Si hay algo imprescindible que
hacer en Dubrovnik es recorrer sus murallas, casi 2 kilómetros rodean el casco
antiguo de la ciudad, está considerado uno de los mejores recintos amurallados
de Europa.
Se construyeron entre los siglos
XIII y XVII con fines defensivos, tienen un grosor de entre 1,5 y 6 metros, en
varios puntos alcanzan los 25 metros de altura.
A mediados del siglo XIII se
comenzaron a levantar los muros, en el
siglo XV contaba ya con 16
bastiones, un gran foso, 120 cañones y 4 fortalezas.
Este imponente sistema defensivo aguantó ataques de venecianos, bizantinos y austrohúngaros, ningún ejército consiguió entrar en la ciudad, hasta la llegada de Napoleón que lo atravesó con sus tropas.
En el siglo XVI la ciudad consiguió la independencia de la Republica de Venecia y se constituyó la Republica de Ragusa, el antiguo nombre de la actual Dubrovnik.
Las murallas sufrieron daños y
fueron reconstruidas tras la Guerra de los Balcanes, durante la Guerra de la Independencia de
Croacia la ciudad fue asediada por las fuerzas del ejército popular yugoslavo
en 1991.
Para recorrerlas hay tres puertas de acceso. El recorrido dura un par de horas aproximadamente y se hace en sentido contrario a las agujas del reloj para evitar aglomeraciones.
Al norte hay un fuerte semicircular con la Torre Minceta, la más alta de las murallas.
Al sur el
Fuerte de San Juan protege la zona del Puerto Viejo, en la actualidad aquí se
encuentra el Museo Marítimo.
En el este el Fuerte
Revelín, rodeado por el mar y tres
fosos, protegía la Puerta Ploce.
Al oeste el Fuerte Bokar se
construyó para reforzar la defensa de la Puerta Pile otro de los accesos a la
ciudad.
Fuera de las murallas el Fuerte de San Lorenzo o Lovrijenac, se levanta sobre un acantilado a 37 metros de altura. La famosa serie de Juego de Tronos escogió esta fortaleza como escenario de su historia representando la Fortaleza Roja del Trono de Hierro.
Es increíble ver estos imponentes muros junto al agua, en algunas zonas parece que la muralla se sumerge en el mar Adriático.
El laberinto de calles, las torres de las iglesias, los tejados y las vistas panorámicas que se ven desde lo alto son fantásticas.
Las cúpulas de la catedral y de la iglesia de San Blas, la Torre del Reloj, los tejados rojos, la isla de Lokrum y el mar, forman un conjunto digno de admirar.
Inma































