viernes, 30 de marzo de 2012

Un verano en Cabrales

Por motivos laborales, mi padre ha tenido que trabajar fuera de Madrid en muchas ocasiones a lo largo de su vida. Por esta causa, en algunas ocasiones, y siempre dependiendo de la distancia que le alejaba de nosotras, mi madre y yo organizábamos una mudanza en toda regla y nos íbamos a pasar una temporada con él.
La última de estas ocasiones fue en el verano del 1998 y el lugar que elegimos fue el Concejo de Cabrales, en Asturias, donde mi padre construía el Funicular a Bulnes.
Lago La Ercina
Un caluroso día de Julio, nos metimos en el Opel Corsa con media casa a cuestas y el gato y nos fuimos para el apartamento que alquilamos a pasar el verano fresquitos, en plena naturaleza y respirando aire de la montaña.
En aquella época yo aún estaba estudiando en la facultad y no trabaja ni tenía ingresos así que mi chico se vino a pasar una semana con nosotros.
Nos organizamos bien y pudimos recorrer el pueblo donde teníamos el apartamento, Arenas de Cabrales en su totalidad, yendo a comprar "bollus preñaos" a la panadería, jugando a ver pasar las truchas en el río desde el puente y entrando en las tiendas de souvenirs.
Por el día conocíamos la zona organizando caminatas por los alrededores y por las noches salíamos a dar un paseo con chaqueta por el río y a cenar todos juntos a un restaurante cercano que tenia una tarta de queso con arándanos espectacular. Los fines de semana hacíamos turismo con mis padres. También frecuentábamos una terraza donde escanciaban una sidra casera y ponían unas raciones de chorizo deliciosas.

En lo gastronómico hay que afirmar que Asturias es unos de los lugares donde mejor he comido fuera de casa en cuanto a cantidad y calidad. Unas carnes excelentes, jugosas, los embutidos riquísimos y qué pan.... siempre se puede repetir o te dejan el puchero en la mesa. Se me hace la boca agua!!

Yo ya conocía un poco esta zona de Asturias por un viaje de fin de curso que realicé durante mis años de instituto e hice de "cicerone" a mi novio. Comenzamos nuestro periplo yendo a ver el Santuario de la Virgen de CovadongaCangas de Onís y los Lagos de Covadonga. Fue un día estupendo, aprovechado al máximo en el que brilló el sol.
En la subida en autobús a los lagos conocimos a unos sevillanos que habían estado en las cabañas de los pastores comprando queso Gamoneu y mi chico, ni corto ni perezoso, se arrimó a ellos con carita de pena hasta que le ofrecieron un trocito. Poco más y se come el queso entero. ¡Qué apuro pasé con él, aunque ahora me río al recordarlo!

Llanes
Otro día con mis padres, nos acercamos a la costa, al pueblo de Llanes, un lugar pintoresco con una playa muy limpia pero con el agua tan fría que no pudimos bañarnos a pesar de estar en pleno mes de Julio.

Pero sin duda, el día más completo fue el que empleamos en realizar la Ruta del Cares, ese desfiladero que ha labrado el río Cares, al que sólo puede accederse a pie y que separa la provincia de León de la de Oviedo. La suerte es que la ruta de Cares empieza o finaliza (como quiera interpretarse) en Poncebos, el pueblo donde mi padre estaba construyendo el funicular, a un paseo de nuestro apartamento. Podéis imaginar que en aquellos años no teníamos coche pero para eso estaba el autobús. Nos informamos y averiguamos que a primera hora de la mañana salía un autobús de línea con destino a Cangas de Onís donde podíamos enlazar con otro que, con destino Riaño, nos dejaría al inicio del lado opuesto de la ruta, en la parte leonesa, o eso creíamos nosotros. Tras más de 2 horas de viaje por una carretera nacional inverosímil por sus estrechez y las curvas, el conductor del 2º autobús nos anunció que los que íbamos a realizar la ruta del Cares podíamos bajarnos en el siguiente pueblo, Posada de Valdeón.



