Rutas

Mi Ruta por La Toscana

Unos días en la fabulosa Toscana dan para mucho. Es una región extensa con multitud de pueblos y lugares con encanto en los que perderse o directamente comprarte una casita en el campo y quedarte para siempre. Existen varias opciones para recorrer La Toscana. Por un lado encontrarás excursiones organizadas en las que pasarás medio día dentro de un autobús para ver un pedrusco en un museo, comprarás souvenirs en todas las tiendas que te diga el guía y volverás al hotel con los pies destrozados y la cartera vacía o bien decantarte por un plan más personalizado en el que tú serás el dueño de tu tiempo. Sólo necesitas un coche de alquiler y algo de información previa obtenida de internet para recorrer a fondo los lugares más representativos y hermosos de esta región italiana y regresar a casa con la sensación de haber vivido una verdadera experiencia toscana.


En nuestro caso optamos por la segunda variante y fue EL VIAJE DE NUESTRAS VIDAS con mayúsculas y negrita. Sí, porque era nuestro 20º aniversario juntos y ya nos tocaba. El plan era sencillo, 3 días en Florencia y 4 para recorrer La Toscana.
Tras mucho documentarnos sobre qué queríamos hacer y cuáles eran las mejores opciones en cuanto a alojamiento y desplazamiento nos decantamos por alquilar un coche nuestro último día en Florencia que devolveríamos en el aeropuerto de Pisa para regresar a España y un apartamento para 2 personas en el pueblo de Bettolle. Este pequeño pueblo está ubicado en el sur de la Toscana pero se encuentra muy bien comunicado por carretera a escasos 5 kms. del acceso en Sinalunga a las autopistas A1 y Siena-Perugia que atraviesan la región de norte a sur y de oeste a este. Más tarde descubriríamos que las "autostradas" italianas no son como las españolas pero eso es otra historia.

Tras 2 horas de atasco por un accidente en la A1 llegamos (tarde) a Bettolle. Nuestro casero, que hablaba un español perfecto, nos recibió en el bar del pueblo (como está mandado) y nos mostró el que iba a ser nuestro cuartel general durante 4 días. El apartamento era una monada, no se podía pedir más. En una única estancia se encontraba la cocina equipada con todo lo imaginable incluida una barra con banquetas que hacía las veces de mesa de desayunos y cenas, al lado un par de sillas y un "puff" para contemplar boquiabiertos las maravillosas vistas pues enfrente se abrían 4 grandes ventanales hacia la Toscana. Un armario separaba la cama del resto, había una TV colgada en la pared frente a la cama y, tras la única puerta, un baño precioso, nuevecito con una ducha inmensa, secador de pelo, vamos, de todo. Parecía que lo habían sacado del catálogo de Ikea. Además tenía aparcamiento privado y una coqueta taberna, Betulia, justo debajo en la que cenamos nuestra primera noche.

Teníamos claro que íbamos a visitar 3 lugares que eran totalmente imprescindibles durante nuestra estancia; Siena, San Gimignano y una bodega en  las inmediaciones de Cortona con la que había contactado previamente en Madrid y en la que disfrutaríamos de una cata de vinos con antipasti (comida) el 2º día.

Así pues, esa misma noche trazamos el plan de ataque para los siguientes 4 días que prometían ser intensos e inolvidables. El primer día, ya que veníamos de Florencia y estábamos habituados a madrugar para recorrer la ciudad y hacer colas para entrar en museos y monumentos, nos propusimos ir a los 2 lugares más distantes de Bettolle: Siena y San Gimignano. Durante la cena unos turistas españoles nos aseguraron que a ellos les había dado tiempo a ver Siena, San Gimignano y Volterra en un día sin prisas y con un bebé en sillita por lo que descubrimos que las distancias en el mapa no eran tan grandes como suponíamos y nos lanzamos a emularles.

Día 1. Siena, San Gimignano y Volterra


Amaneció nublado y pronto comenzó a llover de camino a Siena. ¡Qué complicado fue aparcar! Por fin estábamos en la ciudad callejeando en busca de la catedral cuando apareció frente a nosotros un inmenso edificio de mármol blanco y negro (tan típico en la Toscana), una torre altísima (el Campanile) y un friso decorado en oro que nos dejó con la boca abierta. Comenzó a diluviar y nos decidimos a entrar. Teniendo en cuenta que habíamos pasado los 3 días anteriores en Florencia poco ya podía sorprendernos en cuanto a belleza y arte pero hay que afirmar que el interior de la catedral de Santa María dei Fiori en Florencia es muy vasto, poca ornamentación y paredes más bien diáfanas. Echaron el resto en la cúpula y el baptisterio pero la decoración brilla por su ausencia en el interior del templo. Nada que ver con lo que nos deparaba el interior de la magnífica catedral de Siena. Es inmensa y no hay lugar en el que no encuentres un fresco, una escultura de Donatello, Bernini o Miguel Ángel, un púlpito, un cuadro, incluso los suelos de mármol representan escenas de la biblia, la cúpula es enorme, pintada de azul y llena de estrellas. A pesar de la cantidad de personas que había dentro pudimos recorrer el lugar con pausa admirando todos sus detalles. Entramos en la biblioteca Piccolomini esperando encontrar libros pero no; se trataba de una sala decorada con pinturas al fresco del suelo al techo, ahí es nada, una escultura de las Tres Gracias adornaba el centro de la estancia que rodeamos para admirar en detalle las pinturas de la vida de Pío II, llenas de colores.
Salimos de allí totalmente abrumados por el despliegue de medios que se gastaban ya en el siglo XIII y rodeamos el edificio para fotografiar la fachada trasera desde la que parte una escalera (apenas llovía ya) que desemboca en una calle bastante transitada.


Descubrimos que por allí se iba a la Plaza del Campo. Probablemente si os digo la Plaza del Palio os suene más el nombre por las carreras de caballos que aquí se celebran cada año en agosto. La plaza en sí es bastante grande y está muy inclinada para correr con los caballos a lo loco entre la multitud. No me lo puedo ni imaginar siquiera. Por lo visto durante la competición vale todo y al ganador lo tratan como a un dios. En el centro pero no exactamente en medio hay una fuente vallada recubierta de mármol bastante grande. En fin, el lugar es precioso, lleno de tiendas, cafés, gente tumbada almorzando. Tiene vida y bullicio. En un extremo de la plaza se encuentra el Palazzo Pubblico y la torre del Mangia de 88 metros a la que no pudimos subir pues en días de lluvia y viento la cierran al público, una lástima. Volvía a llover y aunque la ciudad prometía, recorrimos deprisa algunas de las calles que circundan la plaza para terminar tomando un trozo de pizza y un café que nos quitó el hambre y nos resguardó del aguacero.
Sobre la 1 nos dirigimos a la carrera, empapados hacia el coche con la sensación de no haber visto todos los tesoros de Siena y tan tristes como el día para poner rumbo a la ciudad de los rascacielos. ¿Nueva York en La Toscana? No, San Gimignano.

