jueves, 23 de octubre de 2014

Irati, la serena belleza del hayedo

Propongo adentrarnos en el hayedo más extenso de Europa, después de la Selva Negra en Alemania. Todo un espectáculo para los sentidos y el lugar perfecto para olvidarse de la estresante vida diaria, aunque sólo sea por un día. No todo son hayas, en la Selva de Irati, encontraremos grandes masas de abetos que hacen incrementar aún más el valor estético de estos valles pirenaicos. Un gran tesoro natural que aún se mantiene virgen.

Selva de Irati 

Los accesos para acercarnos a la Selva de Irati son a través de Ochagavía en el valle de Salazar o desde la localidad de Orbaizeta en el valle de Aezkoa. Esta última opción es la que escogen la gran mayoría de los visitantes que se animan a acercarse hasta aquí. Desde Orbaizeta se llega a la presa del embalse de Irabia, allí mismo comienza la ruta que rodea el embalse, encontraremos un pequeño aparcamiento donde debemos dejar el coche. La ruta es circular, muy asequible y fácil de recorrer, son unos 10 kilómetros que nos permiten descubrir la gran belleza de estos parajes. Aunque nos podemos retirar cuando queramos.

Embalse de Irabia

En la Selva de Irati existe la posibilidad de realizar varias rutas perfectamente señalizadas, mi consejo, si queréis sumergiros en el precioso bosque de esbeltas hayas, es el acceso desde Ochagavía, un encantador pueblo de calles empedradas y casas blancas donde podemos visitar el Centro de Interpretación.

Ochagavía

Desde Ochagavía, no hay pérdida, son 23 kilómetros. Tan sólo hay que seguir las indicaciones que nos conducen hasta la Selva de Irati. Una vez abandonado el aparcamiento seguiremos paralelos al río para adentrarnos en el bosque de hayas más extenso y más puro de nuestra península.



En esta inmersión por el bosque, en el más absoluto silencio, sólo roto al cruzarnos con algún que otro excursionista, muchas veces nos parecerá oír el murmullo de duendes y otras criaturas mitológicas entre las hayas. Este es un buen momento de dejar volar nuestra imaginación, pues parece que la fantasía se ha entretenido en tejer esta arboleda.




Entre retorcidos troncos y un manto de hojas secas, caminaremos por estrechos senderos en busca del embalse de Irabia. Una vez llegados al embalse, si aún nos queda tiempo y ganas, podemos dar una vuelta al embalse. De lo contrario, nos sentaremos en la orilla donde todo es quietud, un verdadero alivio para la vista donde poder descansar y recuperar las fuerzas gastadas.

Embalse de Irabia

El regreso al punto de partida lo realizaremos por donde hemos venido o bien por la pista forestal, paralela al río, más ancha y cómoda que el sendero.


Nada mejor que dejarse llevar y perderse por Irati en soledad, para así, poder disfrutar de la serena belleza de este hayedo y sentirnos efímeros emboscados.

                                                                                                                                                           Rafa

6 comentarios :

  1. Estuvimos en Irati el año pasado durante el otoño y me pareció una zona espectacular, con una vegetación abrumadora y unas tonalidades tan variadas que no parecen reales.
    Nosotros llegamos por Ochagavía ya que veníamos desde el Valle del Roncal, por cierto también nos encantó.
    En Ochagavía está la ermita de Muskilda, escondida en un paraje mágico y rodeado de leyendas.
    Tienes razón, Rafa, la ruta que hagamos por la Selva de Irati nos recargará de energía y disfrutaremos de un paraje exuberante.

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  2. Un lugar precioso que con el otoño alcanza un encanto inigualable, gracias a las diferentes tonalidades que adquieren las hayas. Me sorprendió mucho este lugar que parece sacado de un cuento. El recorrido se realiza por frescos y agradables senderos donde grandes árboles dejan pasar los bonitos rayos del sol. Sin duda, un gran sitio para descubrir y recordar.

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  3. Nosotros queríamos haber ido a Irati este verano aprovechando nuestra estancia en los Pirineos pero por cuestiones de calendario no pudimos cuadrarlo. Tenía muchas ganas de visitar este bosque aunque, desde luego, la época más bonita probablemente sea el otoño cuando todo el verde del bosque se cubre de tonalidades que van desde el amarillo hasta el rojo. Es sin duda uno de nuestros más bonitos pulmones en la Península.

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  4. Quisimos ir este verano pero por problemas logísticos con el alojamiento no lo hicimos, pero somos perseverantes e iremos, más si cabe después de leer el artículo. Tener en nuestro país estos lugares es alucinante y espero que siga así muchísimas generaciones. Un lugar ideal para desconectar y sentirte parte de la naturaleza. Ojalá pueda conocerlo pronto. Rafa un artículo muy completo.

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  5. Espectaculares vistas que ofrece la naturaleza en Otoño. Otros 5 de los mejores hayedos: http://www.portalrural.es/blog/disfruta-de-los-mejores-hayedos-en-otono/

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