Ruta del Cares

Equipados con nuestro kit de senderismo, nos dirigimos al punto de información para constatar que estábamos a 9 Km. de Caín, el inicio de la ruta y que debíamos recorrerlos a pie ya que los autobuses no podían transitar por la estrecha y empinada carretera.
¡¡Eso nos supondría unas 3 horas de caminata sólo para llegar al comienzo de la ruta que tiene 12 Km.!! Fue un pequeño error de cálculo por nuestra parte pero con 20 años todo se ve con optimismo y afrontamos el camino. Hacía un sol abrasador y las rampas del 20% hacían mella en nuestras piernas. Nos adelantaron varios coches que no se detuvieron. El paisaje era precioso y tranquilo al mediodía, solo se escuchaba el canto de los pájaros y el agua y nos rodeaban altas montañas cuando por fin, una explanada con unas casas nos indicó que entrábamos en la aldea de Caín. En este lado se encuentran, a mi parecer, las mejores vistas de la ruta con una serie de grutas y miradores sobre el río que te dejan boquiabierto. Desde aquí ya no encontramos ningún gran desnivel, la senda es llana y transcurre pegada al canal a una altura considerable por encima del río que ha horadado un profundo desfiladero.

Agotados y con las piernas cargadas tras el descenso final hasta Poncebos alcanzamos nuestro objetivo, completar la ruta de 12 Km + los 9 Km extra e inesperados, 21 Km. en total en algo más de 6 horas y media.
Ni qué decir tiene que las agujetas de esta excursión nos duraron varios días pero la satisfacción por el esfuerzo realizado nos durará toda la vida.

Ese verano para mí será muy difícil de olvidar y recordaré Asturias como un auténtico paraíso natural.

Escrito por LaSusi

7 comentarios :

  1. Que verano y que buenos recuerdos. Los lugares que visitamos fueron espectaculares, la gente muy amable y campechana y la comida simplemente de lo mejor. Me alimenté durante una semana de fabes de todos los tipos. Atención a las cantidades, te ponen comida hasta que hagas tope y que decir de la calidad de los productos, la sidra, el queso, la carne, los postres. Asturias es una delicia natural y gastronómica.

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  2. Es una maravilla pasar unas vacaciones en Asturias , por su gastronomía que se come de lujo, sus paisajes son espectaculares , sus gentes tan amables ,estás como en casa .Las mejores fabes las he comido allí y recuerdo muy bien el día que hicimos la ruta del Care con mi hija pequeña , es difícil no acordarse de este paraiso natural . Gracias Susana por este bonito artículo.

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  3. Que pueblos tan bonitos hay por Asturias, a mi también es una zona que me gusta mucho, sobre todo Covadonga con el santuario y los Lagos, es un paisaje precioso.
    Cuando estuve en Cangas de Onís había una feria de quesos en una carpa, creo que no he visto nunca juntas tantas clases de queso. Y me gustó mucho el Parador de Cangas.
    El pueblo de Tazones es uno de mis preferidos.
    Me alegro de que lo pasarais tan bien y que tengáis tan buenos recuerdos.

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  4. Pasando unas vacaciones en Asturias hicimos la ruta del Cares , pero la hicimos en dos veces primero desde Caín hasta la mitad aproximadamente y otro día desde Poncebos hasta la otra mitad , fue un palizón pero mereció la pena el paisaje es espectacular . También me pareció que las mejores vistas de la ruta están en la zona cercana a Caín .
    No me extraña que ese verano te sea difícil de olvidar con los 21Km a cuestas , pero creo que mereció el esfuerzo .
    La verdad es que Asturias es única .

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  5. Me uno a todas las opiniones. Asturias es una de mis zonas de España favoritas: por su comida, por la amabilidad de la gente y por sus paisajes maravillosos. La primera vez fui a Asturias tendría unos 10-11 años y fui con mis padres. Conocimos la parte de Cangas de Onís, Covadonga y sus Lagos. La segunda vez ya volví con Julián y recorrimos, además de estos sitios, Llanes y Ribadesella. Y la visita más reciente fue el verano pasado en la que contamos con un compañero de viaje más, nuestro perro Shuri, que se sintió en todo momento muy a gusto con la climatología asturiana (no vimos el sol en una semana y eso que era el mes de julio), y que fue de gran apoyo en las muchas rutas de senderismo que hicimos. Asturias es siempre un lugar en el que nos hemos sentido muy bien y sin duda volveremos.

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  6. muy bueno os felicito que buen sitio para veranear

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  7. ¡Pues ahora subir en el funicular a Bulnes es toda una experiencia! No hay rincón mala en Asturias donde enseguida cualquiera se siente como en casa. Quizá ahí radique la magia de un Principado repleto de símbolos universales

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