El camino hacia San Gimignano fue precioso, por una carretera secundaria llena de viñedos y suaves colinas. En cada curva se divisaba cada vez más cerca nuestro destino.
San Gimignano fue durante la Edad Media un lugar en alza, pujante donde las mejores familias de la comarca tenía sus palazzos y en ellos edificaban unas torres que indicaban el poder que cada familia ostentaba, cuanto más alta era la torre, más poder tenía la familia. Así, San Gimignano llegó a albergar hasta 72 torres de una altura considerable de las que, hoy en día, quedan 14 en pie debido entre otras causas a que cuando una familia caía en desgracia o perdía su poder las desmochaban para vergüenza de sus propietarios.
Unos aparcamientos disuasorios a la entrada de la ciudad nos indicaban que debíamos dejar el coche extramuros. Los 3 primeros parkings estaban repletos así que lo dejamos en el P4 del que partía un ascensor hasta lo alto de la muralla.
Serían como las 2:30 de la tarde y las calles no estaban muy llenas. La buena noticia era que había dejado de llover y enseguida empezamos a ver de qué iba todo aquello. La sensación era la de haber retrocecido 600 ó 700 años en el tiempo. De verdad, este pueblo podría ser perfectamente el escenario de una película ambientada en la Edad Media. Calles estrechas y empinadas, altísimos edificios de piedra, plazas llenas de gente, un mercadillo callejero de frutas y verduras, rincones con flores y escaleras también de piedra. Fue como estar en un cuento esperando que aparezcan las princesas y los caballeros retándose en duelo. Una auténtica pasada. No hubo necesidad de entrar en ningún edificio, ni en el ayuntamiento ni en la iglesia para contagiarnos del espíritu de la ciudad.


Nos dejamos llevar por nuestros pies recorriendo el pueblo tratando de capturar en nuestras cámaras la esencia y el recuerdo de este lugar. Sentados en una terracita en la Plaza de la Cisterna, llamada así por el gran pozo que se sitúa en su centro, sin prisas, disfrutamos de un plato de pasta mientras contemplábamos el lugar. Los italianos entregados a sus quehaceres diarios y los turistas por todas partes, la cola de gente en la heladería ganadora de varios premios. Paseando por sus rincones nos topamos con varias galerías de arte, tiendas de artesanía, tiendas gourmet, incluso un Museo de la Tortura (jajaja, había uno de estos en cada pueblo pero no entramos en ninguno). Hay que decir que este pueblo te atrapa y pierdes la noción del tiempo. Y así, llegó el momento en el que, con mucha pena, tuvimos que marcharnos rumbo a Volterra que no dista mucho de San Gimignano.

En este punto tengo que decir que yo estaba empeñada en ir a Volterra porque había leído que tenía un pasado etrusco, romano y medieval muy importante. Estábamos un poco cansados cuando por fin, llegamos. De nuevo aparcamos en el disuasorio. Una advertencia: la mayoría de pueblos de la Toscana están en lo alto de una colina, amurallados mientras que los parkings suelen estar abajo en las afueras. Llevad calzado cómodo y buenas piernas para subir cuestas. No os perdáis las increíbles vistas sobre la campiña toscana que se divisan desde lo alto del pueblo.
Enseguida nos adentramos en la plaza del pueblo, el típico palazzo toscano que aloja el ayuntamiento nos lo indicó y una pared de mármol blanco y negro con una puertecita dejaba entrever que se trataba de una iglesia. Volterra no tiene el tamaño ni la importancia de Siena pero el interior de la catedral es muy bonito e incluso recuerdo una capilla muy sencilla que nos gustó mucho. A su espalda encontramos el edificio del baptisterio, ya nos habíamos acostumbrado a que así fuera en la Toscana y entramos en él junto con una excursión de chavalitos italianos. En la muralla localizamos la Porta dell'Arco, de origen etrusco del siglo III a.C., todo muy bien señalizado, no hay pérdida. El resto de la tarde lo pasamos deambulando por las calles muy bien conservadas y menos artificiales que en San Gimignano. Al llegar al final de la calle que atraviesa Volterra giramos a la izquierda y de repente... ¡booooom!, un teatro romano en bastantes buenas condiciones. Eso sí, cubierto de hierba, increíble.
¿Es que en Italia tienen de todo? La respuesta es sí. Los romanos estaban locos como decía Obélix. Sí, sí, locos pero por su tierra.

De vuelta al coche ya estaba atardeciendo y nos tomamos un café en la calle principal. Coincidimos en que este pueblo, sin duda, es uno de los que más nos gustó por su autenticidad,  su encanto y su importante pasado histórico. Se recorre de arriba a abajo en hora y media y te vas satisfecho de haberte acercado hasta él.

Pero el día no había acabado aún. Ya en el apartamento, una ducha caliente y ropa limpia para, a pesar del cansancio, seguir una de las recomendaciones de nuestro casero: probar una bistecca alla Fiorentina. Mi acompañante traía la espinita clavada desde Florencia ya que allí, debido a los precios prohibitivos, no pudimos tomarla. Cinco minutos en coche y llegamos al restaurante Santorotto, en Sinalunga.


La bistecca de 1,200 kg. estaba deliciosa, en su punto y la acompañamos con un Chianti clásico Villa Cerna con muchos matices. Como contorni unas patatas arosto y la carne fue servida con sal, pimienta y aceite aparte como debe ser. De primero el antipasti toscano con jamón, porchetta, salumi, etc ....
El ambiente y el servicio fueron excelentes y cenamos como unos señores en un salón de apenas 10 mesas y a un precio superajustado en comparación con lo que habíamos visto en Florencia. Un broche de oro para nuestro primer día en La Toscana.

Día 2. Cortona, Villa Loggio y Montepulciano



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Para nuestro segundo día en tierras toscanas ya os adelanté que tenía organizada a las 13:00 una visita a una bodega local con cata de vinos y almuerzo por lo que no podíamos alejarnos mucho de esos contornos. Por la mañana, después de realizar unas compras en el supermercado local, decidimos acercarnos hasta el municipio de Cortona, a 25 kms. de Bettolle y cerca de la bodega Villa Loggio, nuestro destino de ese día.
Cortona pertenece a la provincia de Arezzo y goza de un emplazamiento privilegiado en lo alto de una colina de la Val di Chiana con vistas al lago Trasimeno. Posee además un pasado histórico de relevancia y fue el lugar de inspiración para la novela Bajo el sol de la Toscana de la escritora Frances Mayes cuyo domicilio se encuentra aquí.

Dejamos el coche a la entrada de la ciudad, fuera de la muralla y nos dirigimos al mirador desde el que se divisa gran parte del sur de la Toscana y el gran lago Trasimeno. Muy cerca se encuentra la iglesia de San Domenico en la que entramos. Olia a madera y a incienso y no había nadie en su interior así que nos encaminamos hacia el acceso a Cortona. Atravesando un arco nos introdujimos en un pueblecito muy coqueto plagado de cafés y tiendas de comestibles, calles estrechas y muy empinadas (aquí sí que hicimos piernas ya que algunas de sus iglesias se hallan en lo más alto de la ciudad), repleto de alojamientos rurales con encanto y muy buen ambiente.




En la puerta del Palazzo Comunale se celebraba una boda civil y tras un largo paseo de una hora arriba y abajo ya nos habíamos hecho una idea de cómo era el pueblo. Entramos en la iglesia de San Francesco después de subir una calle con una pendiente infernal y una escalera peligrosísima y fuimos al café La Saletta para tomar un cappuccino y una galleta (ni qué decir tiene que el café es excepcional) donde muy amablemente nos facilitaron la contraseña wifi para programar nuestro navegador y buscar la bodega que estaba en medio del campo en dirección a Montepulciano. Resultó ser una mañana muy provechosa y, a pesar de que estaba nuboso y hacia un poco de viento, no tenía aspecto de que fuera a llover.
Como era de esperar, en cuanto abandonamos la carretera principal nos perdimos y, tras unos 20 minutos de pánico en los que pensábamos que no saldríamos de allí (no teníamos cobertura en los móviles), finalmente, dimos con el camino a la bodega.


