martes, 8 de mayo de 2018

Carcassonne, la cité y la Bastida de San Luis

Una de mis asignaturas pendientes en cuanto a viajes se refiere es Francia. Así que esta vez nos proponíamos conocer alguna ciudad del sur del país galo, la más cercana a nosotros. En poco más de una hora habíamos salido de Barajas, cruzado los Pirineos, aterrizado en Toulouse y todo, antes de las 8am. Nuestros planes se basaban en nada más aterrizar en el aeropuerto de Toulouse dejar las maletas en la consigna del hotel y tomar el primer tren que saliera de la estación de Matabiau a Carcassonne para pasar allí el día pero… una vez en las taquillas de la estación nos dijeron que ya no quedaban trenes libres para ese mismo día por la mañana y nuestra única opción era tomar un tren lento por la tarde que costaba 18 euros/pax y tardaría unas 3 horas en lugar del trayecto habitual de menos de una hora. Con esto se truncaron todos nuestros planes y tuvimos que reorganizar el fin de semana de arriba abajo. No compramos los billetes en ese momento, nos parecía de locos, y para el domingo tampoco quedaba mucha disponibilidad. Después descubrimos que ese fin de semana había habido huelga de trenes en Francia… C’est la vie!

Gare Matabiau, la estación de trenes de Toulouse

¿Qué podíamos hacer? No queríamos marcharnos sin conocer Carcassonne. En buena parte el viaje a Toulouse era la excusa perfecta para visitar esta joya, patrimonio de la humanidad. ¿Cómo era posible que no pudiéramos verla? Tras mucho cavilar tomamos la decisión de dejar la visita a Carcassonne para el último día de viaje: el lunes, aprovechando que nuestro vuelo de vuelta salía a las 20:50. Eso nos dejaba tiempo suficiente para pasar el último día en Carcassonne - al menos, eso pensamos nosotros. Finalmente, el domingo compramos los billetes en las máquinas expendedoras de la estación de Toulouse por los que pagamos 35 euros cada uno con la idea de madrugar el lunes y estar en la estación a las 09:48h, que es cuando salía el tren. El regreso a Toulouse lo dejamos para las 17:00h, tiempo suficiente para recoger las maletas e ir al aeropuerto. 

Puerta de Narbona
Dama Carcas
Así llegó el día en que nos proponíamos visitar la maravillosa ciudad medieval de Carcassonne. Sin embargo, el viaje volvía a complicarse. Una avería en la estación de Matabiau hizo que el tren llegara con una hora de retraso y nos dejara en Carcassonne cerca de las 12pm. Media mañana perdida. La estación de tren de la ciudad se encuentra algo alejada de la ciudadela medieval en lo que se conoce como la Bastida de San Luis, el actual centro de la ciudad. El bus que sube a la ciudadela se acababa de marchar y tuvimos que esperar media hora al siguiente (los lunes no pasa con demasiada frecuencia). Además el retraso del tren de la mañana nos dejó con la preocupación de que por la tarde pudiera suceder lo mismo, con el consiguiente riesgo de perder el vuelo a Madrid. La verdad que estábamos algo intranquilos.


A las 12:30 por fin nos encontramos delante de la Puerta de Narbona de 1280 que es el acceso principal a la ciudadela de Carcassonne. Esta puerta poseía, además de un puente levadizo, todo un entramado de trampas y dispositivos para evitar invasiones. Nos recibe la dama Carcas, bueno en realidad, una reproducción de la antigua dama que otorga su nombre a la ciudad. No quiero ni imaginarme la cantidad de visitantes que puede llegar a recibir esta ciudad un festivo o un fin de semana pero ya os digo que para ser lunes había mucha, mucha gente. Resultaba difícil encontrar una calle vacía o sacar fotos en las que no se cruzaran grupos de escolares, jubilados o cualquier persona en busca de la misma foto que querías hacer tú. Aquí mismo se encuentra la oficina de turismo.

Interior de la ciudadela
La primera impresión al cruzar la altísima puerta fue la de encontrarnos en medio de un decorado de película en donde los técnicos han invadido todos los rincones del set… Había turistas por todas partes. Las calles estrechas y empedradas te atrapan y no dejan pasar los rayos de sol, los comercios ofrecen sus productos a ambos lados de la calle empinada que en dos minutos nos lleva ante el acceso al castillo. Asombroso y a la vez imponente. La restauración de la ciudad llevada a cabo por el arquitecto Viollet-le-Duc en el siglo XIX salvó de la ruina Carcassone y le dio un aire de fortaleza medieval con sus torres almenadas, sus tejados puntiagudos y su doble cerco de murallas, muy similar a su aspecto en el s. XIII. 

Castillo y murallas de Carcassonne
No dejéis de recorrer el interior del castillo y las murallas. Entre sus muros descubriréis bellos rincones cargados de historias y leyendas. Para finalizar la visita a castillo podéis descender de las murallas por una escalera cercana a la catedral. En este punto ya no podréis volver a entrar al recinto del castillo pero gozaréis de un recorrido como si fuerais auténticos caballeros y damas medievales. 

