jueves, 13 de diciembre de 2012

El Monasterio de Piedra y los monjes cistercienses


En medio de un sorprendente paisaje, nos encontramos con un espectacular entorno donde el agua y el arte se unen para formar esta maravilla de la naturaleza.


Durante el siglo XII, un grupo de monjes cistercienses fueron enviados por el abad del Monasterio del Poblet (Tarragona) a tierras aragonesas con el fin de ampliar los dominios de la Orden del Císter y consolidar la fe cristiana. La belleza del paisaje atrajo a los monjes que buscaban un entorno tranquilo. El lugar era perfecto para la meditación y estaba en perfecta armonía con la naturaleza. Alfonso II de Aragón apoyó y donó las tierras donde se encontraba un antiguo castillo árabe para la fundación del Monasterio. La comunidad cisterciense lo ocupó durante siglos en relativa tranquilidad, hasta la llegada del famoso Mendizábal con su desamortización. Los monjes tuvieron que dejar su hogar y nunca más volvieron a ocuparlo.
Comencemos este viaje por este fantástico Monasterio Cisterciense que esconde tras sus muros los rezos y cánticos de los monjes que lo habitaron. Aunque siempre resulta útil hacer la visita guiada, la podéis hacer por libre.
Pasear por el Claustro y observar la belleza de todos sus rincones es algo único, uno casi puede imaginar a todos los monjes haciendo su vida diaria alrededor de este magnífico claustro y en sus dependencias.
La Sala Capitular, era una de las partes más importantes del monasterio. Aquí se realizaban las reuniones después de la misa y también era la sala de confesiones donde se imponían castigos morales.



Siguiendo nuestro recorrido, encontramos el refectorio, muy bien conservado, era el comedor situado al lado de la cocina y de la bodega donde los monjes conservaban frescos sus alimentos, con paja y nieve natural. En la cocina monacal, nos encontramos en el primer lugar de Europa donde se cocinó el chocolate por primera vez. En una de las expediciones de Hernán Cortés al Nuevo Mundo, le acompañó un monje cisterciense que trajo a este monasterio por primera vez el cacao. Su sabor amargo no pareció ser del agrado de los monjes hasta que se les ocurrió la idea de añadirle azúcar. Convirtiendo a este monasterio y a los monjes que lo habitaron en pioneros en la elaboración del chocolate azucarado. Hay documento históricos que así lo certifican.
En los antiguos almacenes, se encuentra el museo del vino de la denominación de origen de Calatayud. En sus tres salas se repasa la historia del vino a través del proceso de elaboración tradicional, los aperos de labranza y las variedades de uva.
Y llegamos a lo que en mi opinión es la construcción más interesante del todo el conjunto monástico y lamentablemente la más deteriorada. En su momento tuvo que ser una gran iglesia de tres naves y cinco ábsides. Todavía se conserva la portada románica primitiva, pero la cubierta de la nave ya no existe, quizás se derrumbó al quedarse el monasterio abandonado.
A lo largo de los siglos se hicieron numerosas ampliaciones y reformas en el monasterio. Afortunadamente, una parte de las deshabitadas instalaciones del monasterio se ha convertido en hotel, las antiguas celdas donde dormían los monjes vuelven a cobrar vida ahora son las habitaciones de este hotel del que no os puedo contar nada porque aunque he recorrido parte de sus estancias no he estado alojado nunca. Solo decir que está en un entorno paradisiaco.
Una vez visitado el Monasterio, no se puede dejar de visitar el hermoso paisaje que lo envuelve. Nos encontramos ante uno de los parques naturales más conocidos y visitados de España. El río Piedra nace cerca de estos lugares y es el responsable de que surgiera este parque, en parte natural y artificial.



Cualquier época del año es perfecta para disfrutar de este reducto de la naturaleza que como cualquier lugar turístico, encontraréis mucha gente durante los fines de semanas y puentes. Nada más entrar nos sorprende como el agua brota de cualquier lugar en forma de cascadas que se entremezclan con la vegetación, dando a este paraje un encanto especial. Un recorrido debidamente señalizado nos conducen por todo el parque al que le podéis dedicar todo el tiempo que deseéis, para detenerse en cualquier rincón y admirar la belleza de la naturaleza en todo su esplendor.
Todas las cascadas son impresionantes, hay para todos los gustos. Pero a mí personalmente la que más me gusta es la "Cola de Caballo", bajo la cual está la Gruta Iris. Sorprende ver como el agua a socavado la piedra caliza con el paso de los años. Otro lugar muy apacible es el "Lago del Espejo", repleto de colores que debido a la transparencia del agua quedan reflejados en ellas todo lo que le rodea.


El Parque Natural del Monasterio de Piedra, atrae y sorprende a quien lo visita, como atrajo al grupo de monjes que encontraron en él, el lugar perfecto para levantar un Monasterio. Sin duda, hará las delicias de todo aquel que por aquí se acerque, donde disfrutaremos del agua y de la historia.

                                                                                                                                                           Rafa

5 comentarios :

  1. Es un lugar paradisíaco y espectacular. Me encanta la historia del chocolate. ¿Quedamos por allí y degustamos ese manjar?. Nos quedamos en el monasterio, visitamos esas cascadas maravillosas y cenamos uno de la multitud de manjares aragoneses, buen vino, ternasco, buena verdura. Como bien dices Rafa, es un lugar de ensueño que merece una escapada. Cuando lo conocí me quede embelesado. Muy buen artículo con unas fotos asombrosas. Enhorabuena.

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  2. Es una excursión preciosa la que nos propones, Rafa. La belleza de este lugar destaca sobre todo en otoño cuando un manto de hojas de tonos marrones cubre todo el parque y las cascadas rebosan de agua. Las ruinas del monasterio le dan un toque romántico al lugar. Recuerdo haber oído algo sobre la historia del chocolate cuando lo visitamos. Las fotos que acompañan al artículo son estupendas. Gracias por acercarnos la naturaleza al blog.

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  3. MUY BUEN SITIO. He ido tres veces en dos años y estoy deseando volver. Parece mentira todo ese paisaje.

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  4. Unas fotos impresionantes, Rafa, me encantan, y la que has escogido para cerrar tu artículo es buenísima ¡!
    No me extraña que los primeros monjes que habitaron este paraje se instalaran aquí, es de una gran belleza.
    Cuando lo visité era primavera y las cascadas llevaban tanta agua que salpicaban cuando se estaba cerca de ellas. Pasear por allí es una experiencia muy agradable.
    Por cierto, no sabía lo del chocolate, con lo que me gusta… otro valor para añadir a este precioso lugar. Muy buen artículo.

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  5. Una autentica maravilla de la naturaleza, la increíble belleza de las cascadas, así como su monasterio merece la pena una visita. Aunque es en primavera cuando hay más caudal de agua, en Otoño es una delicia pasear por sus increíbles paisajes .

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