lunes, 3 de octubre de 2016

Malá Strana, la Ciudad Pequeña

El río Moldava divide en dos la ciudad de las cien torres, a un lado, la Ciudad Vieja y al otro, el barrio de Malá Strana, la Praga barroca por excelencia y el colosal castillo, considerado una de las mayores fortalezas del mundo. La Malá Strana invita a deambular sin rumbo fijo entre empinadas calles, antiguos edificios y grandes palacios.

Entrada a Malá Strana desde el Puente de Carlos 

Desde el Puente de Carlos IV, continuando de nuevo el itinerario del antiguo Camino Real que nos conduce al castillo, traspasaremos la bella torre construida en el siglo XV y nos adentraremos por la animada calle Mostecká en dirección al barrio de la Malá Strana.

Calle Mostecká 

Dicen que la población checa prefería vivir al otro lado del río y que en esta zona se establecieron numerosos artesanos de origen germano. Como sucedió en otras zonas de Praga, Malá Strana sufrió incendios devastadores que la destruyeron completamente: el primero, durante las guerras husitas, en el siglo XV, y el segundo en el gran incendio de Praga, en el siglo XVI. La Segunda Guerra Mundial, afortunadamente pasó por alto esta parte de la ciudad. Así que lo que podemos apreciar hoy es fruto de la reconstrucción de los siglos XVII y XVIII.


Plaza de Malostranké náměstí


La iglesia de San Nicolás quizás sea lo más destacado de Malá Strana. Obra cumbre del barroco en Praga, alberga un órgano del mismo estilo que fue utilizado por Mozart durante su estancia en la ciudad. Además los frescos de la bóveda de este templo narran la vida de San Nicolás y cubren cerca de mil quinientos metros cuadrados, están considerados entre los mayores de toda Europa.

Interior de la Iglesia de San Nicolás


Desde la Plaza de la Malá Strana, la subida al castillo por la empinada calle Nerudova o por las empinadas escaleras paralelas a esta calle quizás sea un poco dura porque hay un desnivel bastante considerable. Aunque cuando se llega a la parte alta junto a la entrada del castillo se obtienen unas vistas impresionantes de toda la ciudad y el esfuerzo habrá valido la pena.

Subida al castillo por la calle Nerudova

Para aquellos a los que no les guste demasiado andar y quieran ahorrarse la subida a pie, la mejor opción es subir en el tranvía 22 desde la Plaza de la Malá Strana hasta la parada de Pražký Hrad que nos dejará en la parte alta, justo en el acceso al castillo.

 El tranvía número 22 dirección al castillo 

El castillo fue fundado en el siglo IX pero con el paso del tiempo distintas ampliaciones y restauraciones le han dado su aspecto actual con los distintos estilos arquitectónicos y artísticos que podemos contemplar. No esperéis ver el típico castillo medieval, más bien parece una mini-ciudad cuyo interior alberga una sucesión de patios, iglesias, conventos y torres de cada periodo de su historia.

 Entrada principal del Castillo

 Interior del Castillo

El castillo es la residencia del presidente de la República Checa y el edificio que más sobresale de todo el conjunto es la catedral de San Vito, mandada levantar en el siglo XIV por Carlos IV, el mismo que mandó la construcción del puente. En su interior se encuentran las tumbas de San Juan de Nepomuceno y San Wenceslao, el santo más popular de Praga.

Catedral de San Vito


Además de la catedral no hay que perderse en el interior del castillo la visita al antiguo Palacio Real, a la Basílica de San Jorge y al callejón de oro, un estrecho callejón con pequeñas casas destinadas a viviendas para orfebres, alquimistas y defensores del castillo.

Interior del Palacio Real

 Basílica de San Jorge 

Callejón de oro

Es muy probable que en verano o en fechas muy señaladas, en la visita al castillo encontréis grandes aglomeraciones de turistas. Así que lo más recomendable es acudir con tiempo suficiente y una buena dosis de paciencia. Pero os aseguro que no quedaréis defraudados.

                                                                                                                                                            
                                                                                                                                                            Loli

3 comentarios :

  1. Malá Strana es una de las zonas más bonitas de Praga. Si se quiere visitar todo el Barrio del Castillo te llevará un día completo, incluso más, ya que hay mucho para ver.
    La curiosa Basílica de San Jorge es un edificio románico, aunque no nos lo parezca.
    La catedral de San Vito es espectacular y merece la pena recorrerla con detalle.
    En el Callejón de Oro estuvimos mucho tiempo ya que es un lugar que te atrapa. Sus pequeñas casas tienen un encanto especial, en una de ellas vivió Kafka y aquí escribió alguno de sus libros.
    A la salida del Castillo hay varios palacios propiedad de la Galería Nacional con excelentes exposiciones de pintura, escultura y antigüedades. Si subimos por la calle Loretànská se llega a la iglesia de Nuestra Señora de Loreto con su famoso campanario. Alrededor hay varios palacios reconvertidos en preciosos edificios gubernamentales.
    Y para completar el día, o los días, lo mejor es tomarse un helado en Amorino en la Plaza Malostranké, donde será difícil escoger y seguramente saldremos de aquí con un delicioso y gigantesco helado con forma de flor.

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  2. Es evidente que la ciudad de Praga es un destino de primer orden en el turismo europeo. No sólo alberga bellos monumentos como el Puente de Carlos o el Castillo, sino que atesora rincones de lo más peculiar como el Callejón de Oro donde poder pasear más relajadamente en busca de algún detalle que traer de recuerdo. Imprescindible visitar la ciudad una vez en la vida.

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  3. Un gran lugar y menos concurrido que el casco antiguo de la ciudad, excepto el castillo donde se aglomeran cientos de turistas. El castillo en sí es impresionante y os llevara su tiempo visitarlo, hay mucho que ver y hacer. Las estrechas calles de Malá Strana invitan a pasear y descubrir lugares muy pintorescos, encontraréis muchos edificios interesantes, iglesias y palacios. Además hay una gran cantidad de buenos restaurantes donde reponer fuerzas.

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