El Pozo Grande
Cerca del castillo se encuentra el Pozo Grande que abastecía de agua a la ciudad con su bordillo del s. XIV y sus columnas y herrajes de la época renacentista. Se creía que había un tesoro oculto dentro de él. Sin embargo, se comprobó que todo era una leyenda cuando en 1910 se realizaron unas excavaciones arqueológicas en las que no se encontró vestigio alguno en su interior.

Una de las mejores estampas de Carcassonne se obtiene desde la Puerta de Aude
Otra de las puertas de acceso a Carcassonne es la puerta del Aude, que se sitúa en la parte más baja del promontorio donde se levanta la ciudadela y evitaba que los enemigos pudieran asentarse en el río para asediar la ciudad.

Basílica de Saint-Nazaire
En las proximidades se encuentra la catedral, la basílica de Saint-Nazaire (s.XI-XIV). Para nosotros fue toda una sorpresa en nuestra visita. Constituye uno de los mejores ejemplos de convivencia entre arquitectura románica y gótica y posee unas enormes y espectaculares vidrieras que os dejarán maravillados. Si, como nosotros, tenéis la suerte de entrar justo en el momento en que un grupo de cantantes líricos rusos están ofreciendo un concierto a los visitantes, podréis observar que la acústica es excelente también.


El recorrido por el interior de la ciudadela de Carcassonne debe realizarse sin prisa, deteniéndose en cada plaza o calle empedrada para admirar los cientos de detalles que han hecho de este lugar uno de los pueblos más bonitos de Francia. Nos llevamos para el recuerdo imágenes inolvidables de la fortaleza con sus calles perfectamente ambientadas, llenas de tiendas de souvenirs, de productos típicos hechos de lavanda o violetas, de dulces…

Rincones de la cité
Carcassonne nos ofrece todo un viaje en el tiempo en el que poder disfrutar del recorrido por las murallas y cadalsos de la fortaleza medieval. En ella se han rodado multitud de películas como, por ejemplo, “Robin Hood, príncipe de los ladrones”, donde hay una escena en la que aparece la bajada hacia la Bastida de San Luis a través de la Puerta del Aude, para mi, una de las mejores vistas de la ciudadela.

No os perdáis el paseo por las lizas
Las lizas, el espacio entre las dos filas de murallas que defendían Carcassonne, quizás fue donde menos gente encontramos y pudimos tomar unas fotografías espléndidas. El regreso a la estación de tren lo realizamos a pie por recomendación de una amiga y es un recorrido agradable y sencillo de unos 20 minutos que no deja de asombrarnos una y otra vez con la silueta de la ciudadela de Carcassonne a nuestras espaldas. Tras un empinado descenso dejamos a un lado la iglesia de Saint Gimer (s. XIX) proyectada también por Eugène Viollet-le-Duc y cruzamos el río Aude por el Puente Viejo del s. XIV, ahora peatonal, que fue durante largo tiempo el único enlace entre la ciudadela medieval y la Bastida. 

Vistas de la ciudadela desde el Puente Viejo
Atravesamos las calles de la Bastida de San Luis en nuestro paseo a la estación de trenes para llegar a la Place Carnot, el lugar de encuentro de los habitantes de Carcassonne y donde se instala el mercado. Está presidida por la Fuente de Neptuno obra de los escultores italianos Barata, padre e hijo en 1771. El pilón es de mármol rojo del Languedoc y el resto está esculpido en mármol blanco italiano.



Antes de abandonar la ciudad pudimos observar el funcionamiento del Canal du Midi puesto que delante de la estación de trenes se sitúa el puerto pluvial de Carcassonne (s. XIX). Las esclusas funcionan mediante un sistema de compuertas de madera que quedan estancas para llenarlas de agua y provocan que las embarcaciones se eleven en pocos minutos accediendo al siguiente tramo del canal. Esta ingente obra de ingeniería del s. XVII, que conectaba el océano Atlántico con el mar Mediterráneo, es Patrimonio de la Humanidad desde 1996.

Susana
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5 comentarios :

  1. Vaya, Susana, pues sí que estuvo complicado vuestro viaje hasta Carcassonne. Pero desde luego mereció la pena. Siempre he escuchado que es un lugar repleto de turistas y un destino muy solicitado, pero claro parece precioso, con mucho encanto.
    El castillo y las murallas son impresionantes, la vista desde la Puerta de Aude es una pasada.

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    1. Pues sí, amiga. Ya temía no poder visitarla, pero al final, la suerte se puso de nuestro lado y cumplimos este pequeño anhelo.

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  2. Carcassonne es un lugar verdaderamente mágico y nunca deja de impresionarme. A pesar de estar muy concurrido con turistas, me encanta sus edificios, las pequeñas calles, el castillo y sobre todo, su historia.

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  3. Me parece una auténtica maravilla,una ciudad medieval también conservada y con tanta historia, el año pasado nos quedamos con las ganas de ir. Bien merece una escapada y disfrutar de este lugar.

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    1. Teneis que ir, es una preciosidad y allí comí los mejores macarons de mi vida, de pistacho.☺️☺️

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