Villa Loggio es una bodega propiedad de una pareja de holandeses, Hans y Sara, que hace 3 años vinieron a vivir a Italia con sus hijos y se metieron de lleno en el mundo del vino. No tiene mucha producción pero han ganado varios premios internacionales con sus caldos y sus principales clientes están en Alemania.
Nos recibieron con los brazos abiertos y con la mesa puesta y empezaron a hablarnos de su proyecto y de sus vinos. Nos dieron a elegir cuales queríamos catar y nos acomodamos para disfrutar del almuerzo. Había queso, pan, fiambre, un guiso de lentejas y varias especialidades toscanas pero como mi acompañante no habla inglés y ellos no hablaban ni español ni italiano la conversación se desarrolló en inglés y casi no pude comer entre las traducciones y  las 4 copas enormes de vino que me bebí. Tras la comida nos mostraron el edificio que también era su casa y después nos dirigimos caminando hacia la zona de producción paseando entre las viñas. Beatrice, una italiana muy simpática, nos explicó el proceso de elaboración de los vinos y nos enseñó la bodega. Además producían aceite para su propio consumo. Una maravilla. Finalmente les compramos varias botellas de vino en la tienda y nos despedimos de ellos. Lo pasamos fenomenal pero queríamos aprovechar la tarde para visitar Montepulciano que dista sólo unos 10 kms. de allí.

Nada más llegar encontramos un lugar para dejar el coche a la entrada y una oficina de turismo donde nos hicimos con una mapa de la localidad y empezamos la subida a este municipio a 500 metros sobre el nivel del mar. Hay que destacar que la subida desde la entrada del pueblo hasta la Plaza es una sucesión de rincones con encanto, cuidados cafés e iglesias en los que detenerse para terminar el ascenso en la hermosa Plaza Grande con la catedral y el ayuntamiento con su torre que domina todo el conjunto del pueblo. Desde la torre pudimos disfrutar de unas maravillosas vistas sobre la Valdorcia y de la plaza que tiene unas enormes dimensiones. Existen varios miradores en los que detenerse para gozar del paisaje pero la mejor panorámica sin duda la obtuvimos desde la torre.


Montepulciano es muy conocido por sus vinos y bodegas, todo el pueblo gira en torno a esta actividad. Su Nobile de Montepulciano es uno de los mejores caldos de Italia y aquí se puede degustar directamente en las bodegas (o mejor dicho, enotecas, como las llaman allí) que hay diseminadas por todas partes. Nosotros accedimos a las Bodegas Redi en plena Plaza Grande situadas en un palacio medieval y de acceso gratuito. Nos entretuvimos recorriendo los pasadizos y salas donde se almacena el vino. De vuelta al coche nos topamos con algunos alojamientos rurales y restaurantes muy convenientes. Agotados pero felices regresamos a Bettolle a descansar y cenar en nuestro nidito pasta al pesto con una botella de vino de Villa Loggio.

Día 3. La Val D'Orcia: Pienza, Montalcino y San Quirico



Dejamos para el tercer día el recorrido por la Valdorcia, nombrada en el año 2004 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por su legado natural y artístico con paisajes ondulados llenos de hierba y cipreses y formada por varios pueblos que bien merecen una visita. 

Valdorcia

Comenzamos bien temprano en Pienza. Esta localidad fue mandada reconstruir por el Papa Piccolomini en el siglo XV como modelo de ciudad renacentista. Es por eso que encontraremos una muralla, la catedral, varios palazzos y plazas accediendo por cualquiera de sus 2 puertas a la calle principal. La tranquilidad del lugar invita al paseo, a detenerse en todos los comercios donde ofrecen el famoso queso pecorino, típico de la zona. El día era claro y ventoso y paseamos por todos los rincones. Entramos en la catedral, muy amplia y luminosa con su plaza llena de flores de primavera y a tan sólo unos pasos encontramos la entrada a un claustro que en la actualidad pertenece a un hotel-restaurante. Se trata de un antiguo monasterio e iglesia románica en la que hay un restaurante muy recomendable "Il Chiostro di Pienza". Realizamos unas compras en una tienda local en la que el propietario, un señor mayor, me confundió con una brasileña (ya tu sabes, papi) y como aún era temprano preferimos tomar un café en una terracita al sol observando el movimiento de personas que seguían a los guías para no perder detalle de la visita. Nos sorprendió la cantidad de norteamericanos en bicicleta que recorrían el pueblo que es pequeño y puede verse en apenas 45 minutos.

Empleamos gran parte de la mañana en conocer Pienza (el lugar nos atrapó) y más de media hora en hacer fotos por el camino ya que el paisaje invitaba a ello. Por ello no tuvimos tiempo de acercarnos a Montichiello, un pueblo precioso de la Valdorcia que recomiendan no perderse. ¡Una verdadera lástima! En su lugar nos adentramos por carreteras solitarias plagadas de curvas por las que de vez en cuando te adelanta un Ferrari o un descapotable conducido por jubilados americanos. Pasamos de largo por San Quirico D'Orcia en donde se celebraba un encuentro de coches de época (de ahí la categoría de los vehículos que nos adelantaban). Ya regresaríamos aquí a la vuelta y proseguimos rumbo a Montalcino, otro bello pueblo toscano con castillo-fortaleza donde se elabora uno de los vinos más afamados (y caros) del mundo, il Brunello de Montalcino.



Apenas nos bajamos del coche nos recibió una ligera llovizna y corrimos a refugiarnos en el castillo que se encuentra en el punto más alto del pueblo y en cuyo interior se halla la Enoteca La Fortezza. En el patio de armas los turistas bebían vino sentados en unos bancos de madera. En el interior de la enoteca se compran los tickets para entrar al monumento. La fortaleza de Montalcino puede visitarse de arriba a abajo pues está rehabilitada con unas pasarelas que lo permiten. Desde sus torreones se obtienen unas espectaculares vistas del pueblo y de este territorio patrimonio de la Humanidad. Más tarde recorrimos las calles casi vacías de Montalcino - esta zona queda fuera de las rutas más conocidas de la Toscana - buscando un lugar para tomar el aperitivo. Después de una media hora de paseo, en la que nos dio tiempo a ver un par de iglesias pero no el Museo Cívico que cerraba a mediodía, llegamos a la plaza del ayuntamiento con soportales. En una terraza pedimos un Brunello y un ginger ale y estudiamos la oferta gastronómica de Montalcino. Finalmente nos decantamos por el Restaurante San Giorgio que nos pareció perfecto por su ubicación en la calle principal que lleva al ayuntamiento. Justo enfrente poseen una tienda donde venden vino y otros productos. Había una gran mesa con italianos comiendo allí y otra ocupada por unos turistas con un bebé. El servicio fue muy bueno y la comida estaba exquisita y a un precio razonable. Pedimos spaghetti al cinghiale y tagliolini al tartufo y de segundo pollo al brunello y osobucco con verduras. Con el estómago lleno volvimos "caminico" de San Quirico D'Orcia. 

Un aparcamiento gratuito y disuasorio nos permitió dejar el coche a las afueras de este diminuto pueblo amurallado que posee varios tesoros en su interior. Después de traspasar su muralla vimos la Colegiata dedicada a San Quirico y Santa Giuditta construida en el siglo XI en mármol y arenisca. San Quirico fue un mártir torturado y asesinado por los romanos por declararse cristiano con tan sólo 5 años. Unas banderas del evento automovilístico de la mañana adornaban los alrededores de la colegiata. Nos tomamos un helado en la placita y entramos al Horti Leonini, un parque muy grande y tranquilo de estilo italiano en 2 niveles con una escalera de travertino. Continuando el paseo por la calle principal nos topamos con la coqueta iglesia románica de Santa María Assunta del siglo IX, recogida y silenciosa, un descubrimiento. Regresamos sobre nuestros pasos para entrar al patio del Ospedale della Scala (siglo XIII) que acogía a los peregrinos que realizaban la Via Francigena (de Canterbury a Roma) y posee un pozo en su interior. Al caer la tarde nos hubiera gustado ver a localidad de Bagno Vignoni con sus termas pero ya era tarde y estábamos cansados de estas jornadas tan largas por lo que regresamos a Bettolle para hacer las maletas ya que al día siguiente dejaríamos la Toscana para volar desde Pisa a España. Habían sido 3 días maravillosos.

