martes, 12 de diciembre de 2017

Tozeur, Chott el Jerid y Douz

Una vez pasado el ecuador del circuito nos sentíamos cómodos en nuestro hotel de Tozeur pero, tocaba hacer las maletas de nuevo para marcharnos al sur, hacia el desierto, no sin antes acercarnos a conocer la ciudad donde hemos pasado las dos noches anteriores pues apenas hemos vislumbrado parte de su extenso palmeral desde el balcón del hotel. De hecho, Tozeur puede considerarse también un oasis en sí puesto que posee el segundo palmeral en tamaño de Túnez con más de 200.000 palmeras cuya producción de dátiles es exportada a muchos países europeos ya que son de una calidad extraordinaria.

Vistas desde el hotel El Mouradi
Y ¿cómo es posible que haya esta cantidad de palmeras a las puertas del desierto? Bien, eso es difícil de entender cuando has llegado por carretera a Tozeur y has visto el desolado paisaje de arena que lo rodea. La respuesta está oculta bajo el suelo. Bajo las palmeras unos 200 manantiales aportan el agua necesaria para que se produzca este milagro.

Museo Dar Cherait
Nos acercamos al centro de la ciudad para visitar el Museo Dar Cherait, el museo de artes y tradiciones populares de Tozeur. La visita no nos llevó demasiado tiempo y fue interesante. El museo está ubicado en una casa tradicional y expone una muestra de las costumbres más arraigadas del país como los casamientos, la cocina, la educación coránica, o los baños. Las salas se distribuyen en torno a un patio central, al igual que la mayoría de casas de esta zona, y van mostrando las diferentes tradiciones con maniquíes y la decoración de cada estancia.

Medina de Tozeur
A la salida del museo no debéis perderos la medina que por las mañanas está muy animada con puestos y comercios que ofrecen todo tipo de artículos al turista y venden productos de mercado a los lugareños que acuden a realizar sus quehaceres al centro. Después de unas compras nos despedimos de Tozeur para poner rumbo a Douz, conocida como la puerta del desierto. Para llegar hasta allí debemos atravesar el lago Chott el Jerid, una gran depresión de agua salada en pleno desierto.

Lago Chott el Jeriz
Es un paisaje desolador pero atractivo. Gran parte de la carretera discurre a las orillas de este lago que ocupa una extensión de 5.000 kms. cuadrados en el centro del país. Al tratarse de un día soleado pudimos apreciar el cambio de tonalidades sobre la lámina de agua que producían los rayos del sol, del plateado al rosa pálido. El guía nos cuenta que hace años aquí se extraviaban los viajeros con facilidad pues debido al sol y al calor se producen espejismos sobre su superficie.
Es la mayor superficie salina del Sáhara con unos 20 kms. de ancho y unos 250 de largo y contiene grandes depósitos de yeso y anhidrita. En verano el lago se seca debido a las altísimas temperaturas de hasta 50º grados que soporta esta depresión.

Restos del rodaje de Star Wars
Observamos en la orilla varios montones de sal apilada lista para ser procesada y comercializada. El paisaje parece magnético. En este lugar además se rodaron escenas del episodio IV de Star Wars: Una nueva esperanza. 

Puesto de rosas del desierto en Chott el Jerid
El autobús se detiene en unos puestos de la carretera donde venden rosas del desierto, un típico souvenir de la zona. En realidad, son rocas formadas por capas de yeso, agua y arena que cristalizan y toman la forma de una flor. Nos trajimos unas cuantas después de mucho regatear. 

Llegar a Douz nos lleva algo más de dos horas y estamos algo cansados al llegar al hotel. Esa noche nos alojaremos en el hotel Sáhara Douz, un precioso alojamiento con una decoración muy particular: todo el mobiliario y puertas del hotel está realizado con hojas de palmera. Además este establecimiento dispone de un manantial de aguas sulfurosas. Descansamos un rato y exploramos el hotel.

Piscina de aguas termales del hotel Sáhara Douz
Pero el día no acaba aquí, por la tarde tenemos la excursión por el desierto a lomos de un camello y la opcional en quad para ver el atardecer. 

Camellos descansando tras el paseo
La experiencia con los camellos resultó de lo más divertida a pesar de nuestras reticencias iniciales a subirnos pues son unos bichos enormes, mucho más altos que un caballo. Pero, en general, se portaron muy bien. Nos pusieron unas túnicas de rayas y unos turbantes e hicimos un recorrido por el desierto en grupo. Los animales se sabían el camino de memoria.
Al terminar el paseo tuvimos la oportunidad de alquilar unos quads y algunos de nosotros que ya habíamos conducido uno nos animamos. Pasamos una hora con los vehículos saltando por la arena y tuvimos la suerte de contemplar uno de los atardeceres más bonitos que se pueden ver: la puesta de sol en el Sáhara.

Puesta de sol en el Sáhara
Y por la noche... ¡fiesta! Era un no parar. A las 20:00 todos en el vestíbulo del hotel para disfrazarnos de bereberes e ir a una jaima a tomar una cena típica tunecina a base de cuscus y vino malo. Fue realmente divertido.

Fiesta nocturna
La verdad que no terminamos tarde porque al día siguiente debíamos madrugar para volver a Hammamet donde algunos pasaríamos el resto de la semana y otros regresaban a España. Fue un gran colofón a este circuito tan distendido de sólo 8 personas.
Susana


martes, 5 de diciembre de 2017

La Iglesia Mozárabe de Santa María de Lebeña

Cuenta la leyenda que cuando los condes de Liébana mandaron edificar esta pequeña joya arquitectónica en el siglo X con la intención de trasladar a este lugar las reliquias de Santo Toribio, el santo tuvo que preferir el reposo de su monasterio pues al abrir la sepultura, los condes y sus acompañantes quedaron ciegos. Arrepentidos, Don Alfonso y su esposa Doña Justa, ofrecieron todos sus bienes, incluida esta pequeña iglesia, a los monjes del Monasterio de Santo Toribio, a fin de recobrar la vista.

Santa María de Lebeña
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