento: después de las excursiones realizadas acudimos a una sidrería para degustar una tabla de quesos y unos choricillos a la sidra mientras nos escancian la sidra en un vaso grande. Como manda la tradición, beberemos el "culín" de un trago aunque sin apurar el final. ¡Salud!

Vir

jueves, 1 de noviembre de 2012

Una tarde en Aranjuez



Aranjuez siempre ha sido una ciudad especial para mí. De niña era una de las excursiones más frecuentes que hacía con mis padres sobre todo en esta época del año, en otoño. Muchas tardes de domingo, soleadas pero frescas, mis padres me llevaban a pasear por sus jardines con dos acompañantes imprescindibles: la cámara de fotos y una bolsa de pipas. 

Años después (bastantes) Aranjuez fue la primera excusión que hice con Julián, mi marido, para mostrarle uno de los lugares favoritos de mi infancia. Hoy me llena de ilusión poder traeros “mi” Aranjuez, tal y como lo veía entonces y como lo disfruto ahora. 
Fuente de Hércules y Anteo

Fuente de Apolo
La visita comienza frente al Palacio, en la impresionante entrada al Jardín del Parterre, presidida por la Fuente de Hércules y Anteo. Atravesamos este jardín y nos dirigimos a la izquierda del Palacio y nos adentramos en mi preferido, el Jardín de la Isla, llamado así porque está rodeado por tres lados por el río Tajo. Se accede a él a través de un puente flanqueado por seis estatuas bajo el que discurre el río. La primera fuente que nos encontramos es la de Hércules e Hidra y más adelante la Fuente de Apolo. En estos pocos pasos ya nos hemos dado cuenta de que la mitología es la gran protagonista de las fuentes de este jardín. 
En el corazón de Jardín de la Isla

Fuente del Reloj
Dejando las bellas formas de Apolo llegamos a la Fuente del Reloj. En este punto recuerdo que yo preguntaba a mis padres: “¿Por qué se llama Fuente del Reloj?, yo no veo ningún reloj”. Y ellos siempre me explicaban con paciencia que recibe este nombre porque la sombra del chorro del agua marcaba las horas en los bordes como un reloj de verdad. 

Escuchando atenta sus explicaciones llegamos a mi fuente favorita: La Fuente del Niño de la Espina o Fuente del Espinario. Siempre me quedaba embelesada mirando al muchacho que intentaba quitarse una espina de su pie. Me acercaba a la fuente cuanto podía como si pudiera ver la espina y ayudarle en su tarea. En la plazoleta que acoge esta fuente hay un cenador en cada esquina con tres bancos. Aquí nos sentábamos a descansar unos instantes (cuando eres niño parece que el camino recorrido es mucho más largo) y observaba la fuente y al niño de la espina, y era en este punto cuando por fin mi madre sacaba la bolsa de pipas, lo que me daba fuerzas para continuar con el paseo. 



Fuente del Niño de la Espina

Dejando esta fuente nos gustaba adentrarnos en la parte más frondosa y laberíntica de los jardines donde nos acompañaba el sonido del agua, el canto de los pájaros y el crujir de las hojas en el suelo. Al pisar las hojas, siempre imagino a las damas de la nobleza de la época paseando por estos jardines y parece que escucho el “fru-fru” de sus enormes vestidos en contacto con las hojas de color ocre. Debo decir, haciendo un poco de Historia, que una de esas damas era la reina Isabel La Católica. Este jardín era tanto de su gusto que pasó a conocerse como Jardín de la Reina. En estos paseos otro de mis recuerdos es el de mi padre cogiendo un erizo caído de los árboles para mostrarme de dónde nacían las castañas. En ocasiones quedaba alguna dentro que limpiaba con cuidado y me guardaba en el bolsillo como un talismán y souvenir de esta excursión. 

