jueves, 25 de mayo de 2017

El Callejón de Oro del Castillo de Praga


Si tuviese que escoger un rincón del Castillo de Praga para perderme, éste sería sin dudarlo ni un momento, el Callejón de Oro. Debe su nombre a los orfebres y alquimistas de la corte de Rodolfo II que buscaban la fórmula para fabricar oro y que habitaron en él durante el siglo XVII.



Su origen se remonta al siglo XVI cuando se mandó construir unas casas de pequeño tamaño para que viviesen los guardias que protegían el Castillo y sus familias. Siglos más tarde, las casas fueron ocupadas por la población más pobre y marginada de Praga.



A principios del siglo XX se rehabilitaron e instalaron en ellas algunos artistas y escritores en busca de inspiración, como Franz Kafka, el famoso escritor checo que habitó en la casa número 22 con su hermana.


Es uno de los lugares más interesantes del castillo, con sus casitas pintadas con llamativos colores adosadas a la muralla que se han convertido en uno de los rincones más buscados y concurridos por los turistas que visitan Praga.


En un espacio corto y estrecho se construyeron veinticuatro pequeñas casas de las cuales quedan solamente dieciséis ocupadas hoy por pequeñas tiendas de souvenirs y reconstrucciones que nos muestran el interior de aquellas viviendas.




Además de las casas se puede visitar una exposición de armas, armaduras, escudos e instrumentos de tortura medieval que se encuentran en la galería situada sobre las casas.



Si visitáis Praga no dudéis en ver el Callejón de Oro, uno de los sitios imprescindibles y más pintorescos de la ciudad.


                                                                                                                                                            Loli

lunes, 22 de mayo de 2017

La Alcazaba de Antequera



   Por su situación, Antequera fue utilizada por los árabes como frontera en la defensa de Granada. Tenía fama de inexpugnable, por lo que se convirtió en una importante plaza en la Reconquista.

   "Salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera" fue la frase dicha por el Infante D. Fernando en 1410 cuando conquistó la ciudad. Forma parte de los dichos populares que aún se utilizan, como lema de audaces y refiriéndose a situaciones inciertas.

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