martes, 15 de enero de 2019

Parador de Sigüenza, un castillo con esencia

La silueta del imponente castillo de Sigüenza siempre ha dominado las alturas de esta villa alcarreña pero su aspecto de fortaleza inexpugnable no ha permanecido inalterado con el paso del tiempo. Una concienzuda restauración llevada a cabo en los años 70 devolvió gran parte del esplendor a este edificio que, en la actualidad, alberga un excelente Parador de Turismo.

Patio de armas
El edificio se levantó en el siglo XII, en principio como alcazaba árabe. Los musulmanes que habitaban la Península fueron quienes le dieron su forma rectangular con un enorme patio central que hoy en día aún conserva.


Más tarde, tras la Reconquista, el edificio fue reconvertido en sede episcopal y se le dotó de las dependencias necesarias para su funcionamiento como palacio - bodegas, almacenes, caballerizas, mazmorras -. El por entonces obispo Girón de Cisneros mandó tallar su escudo en la puerta actual de entrada al Parador, presidida por 2 torreones semicirculares. Él mismo fue quien también ordenó levantar las defensas del castillo como la barbacana y restaurar los aposentos del palacio episcopal en el siglo XIV.

Acceso al Parador
Además del Cardenal Cisneros, el castillo de Sigüenza ha contado con otros ilustres moradores como Doña Blanca de Borbón, princesa de Castilla, que lo habitó durante cuatro años debido a sus tristes circunstancias. La joven fue mandada casar con Pedro I de Castilla por el rey de Francia para sellar una alianza entre ambos reinos. El rey francés no pudo hacer frente a la dote matrimonial de la princesa y, por este motivo, fue repudiada por su marido a los dos días de haberse oficiado la boda. Aquí se refugió la princesa durante la guerra civil que asoló Castilla durante el siglo XIV.

Salón Doña Blanca

Posteriormente, el castillo fue habitado por nobles y reyes de Castilla, fue escenario de las luchas entre Austrias y Borbones por la Corona de España y cuartel general de las tropas napoleónicas durante la ocupación francesa cuando quedó seriamente dañado, saqueado y despojado de todas sus riquezas. Más tarde, acogió a Fernando VII y su séquito durante las guerras carlistas, para ser abandonado por los obispos debido a los enormes destrozos que sufrió en el asedio. Por último, acabó siendo cuartel de la Guardia Civil hasta la Guerra Civil en que quedó completamente maltrecho y declarado en ruina. Afortunadamente, Paradores emprendió una concienzuda restauración para que hoy podamos disfrutar de sus confortables habitaciones, su restaurante o simplemente tomando una copa en uno de sus bonitos salones.


Comedor
El castillo Parador cuenta con una cuidada decoración al más puro estilo medieval, acorde con el escenario en el que nos encontramos - mobiliario castellano, chimeneas de piedra labrada, camas con dosel -. Destaca el comedor con sus arcos abovedados que le dan un aire señorial  donde se pueden degustar algunos de los mejores platos castellanos de estos contornos.


Salón del trono
También cabe destacar el conocido como salón del trono, una sala para uso exclusivo de clientes alojados donde sentarse a leer o charlar tras una agradable velada en el restaurante. Aquí se encuentra un espectacular tapiz flamenco del siglo XVII que representa a Dido y Eneas, el famoso héroe de La Eneida.

Tapiz de inspiración mitológica
Sin lugar a dudas, una de las estancias más destacadas del castillo es su capilla. Para acceder a ella hay que realizar la visita guiada del Parador, de otro modo solo podréis contemplarla desde una estrecha ventana del segundo piso. Se trata de una pequeña capilla de estilo románico del siglo XIII.

Capilla del castillo
Finalmente, no os perdáis el inmenso patio empedrado y almenado que ha tratado de devolver al edificio el aspecto de fortaleza militar que tuvo en su origen. Todo un lujo poder alojarse en semejante castillo.

Susana

martes, 8 de enero de 2019

La Torre de Londres, fortaleza, palacio y prisión



A principios de la Edad Media esta antigua fortificación normanda fue residencia real, casa de la moneda, arsenal y también una horrible prisión, lo cual justifica que su nombre sea sinónimo de terror. Dicen que todos los que ofendían al monarca eran encerrados entre sus paredes. Los más afortunados vivían en una relativa comodidad, pero la gran mayoría fueron cruelmente torturados antes de ser ejecutados.

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