Fuente de Baco
Llegando a uno de los extremos del jardín nos encontramos con otra de las fuentes que más me gusta, la Fuente de Baco. Coronado con un racimo de uvas y sentado sobre un tonel alza la copa de vino y casi no podemos resistirnos a alzar nuestro brazo y brindar con él. ¡Salud!. 
Cerca de Baco está la Fuente de Neptuno. Me resulta curiosa ya que bajo el Dios del Mar, en la misma fuente, se encuentra la Diosa Cibeles. Aquí, ambos Dioses, tan famosos dentro del terreno futbolístico, se encuentran juntos y reconciliados al margen de cualquier rivalidad y color. 

Una vez alcanzado este extremo emprendíamos nuestro camino de vuelta donde encontraremos más fuentes: la de Venus, la de Diana… aunque yo he querido traeros mis favoritas. Pero el relato no está completo, falta contar que antes de salir del jardín, era visita obligada ver a los patos nadando en el río (mi amor por los animales viene desde muy pequeña). Solíamos dejar este punto para el final porque podía pasarme las horas muertas observando a los patos y a los peces en su lucha por alcanzar los trozos de pan que arrojaba desde la barandilla. Sí, bueno, mi madre me preparaba un bocadillo para ir a Aranjuez porque decía que pasear por los jardines me abría el apetito y había que aprovechar esta circunstancia. Además, si me terminaba el bocata me compraban una cajita de las famosas y deliciosas fresas de Aranjuez. 


Esta es mi personal visión de Aranjuez, una ciudad con una gran oferta turística y cultural al sur de la Comunidad de Madrid. No sé si será casualidad que hoy resida a apenas cinco minutos de este lugar que recuerdo con tanto cariño. Hoy sigue siendo habitual que en días de otoño soleados me pierda por sus jardines con mi cámara de fotos y me siente a observar al niño de la espina. Quizás allí, nos encontremos algún día.

Vir

jueves, 11 de octubre de 2012

Asturias Mágica: la cascada de la Seimeira



En verano de 2011 nuestras vacaciones nos llevaron a Asturias, en busca de un descanso activo practicando senderismo. Decidimos alojarnos en una casa rural en Barcia perteneciente al concejo de Santa Eulalia de Oscos, dentro de la comarca de los Oscos, en la parte más occidental del Principado y a pocos kilómetros de la provincia de Lugo.
Santa Eulalia de Oscos

Nos encontramos con una Asturias desconocida, rural, en momentos aislada y con una naturaleza casi salvaje que invitaba a recorrerla y descubrirla a cada paso. Muchos de sus rincones han sido acondicionados con numerosos alojamientos y oficina de información para el turismo rural pero respetando su aspecto original y sobre todo su entorno natural.  Nos dejamos aconsejar por las sugerencias de los vecinos del lugar (encantadores y hospitalarios en todo momento) y nos adentramos en una de las rutas más bellas y famosas de la zona, la de la cascada de la Seimeira.

Bajada a Pumares

El recorrido se inicia en la villa de Pumares, a pocos minutos de Santa  de Santa Eulalia de Oscos. Sin duda la cascada es lo más llamativo de la zona. El visitante nada más llegar se encontrará con numerosos carteles que indican el camino a seguir y que estamos ante un paseo de unas tres horas de duración aproximadamente. A los pocos pasos de iniciar la ruta paralela al río Agüeira ocurre un fenómeno mágico: el cielo de Asturias desaparece borrado por la frondosidad del bosque. Es tan densa la naturaleza del lugar que nosotros hicimos el recorrido con lluvia y ¡no nos mojamos!  Las ramas de los árboles evitaban que nos cayera el agua o que viéramos el sol cuando la lluvia cedía. Durante nuestro recorrido coincidimos con numerosos caminantes, muchos de ellos con niños. Esto nos animó porque a pesar de que la ruta se describía como fácil no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar y debemos advertir que el sendero, aunque bien señalizado es bastante  pedregoso, lo que obliga a mantener fija la atención, aunque la belleza del lugar nos distraiga.
Río Agüeira

