jueves, 16 de julio de 2015

Las estatuas del Palacio Real de Madrid

Estoy seguro que más de una vez habréis pasado por delante del Palacio Real, incluso habréis recorrido su sorprendente interior o simplemente lo conozcáis por ser una de las visitas imprescindibles en Madrid, así que resultará difícil contar nada nuevo que no hayáis oído alguna vez.



Quiero que os fijéis en la cornisa que remata el edificio del Palacio, veréis una balaustrada separada por pedestales donde se asientan unos jarrones y unas esculturas de gran tamaño. Seguramente, como me ocurrió a mi antes, nunca os habría llamado mucho la atención, pero ¿alguna vez os habéis preguntado a quienes representan esas curiosas esculturas?


Una vez me explicaron que el origen de dichas esculturas se remonta a la época de Felipe V, cuando en una modificación del palacio, se ideó decorar la cornisa de las cuatro fachadas del Palacio Real con 108 estatuas de todos los reyes y reinas que desde el año 417 hasta el siglo XVI gobernaron los reinos de la monarquía española.


Si observáis con detenimiento la cornisa veréis que no todos los pedestales están ocupados por esculturas y es que la gran mayoría de ellas nunca llegaron a ocupar dicho lugar. Si os fijáis bien, en muchos de estos pedestales ocupados por enormes jarrones, aún pueden leerse el nombre de los reyes y las fechas.


Cuenta la leyenda que fue la supersticiosa Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, quién pidió a Carlos III, su hijo que no se pusiesen finalmente sobre la cornisa, que las colocara en cualquier otro sitio, pues una noche tuvo una pesadilla en la que soñó que se producía un terrible terremoto en Madrid y las enormes esculturas del palacio le caían encima y la aplastaban. Carlos III complació a su madre y las estatuas fueron a parar a los subterráneos del palacio.


Sin embargo parece ser que fue Sabatini, el arquitecto encargado de las reformas del Palacio, quien sugirió al monarca no colocar las estatuas para no sobrecargar el peso del edificio. Hay que tener en cuenta que cada una de las figuras tiene más de dos metros y medio de altura y pesa unas tres toneladas.


Las estatuas con el paso del tiempo empezaron poco a poco a abandonar los sótanos del palacio y a ser distribuidas por la geografía española (Burgos, Toledo, Pamplona o Vitoria, son tan sólo algunos ejemplos de destinos). Otras, sin embargo, se quedaron en Madrid, las encontraréis decorando la fachada del Museo del Ejército, en el Retiro, en los jardines de Sabatini o repartidas por la Plaza de Oriente, a escasos metros de la que iba a ser su ubicación original.


Sería imposible enumerar aquí toda la variedad y riqueza que alberga el interior del palacio, así que si deseáis descubrirlo no dudéis en entrar, en caso contrario, el entorno privilegiado del Palacio Real es un buen punto de partida para empezar a descubrir Madrid.


Frente al palacio se levanta la bella Plaza de Oriente con sus apacibles jardines y elegantes cafés junto al Teatro Real. Por otro lado la Catedral de la Almudena, los Jardines de Sabatini y el Campo del Moro le convierten en uno de los espacios más atractivos y agradables de la ciudad. Así que es normal que esta zona sea uno de los puntos de encuentro preferido por los madrileños y por supuesto, de los turistas.

                                                                                                                                                           Rafa

4 comentarios :

  1. Rafa, me encanta ver que has vuelto a describirnos algo sobre Madrid, eres todo un experto en esta ciudad.
    La zona de la que nos hablas es una de las partes más agradables para visitar y pasear. En cuanto a las estatuas, con pesadilla o sin ella por parte de la reina Isabel de Farnesio, creo que están mucho mejor repartidas por los jardines de Sabatini y en la Plaza de Oriente. Y tienes razón que no se puede dejar de entrar al Palacio Real, todo el conjunto es impresionante.

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  2. Siempre me había preguntado por qué había tantas estatuas de reyes y reinas en la Plaza de Oriente. Ahora ya sé el motivo aunque, desde luego, hubiera sido todo un lujo haber podido contemplarlas en su emplazamiento original pero, ya se sabe, caprichos de una reina. Es una suerte que se puedan admirar durante cualquier paseo por alguna de las ciudades más bellas de España. Gran trabajo, Rafa.

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  3. Me encanta pasear por Madrid y tenerte de guía. Hay tanto rincones que pasa desapercibido y cuantas historias por descubrir.

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  4. Nunca me había preguntado de donde salía tanta estatua y menos aún conocía que estaban diseminadas por multitud de lugares. Gran trabajo Rafa, nuestro especialista en Madrid. Nunca de acostarás sin sabe algo nuevo, ahora cuando recorra la Plaza de Oriente seguro que me fijaré en las estatuas. Gran historia.

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