Día 4. Pisa


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Nuestro último día en Italia iba a ser completito. Casi 200 kms. nos separaban de Pisa y nos habíamos propuesto visitar la catedral y la torre inclinada antes de dejar el coche en el aeropuerto a las 3 de la tarde para volar a las 5. Con mucha pena devolvimos las llaves del apartamento con lo que recuperamos nuestra fianza y tomamos la autostrada A1 a Florencia (una hora de camino) para allí tomar la FI-PI-LI (Firenze-Pisa-Livorno) durante otra hora. Aparcamos el coche muy cerca del Campo dei Miracoli en Pisa de manera gratuita y nos dispusimos a ver la inclinada y famosa torre. Eran las 12 de la mañana y el lugar bullía de gente tomando la consabida foto sujetando la torre que está mucho más inclinada de lo que nos imaginábamos. Vamos, parece mentira que no se haya caído con la inclinación que tiene. Descartamos la subida por falta de tiempo y por precio (18€ por 15 minutos nos pareció excesivo además de que no había hueco hasta las 16:00) y sacamos la entrada combinada para visitar la catedral, el baptisterio y el cementerio. La plaza del Duomo de Pisa o Campo dei Miracoli es una explanada inmensa donde se construyeron todos estos monumentos, no en vano, también ha sido nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El recinto está amurallado y se accede por un arco con lo que el viajero se topa de bruces con todo el conjunto que tiene un tamaño considerable. En el exterior de la muralla y a la derecha de la explanada se alinean decenas de puestos de recuerdos y la gente pasea sin cesar en busca de la mejor foto o el souvenir más barato. Después de regatear un poco con un vendedor me hice con una gorra, un par de calendarios y una camiseta por 20€. Visitamos primero el baptisterio, inmenso, subimos a la planta de arriba y fotografiamos la catedral desde allí. Estaban dando misa y la gente esperaba en fila india para entrar a la visita en cuanto fuera posible. La Catedral de Santa María Assunta de Pisa es de estilo románico pisano, su fachada presenta 4 niveles de arcadas en mármol gris y blanco y su campanario, la famosa torre inclinada, queda exenta del edificio principal al más puro estilo toscano. Ambos edificios, templo y torre, se encuentran hundidos perceptiblemente en el suelo.
Una vez dentro la catedral ya estaba llena, pero llena a rebosar. El interior no es nada sobrio, todo destaca; la decoración de las capillas, los techos pintados al fresco y el altar mayor con un mosaico dorado representando a Cristo en majestad, rodeado por la Virgen y San Juan Evangelista visible desde la entrada. El espacio es muy amplio, casi recuerda a las mezquitas musulmanas. Una auténtica joya.
Pero, sin duda, la estrella del conjunto es la torre inclinada. El campanario empezó a inclinarse durante su construcción pero fue al finalizar sus 8 plantas cuando sufrió una mayor inclinación debido a que todo el conjunto está construido sobre una antigua laguna ya desecada. La torre mide 55 metros de altura, pesa cerca de 15 toneladas y tiene 4 grados de inclinación. Ha sufrido varias intervenciones para tratar de corregir esta tendencia que ha ido en aumento hasta el año 2001 fecha en la que terminaron los trabajos y se confirmó que la torre había dejado de moverse por primera vez en su historia. Los expertos aseguran que permanecerá estable al menos por un período de 200 años.





Por último, visitamos el cementerio monumental. Contiene unas 600 lápidas casi todas de nobles, clérigos o personas de buenas familias pisanas. En su interior encontramos 2 largas galerías decoradas con frescos rodeando un patio y 3 capillas. En una de ellas se narra el proceso de reconstrucción de este monumento que fue seriamente dañado durante la 2ª Guerra Mundial debido al fragmento de una bomba que provocó un incendio que destruyó el tejado, muchos sarcófagos de época romana y puso en peligro las pinturas. Los frescos fueron desmontados y restaurados para ser posteriormente colocados de nuevo en los muros. A pesar de tratarse de un cementerio a mi me pareció un lugar especial en el que alejarse del bullicio exterior, recorrer las galerías admirando los frescos, sin prisas y a solas. Fue una mañana espléndida.

Y hasta aquí nuestro periplo por Pisa y por tierras toscanas. En total habían sido 7 días (3 en Florencia y 4 recorriendo La Toscana) que nos habían dejado un buen sabor de boca, como un aperitivo, pero también nos habían abierto el apetito para tener ganas de más.

Cuando aterrizamos en Barajas llovía a mares y hacía frío por lo que no pudimos evitar acordarnos de los días de primavera que acabábamos de vivir. ¿Volveremos para nuestro 40º Aniversario? ¡Ojalá! ¡Quién sabe!


XIII Camino de Santiago en bici. Llanes-Santiago

El año pasado no hice el camino debido a los problemas que tengo en las rodillas, aunque es cierto que la bicicleta no las hace mal alguno, pero era mi excusa para no hacerlo. 
Este año tuve una lucha interna muy fuerte para decidir sí lo hacia o no. Físicamente no estaba preparado y a pesar de que en Mayo empecé con la bicicleta mis salidas eran bastante ridículas, tanto en tiempo como en esfuerzo. 
Fue pasando el tiempo y mi preocupación iba en aumento, ¿podría aguantar las etapas? Un día me encontré con Quintín por el pinar y le comenté un poco mis indecisiones y mis miedos. Me animó de tal manera que en ese momento lo decidí. 
Hablé con Emilio para que él se preocupara de los alojamientos y yo me encargaría del resto.
Lo primero era confirmar la gente que vendría para ver que medios de movilidad deberíamos disponer. Yo había hablado ya con mi amigo Antonio para que me dejara su pick-up y llevar allí las bicicletas. Siempre he dicho que el numero ideal de peregrinos en bicicleta son 5 y a lo sumo 6. Pues mi sorpresa fue cuando al hablar con Teo me dice que de su parte son 4, más 3 nosotros, 7, y a medio camino se incorporarían 2.

El inicio del camino ya lo dejó medio propuesto Emilio, sería Llanes ya que en el año 2011 lo hicimos desde Fuenterrabía hasta Llanes y luego saltamos hasta El Ferrol. La idea era buena y decidimos entonces hacerlo desde Llanes.
Las fechas fueron como casi siempre, coincidiendo con las fiestas de Guadalajara, del 7 al 15 de Septiembre. Los integrantes de este XIII Camino fueron: Teo, Andrés, Carlos Quintín (Quintín en lo sucesivo), Pedro, Carlos (Carlitos en lo sucesivo), Emilio y yo (Ramón). Más adelante se incorporaría Carlos y señora (Valva, de Valvanera) Estos dos peregrinos junto con Quintín son grandes conocedores de los Caminos de Santiago, llevan muchos hechos.

Para mí la ruta realmente empieza cuando cargamos las bicicletas en el medio de transporte elegido y ese día fue el viernes 6. Quedé con Pedro en recogerle su bicicleta y su bolsa ya que él iría en tren a Oviedo el domingo. 
El sábado temprano cargué mi bici y salí hacia Madrid para recoger a Emilio y Quintín. Sobre las 10,30h salíamos hacia Llanes, comimos unos bocadillos que Emilio y Quintín llevaron, y después de unas paradas para tomar café, echar gas-oil, llegamos a San Roque del Acebal sobre las 15.30h. Durante el viaje hubo un momento de fuerte tormenta y al llegar llovía algo. Descargamos los bártulos y fuimos directamente al bar del hostal a tomar unas raciones de queso de cabrales y chorizo de León, picante. 