Aldea de Ancadeira
En nuestro ascenso nos encontramos con construcciones abandonadas que formaban lo que se conocía como la aldea de Ancadeira.  Lo que nos llamó la atención es que estas casas habían estado habitadas hasta hace relativamente poco, hasta los años 70, y al recorrerlas cuesta imaginar cómo sería la vida de esas personas en un entorno tan salvaje y aislado. Dejamos atrás la aldea y el bosque nos da un pequeño descanso cuando llegamos al Valle del Desterrado, llamado así por una leyenda del lugar. Aquí en el valle la ruta nos presenta dos opciones: seguir hacia la cascada o desviarnos a la aldea próxima de Busqueimado. Nosotros decidimos continuar.

Cascada de la Seimeira

Tras el valle, nuestro sendero empieza a estrecharse de tal manera que debemos caminar en fila india. El ruido nos indica que estamos cerca de nuestro destino: la cascada de la Seimeira. Al llegar la belleza de este salto de agua de 30 metros en medio del bosque nos dejó sin palabras proporcionándonos una inmensa sensación de paz. El tiempo se detiene, cualquier preocupación parece disolverse con la fuerza del agua, y el cansancio por el camino recorrido se esfuma. Merece la pena llegar hasta aquí y detenerse unos instantes a tomar fotografías. Se pueden obtener fotos muy bellas desde el camino, pero gracias a la osadía de Julián que decidió escalar unas cuantas rocas podéis disfrutar de estas imágenes de la cascada en todo su esplendor.

por Vir

lunes, 24 de septiembre de 2012

Crónica abulense, Burgohondo


En plena Sierra de Gredos, en la comarca del Alberche y perteneciente a la provincia de Ávila se encuentra Burgohondo, un bello pueblo de montaña con muchos secretos por descubrir. Sus orígenes se remontan al siglo XI, cuando se conocía como “Burgo del Fondo”. Recibe este nombre precisamente por estar situado en lo más profundo del barranco cerca del río. Y aquí es donde hago la primera recomendación al viajero que quiera visitar Burgohondo: importante llevar un calzado cómodo ya que el paseo por sus calles y su entorno se producirá a través de cuestas y ya sabemos que todo lo que baja, tiene que subir… 

Pues bien, conocí Burgohondo por ser el pueblo de Julián, mi marido. La primera vez que lo visité supe que iba a ser muy diferente a las llanuras manchegas a las que estaba acostumbrada. De eso me di cuenta en el coche, tras el mareo que me produjo un viaje por un paisaje lleno de curvas pero de una belleza increíble. La primera impresión que recibí de Burgohondo fue la de típico pueblo de montaña: calles de piedra, casas de piedra y sobre todo el olor. El aire frío de la sierra te trae aromas a leña, a pino, a melocotón, a naturaleza. 

La Abadía de Burgohondo

Comenzamos nuestro paseo y la primera parada a la que te llevan sus calles es la Abadía. Sus orígenes se remontan al siglo XII. Manteniendo su estilo original sus alrededores han sido adornados con bellos jardines y árboles que invitan a sentarse para llenarse los pulmones del aire puro y de la paz del lugar. 

Las Escuelas reconvertidas en Hotel Rural
Pasando la Abadía nos encontramos con “El Zaire”, aunque cualquier vecino de Burgohondo lo conoce como “Las Escuelas”, precisamente por haber acogido la escuela del lugar durante muchos años. “Las Escuelas” son una preciosa construcción de piedra ahora convertida en hotel rural (El Linar del Zaire) pero manteniendo toda su estética original. 


