lunes, 10 de junio de 2019

Teatro Griego de Taormina




   Situado en un lugar de incomparable belleza, el Teatro Griego de Taormina se funde con la montaña en la que se asienta.

   Taormina se encuentra en la costa Este de Sicilia sobre el Monte Tauro en frente del Volcán Etna.



                       
   Se construyó  bajo el dominio de los griegos en el siglo III a.C.

   Es uno de los teatros griegos mejor conservados que existen, aunque durante el dominio romano cambió su aspecto, ya que se transformó en anfiteatro para representar en él las luchas de gladiadores.

   Es el segundo mayor teatro griego de Sicilia después del de Siracusa. 



        
   A pesar de las reconstrucciones a lo largo de los siglos, los cimientos de la época helenística aún se mantienen y  pueden verse  restos de columnas de estilo corintio. 



  
   El teatro está compuesto de tres partes: la escena, la orquesta y la cávea.

   La escena mantiene su forma originaria y cuenta con dos salas laterales.

   La orquesta dividía  la escena de la cávea.



          
   La cávea está excavada en la roca, está construida a partir de los escalones.  La parte superior de la misma estaba decorada con estatuas. Está dividida en nueve sectores y podría haber dado cabida a 10.000 espectadores.

   Tiene diez entradas, dos en los extremos y ocho en cada sector. 



                 
   En la parte más alta del teatro hay un doble túnel y se puede llegar a varios miradores con impresionantes vistas. Por su posición privilegiada, desde él se contempla el Etna,  parte de la costa del mar Jónico y la Bahía de Naxos.

   En la actualidad se utiliza como incomparable marco de eventos y conciertos de música, danza y ópera. 



                                                                  
   Tiene una acústica perfecta. Poder asistir a un espectáculo en este escenario es todo un lujo. Al atardecer, cuando cambia la luz del cielo,  el teatro también parece transformarse.


 

   El Teatro Antiguo es el símbolo de la ciudad de Taormina y sigue manteniendo todo su esplendor.   







                                                                                                                                                      Inma  

sábado, 1 de junio de 2019

San Jerónimo de Yuste, el último refugio de Carlos V


Monumento dedicado al Emperador en Cuacos de Yuste

De Cuacos de Yuste arranca la carretera que nos conduce hasta el Monasterio Jerónimo de Yuste, donde el emperador Carlos V, quiso retirarse de los ajetreos de la corte y pasó los últimos días de su existencia. Cuenta la historia que hasta aquí llegó el emperador, cansado y enfermo, atravesando la sierra desde el Castillo de Jarandilla propiedad de Fernando Álvarez de Toledo, Conde de Oropesa y donde se alojó algo más de dos meses, en espera de que concluyera la construcción de su último refugio en este monasterio.

Monasterio Jerónimo de Yuste

Fundado en los primeros años del siglo XV, llegó a ser una de las más importantes casas de la orden Jerónima. Sin embargo el siglo XIX fue nefasto para el monasterio, primero por la invasión de las tropas francesas y luego por las leyes de desamortización que lo dejaron bastante deteriorado y abandonado. Finalmente en el año 1941 lo adquirió el Estado y se encontró la forma de arreglarlo, acondicionándolo nuevamente para pasar de nuevo a manos de los monjes jerónimos.



El conjunto monástico está constituido por tres zonas importantes: la iglesia, las dependencias conventuales y el palacio del emperador. La visita comienza por las dependencias conventuales que se acomodan alrededor de dos claustros: uno gótico y otro renacentista. El primero es de planta rectangular, con una una sencilla fuente en el centro y dos alturas, tiene hermosos arcos sostenidos por pilares. La decoración esta realizada a base de delicadas molduras góticas y tracerías. La celda del prior, los locutorios y la biblioteca se encuentran en torno a él.

Claustro gótico


El claustro renacentista, conocido como claustro nuevo, es algo mayor que el anterior y también de planta rectangular con una gran fuente en el centro. Si te fijas bien, las galerías son a base de arquerías de medio punto, ricamente decoradas con capiteles y escudos. En torno a este segundo claustro están el refectorio, la sala capitular, el acceso a la iglesia y a la cripta donde quería ser enterrado Carlos V. Sin embargo, su hijo Felipe II trasladó sus restos al Panteón del Monasterio del Escorial.

Claustro renacentista



La iglesia, construida en el siglo XV, es bastante amplia, de una sola nave dividida en cuatro tramos. A la altura de las bóvedas recorre los muros un elegante friso de molduras góticas. El retablo mayor está dividido por columnas de orden corintio, en el centro se encuentra una copia del cuadro, La Gloria de Ticiano y rematando el retablo el escudo imperial junto a cuatro estatuas que representan las cuatro virtudes: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza.


Refectorio

Cripta donde quiso ser enterrado Carlos V

Por lo que respecta a la última zona del monasterio, se encuentra el palacio donde se encuentran los aposentos reales. Verás que el aposento de Carlos V es un austero espacio que se levantó en el flanco sur de la iglesia para que el emperador pudiera asistir a los santos oficios incluso desde la cama, cuando la enfermedad le impidió levantarse; un gran ventanal hizo posible ese deseo del emperador.

Jardines del palacio

Palacio de CarlosV


Aquí murió, Carlos V, emperador y rey de España un 21 de septiembre de 1558, cumpliendo la promesa de terminar su vida en un monasterio.

                     
                                                                                                                                                           Rafa
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