A todo esto los tres de Guadalajara iban en el Alsa con las bicicletas y su lugar de parada era Llanes, nosotros estábamos a unos 5 Km. Casualmente el autobús pasaba por delante del Hostal España donde estábamos alojados, y consiguieron que el conductor les dejara en la puerta. Fue de agradecer porque allí estábamos esperándoles. Les ayudamos a desembalar las bicis y les acompañamos mientras comían lo mismo que nosotros, ya que la cocina hacia rato que estaba cerrada.

A mí las improvisaciones no me gustan nada, por lo que eso de ir a cenar sin saber a donde no es lo ideal para mí, así que llame a un amigo que tiene casa en Llanes y la pregunta fue muy sencilla, ¿Dónde podemos cenar bien y barato, que somos peregrinos? Nos mando a un pueblo cercano, fuimos dando un paseo agradable junto al río y cogimos el camino del restaurante Jornu en Pancar, pueblecito muy próximo a Llanes.
Desde luego la cena no se puede decir que fuera liviana, unos tomaron fabes con almejas y un pescado, y otros sopa y carne, los de la sopa probaron las fabes.
Después de la cena volvimos al Hostal, al día siguiente empezaba realmente el camino. Antes de retirarnos a nuestras habitaciones nos tomamos, algunos, un chupito.

Dormimos en el Hostal Europa, 3 dobles a 45€.



Día 8-Sep-2013: LLANES – VILLAVICIOSA



Hora salida: 9,15 h



Hora de llegada: 17,26 h



Tiempo en movimiento: 6,30 h



Tiempo en descanso: 1,45 h



Velocidad media en movimiento: 11.9 Km/h



Velocidad Max.: 52,1 Km/h



Ascenso acumulado: 1144 mts.

Km: 77,2




Yo conduje el primer día, como deferencia a los peregrinos integrantes de este camino, ya que cuando menos apetece llevar el vehículo es el primer día y el último. El primer día porque se está deseando empezar a pedalear y el último porque gusta entrar en bicicleta en la plaza del Obradoiro.


Desayunamos en el hostal y a las 9,15h nos pusimos en marcha, yo les acompañé hasta Niembro. Volví al hostal, me subí a la pick-up, eché gasoil y me puse en dirección a Villaviciosa. Allí teníamos un hostal situado en el centro histórico y monumental de Villaviciosa que se encuentra ubicado en uno de los edificios más emblemáticos, la Casa del Arcediano o de la Fábrica, ya que fue fábrica de chocolate, y más tarde hojalatería de D. Andrés Miravalles Miranda hasta su demolición en 1921. En su lugar y reutilizando la piedra del edificio anterior, D. Corripio González construyó la mansión de indianos con la estructura actual. Tuvo varios usos, como Casa de España, durante un tiempo Ayuntamiento, Biblioteca y Guardería. En 1995 el edificio fue totalmente restaurado con el propósito de albergar el actual Hotel Casa España. 

Llegué al hostal sobre las 14 h y después de una ducha y ropa limpia, me esperaba el propietario en la terraza para tomar una cerveza. Antes había parado en una panadería de muy buena pinta a tomar algo sólido, empanada. De esta forma podría tomar la cerveza sin tener el estómago vacío. Después de un rato de buena conversación, salí a las 15,15h hacia Oviedo a la estación de tren. A las 16h llegaba Pedro casi sin comer, por lo que nos volvimos a Villaviciosa por la autovía para llegar antes.

Nos fuimos a un mesón que ya había visto cuando fui a la panadería, por las horas que eran la cocina estaba cerrada, pero aún así pedimos media ración de quesos variados y otra de jamón de bellota, acompañado con cerveza. Al rato vimos pasar a los peregrinos, los cuales, después de dejar las bicicletas en el garaje, se nos unieron para tomar unos pinchos.

La crónica del Camino la hizo Emilio y a continuación la expongo:

Era el primer día y aunque a Ramón le tocaba conducir, salimos los 6 del Hotel Europa: Ramón, Quintín, Teo, Andrés, Carlos y yo, dispuestos a dar la batalla. Pedro se incorporaría esa misma tarde, pues trabajaba ese sábado y viajaba ese mismo día a Oviedo. La mañana en San Roque del Acebal era fría, nublada, destemplada, pero salimos como si hiciera sol. Eso sí, abrigados con prendas cortavientos e impermeables. Lo primero fue llegar a Llanes, que estaba a unos 5 Km. Llegamos por caminos y lo atravesamos en plena fiesta a pesar de la hora (9:15). Mi track no estaba bien cargado, por una cuestión técnica, pero se veían todos los indicadores útiles. Además, las marcas del Camino eran bastante abundantes. En la travesía de Llanes, casi atropellamos a un cura, que se lo tomó con buen humor.

En pocos minutos llegamos a Poo, un pueblo minúsculo, pero precioso, rodeado de prados a la izquierda y el mar a la derecha… Enseguida llegamos a Celorio, que también atravesamos en un plis-plas, para llegar a las Playas de Troenzo y Barro, donde hicimos fotos. Ya llevábamos unos 14 KM y Ramón se dio la vuelta, pues le esperaba el regreso al hotel Europa a recoger la pick-up para viajar con los equipajes a Villaviciosa, hacer la entrada en el Hotel España y, luego irse a Oviedo a recoger a Pedro.

Los demás continuamos la etapa. De allí nos dirigimos a la playa de San Antolín, Villahormes, Barro donde paramos a hacernos unas fotos y de paso mandarlas por whatsaspp, etc. Tiramos hacia la costa. El paisaje era impresionante, con el mar a la derecha, las montañas a la izquierda y prados por todas partes. Mucho sube y baja y seguía nublado y fresco. En estas, llegamos a Ribadesella. Lo primero, sellar las credenciales en la Oficina de Turismo y primer avituallamiento serio. Luego, saliendo del pueblo, nos encontramos con una Feria de Ganado donde hicimos muchas fotos.

Hacia las 2 o 3 de la tarde, ya hacia el interior, pasamos por Caravia Alta muertos de hambre. Había una feria y comimos Boroña (un bollu preñado a base de maíz y embutidos al horno)…Incomestible. Pero nos tomamos varias cervezas, paella y también varias sidras. Seguimos hacia Caravia Baja y otros pueblines, con muchos campos de manzanos…

La etapa se hizo larga, 78 Km. Los últimos kilómetros fueron interminables. Pero llegamos a Villaviciosa por el Este hacia las 17:00h, encontramos el Hostal España con facilidad. Cuando íbamos a guardar las bicis nos encontramos con Ramón, que estaba comiendo en un bar con Pedro. Al regreso, nos juntamos todos, cervezas, vuelta al hotel, ducha y a la calle.


La ciudad estaba en Fiestas y había mercadillo, escenario, concierto…Cenamos en el Restaurante Enol, donde nos enrollamos con un lugareño, que nos recomendó que pasáramos por Valdecielo el día siguiente. Después de la cena, un gin tonic, un patxarana con una piedra en vaso largo y… a morir a casa.

Hostal Casa España, dos dobles 40€ y una triple 50€



Día 9-Sep-2013: VILLAVICIOSA - OVIEDO



Hora salida: 9,10 h



Hora de llegada: 14,35 h



Tiempo en movimiento: 4 h



Tiempo en descanso: 1,34 h



Velocidad media en movimiento: 11.6 Km/h



Velocidad Max.: 48,4 Km/h



Ascenso acumulado: 826 mts.

