viernes, 15 de octubre de 2021

El Parador de Guadalupe y el Real Monasterio

 


   A finales del siglo XIII, un pastor de Cáceres encontró junto al río Guadalupe una imagen de la Virgen que había sido escondida durante la Reconquista. El pastor levantó una pequeña ermita para colocar la figura. La imagen tomó el nombre de Guadalupe, río escondido.

    En 1330 el rey de Castilla y León, Alfonso XI, mandó edificar en este lugar una iglesia que pronto se convirtió en un lugar de peregrinaje, creándose un pequeño pueblo alrededor de ella. Más tarde pasó a pertenecer a la Orden de San Jerónimo. Los monjes mantuvieron durante más de cuatro siglos el monasterio, el cual llegó a alcanzar un gran desarrollo hasta la Desamortización que tuvo que ser abandonado.

 


   Ya en 1908 la Orden Franciscana recibió el encargo de restaurar estas edificaciones. Así ha llegado hasta nuestros días este bello santuario. Los muros, las torres y las cúpulas le confieren un aspecto de grandeza. Está compuesto por un templo gótico, un claustro mudéjar y otro gótico, varias capillas, un panteón, el camarín de la Virgen, la sacristía y varios museos.

   El arte de los manuscritos miniados fue creado en los monasterios. En el Museo de Miniados de Guadalupe se expone una completa colección considerada una de las mejores del mundo. Siempre me han gustado mucho este tipo de libros y los que hay en Guadalupe me parecen de una gran belleza.

 


   La mejor muestra de cuadros de Francisco de Zurbarán se halla en este priorato. Este pintor, gran maestro de la pintura religiosa, fue uno de los mejores del Siglo de Oro español. Por encargo de los frailes de la abadía pintó ocho cuadros para la sacristía y tres para la capilla.

 


   La Ermita del Humilladero, sobre una colina y a pocos kilómetros de esta villa, se construyó  para que los peregrinos pudieran realizar una oración antes de llegar. Este templete se levantó en ladrillo y tiene decoración gótica. Desde los alrededores se puede disfrutar de una estupenda panorámica de toda la zona.





 



   Frente a la fachada del monasterio se encuentra el antiguo hospital de San Juan Bautista, en este edificio histórico está instalado el Parador de Guadalupe, un lugar lleno de  historia y encanto. Cuenta con agradables jardines para pasear, y con un recoleto claustro de encaladas arquerías con una fuente central rodeada de naranjos y limoneros donde disfrutar del ambiente que nos rodea.

 


   



   

   He tenido la suerte de poder alojarme varias veces en este acogedor parador, pero la última vez que he estado me pareció un lugar aún más especial. Al despertar el domingo por la mañana salí a la terraza de la habitación y me quedé sorprendida al mirar hacia el monasterio. La niebla cubría gran parte del edificio y las cúpulas quedaban desdibujadas, escondidas, como si quisieran guardar un mágico secreto, a la vez que el claro sonido de sus campanas resultaba profundo y relajante.



                                                                                                                                             Inma

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