Roma vigilando la Plaza de Burgohondo
Dejamos Las Escuelas y la Abadía y bajamos a la Plaza, donde se encuentra el Ayuntamiento. La Plaza de Burgohondo es el centro de todos los acontecimientos del pueblo. Aquí se celebran obras de teatro, competiciones deportivas incluso las campanadas de Nochevieja. Sí, los vecinos de Burgohondo, desafiando las gélidas temperaturas a varios grados bajo cero, bajan a la plaza a tomarse las uvas. Lo más curioso es que en esta plaza se celebran también las corridas de toros durante las Fiestas. Digo curioso porque la plaza es cuadrada. Pues sí, el lugar se cerca formando un ruedo perfecto. Lo que más destaca de la plaza es la escalinata de piedra para acceder a ella, que sirve además de gradas para cualquiera de los espectáculos, o simplemente para descansar en nuestro paseo. 


Puente Nueva
Seguimos bajando y llegamos a la carretera donde hay un pequeño puente sobre pequeñas gargantas de agua, lo que nos indica que estamos cerca del río que es a donde nos dirigimos. Desde este punto hay aproximadamente 3 kilómetros cuesta abajo. El río es sin duda uno de mis sitios favoritos de Burgohondo. El paseo nos lleva a un sitio conocido como Puente Nueva, llamado así por el precioso puente de piedra bajo el que transcurre el Alberche. Esta zona está perfectamente acondicionada para pasar una jornada en contacto con la naturaleza: el terreno está cubierto de césped, hay mesas y bancos de piedra a modo de merendero y restaurantes lo que hace que sea una de las zonas más concurridas en verano. 


Zona de baño de Puente Nueva
Pero es imposible resistirse al encanto de las aguas del río. Aguas limpias, tranquilas en las que apetece sumergirse sobre todo si el camino se ha hecho andando. Si se supera el primer contacto de los pies con el agua fría, muy fría (tened en cuenta que baja directamente de la sierra), disfrutaréis de un baño increíble con pequeños pececillos a vuestro alrededor. Tengo que decir que sólo conozco dos seres que se hayan podido meter y nadar en sus aguas: mi marido, por ser autóctono del lugar y conocer el río desde niño y mi perro Shuri, un husky siberiano para el que las frías temperaturas no son un inconveniente. De hecho, a los forasteros se nos reconoce a primera vista porque sólo metemos los pies en el río. 

Pero si lo que queremos es disfrutar del río y de su tranquilidad de forma más privada, lo mejor es dejarse guiar por gente del lugar. Merece la pena atravesar senderos y caminar por vías menos explotadas para llegar a zonas casi salvajes como El Pantanillo donde el único sonido que se percibe es el canto de los pájaros y el fluir de las aguas en pequeñas cascaditas. 

Patatas Secas
Y después del paseo y del baño en el río se nos ha despertado el apetito. Lo que toca ahora es degustar la gastronomía del lugar. Uno de los platos típicos que se ha convertido también en uno de mis favoritos, son las Patatas Secas, conocidas en otros sitios como Patatas Revolconas. Son patatas preparadas como puré, aderezadas con un sofrito de ajo y pimentón y servidas con torreznos crujientes por encima. Una auténtica delicia. Mi recomendación: como estaremos cansados después de la jornada de senderismo es disfrutar de las patatas secas de aperitivo y como plato principal un chuletón de la zona. Y de postre melocotones, una de las joyas de Burgohondo. Pequeños de tamaño pero dulces como nunca los he probado. 

Esto ha sido un pequeño paseo por Burgohondo pueblo, pero la zona nos ofrece muchas rutas para los amantes de senderismo donde disfrutar del contacto de la naturaleza y de un aire purificador. Eso sí, es mejor traer ropa de más ya que durante la noche las temperaturas caen mucho con respecto al día. Un consejo, no preguntéis a alguien de Burgohondo, ellos te dirán que hace fresco incluso con tres grados bajo cero. Su resistencia al frío es infinita, seguro que es por el calor que transmiten y su enorme hospitalidad, de hecho, dicho a modo de anécdota, es uno de los pueblos candidatos a adoptar personas propuesto por una famosa marca de bebidas. Gracias Julián por mostrarme “tu” Burgohondo, espero que pronto sea también el vuestro.

Vir
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