Km: 46,24



El desayuno lo hicimos en el hostal, el vehículo le tocaba a Emilio. Previamente el día anterior se realizó el sorteo de la furgoneta. Una vez recogidas las bicicletas del garaje salimos los siete hacia Oviedo. 


La salida la hicimos por unos caminos que no se correspondían al trazado establecido, pero enseguida nos pusimos en la ruta correcta. Fuimos durante mucho tiempo por carretera local sin tráfico y en continua subida hasta el pueblo de Ambás donde vimos el desvío al monasterio de Sta. María de Valdedios, lugar que merece la pena visitar. Tiene albergue pero no pudimos ver nada, solo desde el exterior.
Para más información acerca del Monasterio de Valdediós:


El albergue estaba cerrado a cal y canto como el monasterio en sí. Sabíamos que todo lo que llevábamos de subida lo habíamos perdido en el fuerte descenso hasta el monasterio y que teníamos una gran pendiente hasta el pueblo de la Campa, el porcentaje de subida era el 9,12%. Para mí como un puerto de primera. Tengo que confesar que en los momentos de mayor pendiente eché pie a tierra, y eso que era un camino hormigonado con lo que la bicicleta debería de subir mejor que sobre camino de tierra.

Desde La Campa hasta La Carcavá bajamos esos tres kilómetros por carretera, desde allí hasta el Rebollar de Casares fuimos por carretera pero de esas de tercer orden sin tráfico, cogimos un bonito camino que pasaba por la capilla de Nuestra Señora de Bienvenida, que aparentemente no tenía mucho atractivo. Continuamos por caminos hasta Pola de Siero. Llegamos al pueblo del Berrón por la N-634. Por una carretera local llegamos a Granda, muy cerca de Oviedo. Para ir al hotel Ibis pusimos la dirección en el TOMTOM y nos llevó sin mayores complicaciones.

Allí nos estaba esperando Emilio quien nos indicó donde dejar las bicicletas y donde estaba el bar. Después de las cervezas de llegada y las duchas, nos fuimos a comer a un bar que nos dijo la señorita de la recepción. Comimos en el restaurante NARANCO el menú del día y muy bien. La mayoría nos inclinamos por unos garbanzos con marisco y un pescado.


Después de una pequeña siesta nos fuimos andando al centro, 25 minutos. Habíamos quedado con un antiguo compañero, asturiano y gran bebedor de sidra, que nos llevó a un par de sidrerías. Nos despedimos de él y andando volvimos al hotel Ibis. Un hotel de lo más funcional, en una diminuta habitación había una cama de matrimonio y en la cabecera una litera. El baño, inodoro y lavabo totalmente independientes entre ellos, en fin muy curioso, como sacado de Ikea.

4 habitaciones a 29€




















Día 10-Sep-2013: OVIEDO - TINEO 



Hora salida: 9,00 h 



Hora de llegada: 17,20 h 


Tiempo en movimiento: 5,35 h 

Tiempo en descanso: 1,30 h 

Velocidad media en movimiento: 12,8 Km/h 

Velocidad Max.: 56,5 Km/h 

Ascenso acumulado: 1237 mts. 

Km: 71,8 



Desayunamos en el mismo hotel una especie de buffet que no estaba mal del todo. Yo aprovechando que había panecillos y embutido me hice el consabido bocatín para el camino. Camino que se presentaba un poco complicado por las previsiones del tiempo, al final de la mañana se preveían lluvias. A Quintín le tocaba la furgoneta y tan contento que estaba. Hoy empezaba el primer día de verdaderas subidas, una la de Cabruñana y la otra el puerto de la Espina, con 14 Km de subida. 


Salimos del hotel buscando las conchas del camino según nos indico la señorita de recepción del hotel. Fuimos callejeando y casualmente las calles todas de subida, estilo San Francisco (EEUU). Pero enseguida tuvimos una bajada hasta Malpica. No sé bien porque me dejaron a mi ir el primero, quizás porque pensaban que sabia el camino. En el GPS llevamos la traza que previamente habíamos hecho en casa, pero hay veces, como esta, que nuestra traza no coincide con el del camino y nuestra orientación es solo por la línea que nos marca el GPS. En este caso tardamos un poco en coger la ruta y oí al peregrino Teo decir que no veía las conchas, yo tampoco pero al momento vi una y me vino perfecto para llamar la atención a Teo por desconfiado, la verdad que fue suerte, pero… 

En Malpica empezó una subida de tres kilómetros hasta la venta de Escarpelo, y desde allí a Grado prácticamente todo bajada. El tiempo empezó a ponerse feo, cielo encapotado y amenazando lluvia. En Grado paramos a tomar un café y un bocadillo, para afrontar la primera subida a Cabruñana. Yo tenia muy claro que lo iba a hacer por carretera, para eso llevaba las ruedas más finas, el resto lo harían por caminos. Debido a esta decisión fue por lo que salí antes que ellos, y quedamos en vernos en el alto de Cabruñana, que seguro habría un bar. 

La subida no se me hizo muy difícil pero lo hice a buen ritmo, bueno a mi ritmo, el caso que cuando llegué al bar no estaban ellos. Tomé una cerveza y al rato llegaron medio empapados, mientras les esperaba en el bar se puso a llover, aunque después dejo de hacerlo. Mientras yo había subido por la carretera ellos lo hicieron por los caminos, como Dios manda. 


La bajada hasta Cornellana la hicimos por la N-634 y aquí se puede aplicar el refrán de: “que poco dura la alegría en casa de los pobres”. Desde Cornellana hasta el final de etapa era todo subida, unos 30 Km. y amenazando lluvia. En Cornellana nos preparamos con ropa de lluvia y comenzamos a pedalear. Pedro iba conmigo y cuando el resto vieron las indicaciones del camino se fueron tras ellas. Pedro y yo continuamos por la carretera. Luego supe que Pedro se había quedado conmigo para acompañarme, algo que es de agradecer. Fuimos poco a poco ascendiendo con alguna parada para beber agua, tomar frutos secos, y hacer alguna foto. Al rato Pedro empezó a alejarse y con cierta lógica por como se estaba poniendo el día, ya comenzaba a caer agua, al principio era la que arrojaba la niebla, pero más adelante era lluvia y más cuando pasábamos por debajo de los castaños que teníamos junto a la carretera, en esos momentos nos caía también la de las hojas. A mitad de subida, aproximadamente, apareció Quintín con la furgoneta. En esos momentos pensé subirme a ella, pero algo me dijo que tenía que seguir un poco más, así que me senté en la bici y tranquilamente continué con la larga subida, era tal el aburrimiento que a ratos ponía el plato grande, subía de pie, andando, ponía el plato más pequeño, me quitaba el chubasquero, me lo volvía a poner, paraba a sacar fotos, y sobre todo comía pasas e higos. 

Llegué a la Espina sobre las 15,45h, mojado, con sed y hambre. A la mitad del pueblo vi a unos ciclistas y por un momento pensé que eran “mis peregrinos y Quintín”, pero al no ver la furgoneta me fijé mejor y eran unos chavales que iban haciendo el camino con sus alforjas, a lo largo de los siguientes días nos fuimos encontrando con ellos. Quintín y Pedro estaban en el último bar. Allí paré, y entre cervezas y pinchos que nos iba poniendo hicimos tiempo para que llegara el resto, empapados y cansados. Nos dijeron que al final subieron por la carretera. Allí me enteré que habían estado con Quintín en Salas tomando un refrigerio, que “jodios” mientras Pedro y yo subíamos el puerto. 

En La Espina tiré la toalla, saque ropa seca y me fui con Quintín al hostal de Tineo, quedaban 10 Km. Me autoconvencí de que era una buena idea irme en la furgoneta, total ese tramo ya lo había hecho en dos ocasiones, y aunque no lo hubiera hecho también me habría subido a la furgo. 
Les dimos un margen a los de la bicicleta, Quintín y yo tomamos un café antes de salir hacia Tineo. La verdad que llegamos prácticamente a la vez. 

Después de la consabida ducha, imprescindible siempre y esta vez con más motivo, esperamos a unos amigos que estaban hospedados en el Parador de Cangas, y en cuanto aparecieron nos fuimos a dar una vuelta y a tomar unas sidras. En una carnicería compré unas fabes, como siempre que he ido a Tineo, después decidimos ir a cenar. 

El día anterior nos había dicho Javier, mi amigo el asturiano, que fuéramos a cenar a la Casita, detrás de la emita de San Roque. Preguntamos en el bar La Fogaza y siguiendo sus instrucciones nos dispusimos a subir por una carretera asfaltada unos dos kilómetros. Llegamos a la ermita y junto a ella había un complejo deportivo y la Casita, pero cerrada. Sin perder mucho tiempo nos volvimos al bar La Fogaza y cenamos allí. Todo un acierto, pedimos en menú del día, y en los segundo platos hablando con la propietaria resultó ser del mismo pueblo que una compañera mía de la oficina, con eso y nuestra simpatía nos empezó a sacar platos de segundo que no veíamos el final. 

Pensión La Posada, dobles a 35€ y la triple a 50€ 


Día 11-Sep-2013: TINEO – EMBALSE de GRANDAS 



Hora salida: 9,00 h 



Hora de llegada: 17,43 h 



Tiempo en movimiento: 5,43 h 



Tiempo en descanso: 2,53 h 



Velocidad media en movimiento: 12,2 Km/h 



Velocidad Max.: 54,3 Km/h 



Ascenso acumulado: 1290 mts. 

Km: 67,62 



Amaneció con niebla pero con buenas perspectivas de que haría un buen día de bicicleta aunque algo fresco. El desayuno lo hicimos frente a la pensión, tampoco había muchos más sitios donde desayunar. 


Nada más sentarnos en la bicicleta teníamos una corta pero muy fuerte subida, como una pared. Salimos por un camino en lugar de hacerlo por la carretera como lo teníamos previsto, mas duro pero más bonito, estuvimos ascendiendo unos 5,5 kilómetros donde subimos 250 mts, desde la cota 650 hasta la de 900 mts. El camino tenía su dificultad por lo que en algún momento tuvimos que hacerlo a pie. 

Este día llevaba la pick-up Teo, a quien se le dijo que nos esperase en un punto determinado con la idea de que él cogiera la bicicleta y fuera con los del equipo “A” por la alternativa de los hospitales. Esta opción de la ruta era muy fuerte, Quintín y yo ya lo habíamos hecho en el año 2008, junto con Valva, y nos resulto el tramo más duro de cuantos caminos habíamos realizado. Nuestra sorpresa fue cuando nos encontramos con Teo y no estaba vestido para montar en bicicleta, por lo que por unanimidad decidimos no hacer esa variante de los Hospitales y continuar la bajada hasta Pola de Allande. Aquí nos tomamos unos bocadillos en el hostal “ La Nueva Allandesa”, lugar donde se come muy bien y es recomendable probarlo. 

La larga subida del puerto del Palo se me hizo bastante dura y después de 10 Km de los 14 que tiene el puerto, me baje de la bici para ir andando un poco, algo que me vino muy bien para mis rodillas. Ya casi en la cumbre me estaban esperando en la fuente de las mujeres, tomamos un poco de agua, y seguimos subiendo hasta lo mas alto. Allí nos abrigamos bien para realizar el descenso, hacía muchísimo viento. 

En Berducedo nos paramos a sellar y tomar un café. Quintín y yo habíamos decidido seguir por la carretera mientras el resto lo hacían por el camino de la Sierra que tomaron en Montefurado, pero no fue una buena decisión porque volvieron a salir a la carretera después de hacerse una fuerte subida. 

Desde Berducedo nos quedaban 15 Km de bajada hasta la presa y un solo kilómetro de subida hasta el Hostal “Grandas”. 

Ya estaba Teo en el hostal cuando llegamos y fue él quien nos indicó donde dejar las bicicletas. El hostal en sí estaba muy bien, totalmente aislado de la civilización. Lógicamente la cena la haríamos allí, y con más motivo cuando hablamos con el cocinero y nos dijo la buena mano que tenia para cocinar. Yo me quedé en el hostal escribiendo la crónica mientras unos se fueron a Grandas de Salime y otros a dar un paseo por los alrededores del hostal. Al estar junto a una presa había como un poblado ya deshabitado, de los trabajadores de la central. 

La cena consistió en ensalada de tomate y fabes ( no eran de las mejores), otros pidieron algo más suave. El correspondiente orujo y a dormir. 

Hotel las Grandas, habitación doble 35€ 


Día 12-Sep-2013: EMBALSE de GRANDAS – O´CADAVO 



Hora salida: 8,50 h 



Hora de llegada: 16,15 h 



Tiempo en movimiento: 5,23 h 



Tiempo en descanso: 1,58 h 



Velocidad media en movimiento: 11,4 Km/h 



Velocidad Max.: 60,6 Km/h 



Ascenso acumulado: 1322 mts. 

Km: 61,16 



El desayuno no podía ser más que en hostal ya que no había nada en los alrededores. La furgoneta le tocaba en esta ocasión a Pedro. 


En esta etapa, nada más salir, teníamos unos 20 km de subida, por lo que habría que tomárselo con calma. Comencé la subida a un ritmo aceptable y con la mente puesta en que a unos 6 kilómetros estaba Grandas de Salime. 


Allí paramos a sellar en el ayuntamiento y mientras lo hacían les dije que yo me adelantaba, que nos quedaban 11 Km de subida. Hice toda la subida yo solo con el consiguiente aburrimiento, quedando unos 3 km me encontré a unos peregrinos que iban andando y durante un rato llevábamos el mismo ritmo, por lo que apreté los dientes, puños y todo lo que pude para ir despegándome de ellos. Llegue al indicador del puerto del Acebo y me hice la última foto con mi maquina de bolsillo porque después de un par de caídas se termino de romper del todo. La llevaba en la mochila y cada vez que me la quitaba se solía caer por no llevar bien cerrada la funda de la máquina. 

Ya estaba en la comunidad gallega, a partir de ahora todas las indicaciones de las conchas serían al contrario de las que llevábamos hasta ese momento. En el bar tome una cerveza y una porción de empanada mientras llegaba el resto, que habían subido parte del puerto por caminos siguiendo las indicaciones de la concha. Se tomaron un tentempié, y al salir a por las bicicletas había una peregrina uruguaya observándolas, nos pidió que si nos podíamos hacer una foto junto a ellas para enviárselo a su novio que quería hacer el camino con bici. Orgullosos nos pusimos delante de la cámara. 

De Montouto a Paradavella fueron unos 8 kilómetros de fuerte bajada, ya solo nos quedaba el último repecho a Fontanera, justo al comenzar aparecía una señal para hacerlo por el camino, yo tenía muy claro que por allí no me metía. Carlos y yo fuimos por la carretera y el equipo “A” lo hizo por el camino pero al momento aparecieron diciendo que era intransitable y que era una paliza seguirlo. 

En Cadavo nos esperaba Pedro en la pensión Eligio en la que los baños eran compartidos. Emilio fue hasta Lugo para recoger a Carlos y Valva que se unían a nosotros en O´Cadavo. Dimos un paseo por el pueblo y yo recordaba que en un hostal o mejor dicho, en el hostal habíamos cenado las dos veces anteriores muy bien. Esta vez no fue como en aquellas ocasiones. Tardaron mucho en atendernos. Antes de cenar y mientras llegaban los nuevos peregrinos estuvimos tomando unos vinos en otro bar que nos ofrecían unos pinchos de tortilla muy buenos, por lo que repetimos ronda y nos acabamos la tortilla. 

Después de cenar nos fuimos a la pensión y a dormir, no había muchos sitios donde ir. 

Aunque todavía no habíamos entrado el camino francés se empezaba a ver bastantes peregrinos. Nuestra pensión y el albergue (muy bueno) estaban sin plazas libres y supongo que el hostal donde cenamos también. 

Pensión Eligio, dobles a 35€ y triple a 50€ 


Día 13-Sep-2013: O´CADAVO - MELIDE 



Hora salida: 8,30 h 



Hora de llegada: 19,04 h 



Tiempo en movimiento: 6,38 h 



Tiempo en descanso: 3,31 h 



Velocidad media en movimiento: 12,2 Km/h 



Velocidad Max.: 52 Km/h 



Ascenso acumulado: 1276 mts. 

Km: 80,68 



Desayunamos en la pensión. Ya éramos 9 y la furgoneta le tocó a Andrés.

Hacia un poco de fresco por lo que nos abrigamos con lo que pudimos, como a 500 metros tuvimos una fuerte subida que hizo que nos sobrara todo el abrigo que nos habíamos puesto. Ya estábamos en Galicia, por lo que esos puertos que pasamos los días anteriores no se repetirían, pero a cambio sabíamos que ahora tocaba lo que llaman “rompe-piernas”, que es subida y bajada continua, creo que más duro que los puertos, bueno al menos es diferente. 

Esta etapa nos resultó especialmente dura, por la distancia (80 Km), por el fuerte calor (rondaban los 30 grados) y por ser carretera de asfalto, eso eleva la temperatura y posiblemente el cansancio. 

Hasta Lugo (Km 32) no fue muy complicado, la tendencia era a bajar con algún repecho fácil de solventar. Llegando a Lugo, en Castelo de Arriba, a Pedro se le reventó la rueda delantera, le hicimos un apaño para que pudiera continuar y así lo hizo hasta Lugo, donde a base de preguntar encontramos una tienda de bicicletas, justo al lado había un bar, por lo que mientras unos estaban enfrascados con el cambio de cubierta y la reparación de la bici, otros estábamos viendo donde poder comer.

Estuvimos en Lugo desde las 12 del mediodía hasta las 14h, demasiado tiempo. La salida de Lugo la hicimos, nada mas cruzar el río Miño y durante 4 kilómetros ascendiendo hasta San Xoan do alto, ya lo dice el nombre. Luego ya fue mucha carretera y mucho calor. Según el track que llevábamos cargado deberíamos llegar a O´Hospital por carretera, pero siguiendo la señalización nos metimos por un camino ascendente llegando a la cota de 700 mts, desde aquí ya era todo bajada. En O´Hospital era donde queríamos que Andrés llegara para entrar juntos a Melide, pero fuimos a elegir el lugar llamado O´Hospital cuando resulta que hay tres o cuatro sitios que se llaman así, por lo que fue imposible que nos acompañara. 

El hostal Xaneiro era conocido por Quintín y Emilio ya que el año anterior estuvieron en él, cuando hicieron el camino francés. 

En Melide hay que parar en las pulperías y así hicimos, nos fuimos a cenar allí, pero antes en el hotel habíamos tomado varias cervezas acompañadas de buenas tapas caseras, una de ellas fue una tortilla de patatas con queso de la que no quedo nada. 

Como estaba previsto nos fuimos a tomar unas raciones de pulpo a Ezequiel, nos sorprendió la poca gente que había. De allí nos fuimos a otra pulpería para terminar de cenar. Aunque la noche no era calurosa nos sentamos en una terraza a tomar un café antes de volver al hostal. 

Pensión Xaneiro, dobles a 45€ y la individual a 30€ Aquí en Melide se junta el camino primitivo con el camino francés por lo que aumenta considerablemente el numero de peregrinos. A partir de ahora teníamos que llevar mucho cuidado porque estos peregrinos, inconscientemente, nos tapaban el camino. 





Día 14-Sep-2013: MELIDE - SANTIAGO 



Hora salida: 8,50 h 



Hora de llegada: 15,56 h 



Tiempo en movimiento: 4,50 h 



Tiempo en descanso: 2,24 h 



Velocidad media en movimiento: 11,6 Km/h 



Velocidad Max.: 37,8 Km/h 



Ascenso acumulado: 897 mts. 

Km: 56,18 




Desayunamos muy bien en el hostal, casi tipo buffet. La furgoneta le tocaba a Carlitos y acordamos con él que dejara las cosas y la furgoneta en el albergue del monte do Gozo (6€ desde el 1 de Mayo), e hiciera el camino al revés, no tendría ningún problema ya que se iría encontrando a los peregrinos de cara. En un principio dijimos de encontrarnos en el alto de Santa Irene, pero parece que prefería en O´Pedrouzo, para no hacerse la subida. 




Esta última etapa es la típica de Galicia con continuas subidas y bajadas. Nada más empezar ya teníamos la primera subida, junto al cementerio. Prácticamente toda la etapa se realizó por caminos con lo que el problema ya no eran los automóviles, sino los peregrinos que cada vez se hacían notar en mas cantidad. 

Paramos en Arzua a tomar un café y algo de bollería, llevábamos unos 14 kilómetros y unos cuantos repechos. En la puerta vimos la típica furgoneta que alquilan los peregrinos para que les lleven los bultos de etapa en etapa, es una buena solución y de fiar. 
Nos llamó Carlitos diciendo que hasta la una no abrían el albergue por lo que dijo que dejaba allí todo y se volvía con la bicicleta hasta O´Pedrouzo como habíamos quedado. 

Nosotros llegamos a Santa Irene a las 12,15h, de Carlitos no sabíamos nada. En este punto hay dos bares por lo que sin mayores contemplaciones nos pedimos unas cervezas y unos pinchos de tortilla recién hechos, los pinchos eran casi media tortilla. Cuando ya estábamos a punto de levantarnos para continuar, apareció Carlitos. 

Sobre las 13,30h salíamos dirección Santiago. Solo quedaban 25 km con dos fuertes repechos, uno el de Lavacolla y el otro el de los repetidores de antenas. 

A esta altura vemos que Carlos Quintín, iba el primero algo destacado, se baja de la bicicleta y le planta dos besos a una peregrina que iba andando. Lo primero que pensamos fue que había perdido la cabeza por el esfuerzo de las subidas y el cansancio acumulad, pero cuando llegamos a su altura vimos que la peregrina era una amiga suya. Antes de llegar al Monte do Gozo nos desviamos hacia un restaurante para asegurarnos la cena. 

En el Monte do Gozo Teo selló las credenciales y continuamos hasta la catedral, pasamos por delante del albergue pero no paramos para no demorarnos mucho. 

Ya en la plaza del Obradoiro nos hicimos las fotos de rigor y fuimos a por la compostelana. Para comer, ya era tarde, habíamos pensado en el Gato Negro pero al estar cerrado no nos anduvimos con muchas historias y en la primera terraza que vimos nos bajamos de las bicis y nos sentamos a tomar unas cervezas y empanada. 

Después de comer nos fuimos hacia el albergue, todo subida para no variar, pasamos por una gasolinera para dar un agua a las bicicletas que al día siguiente unas irían en autobús (2) y el resto (7) en la pick-up. Nos inscribimos en el albergue, ducha y a la cafetería a hacer tiempo para la hora de la cena. 





A las 21h nos sentábamos en el restaurante Suso que ya conocíamos de otros años y nos pedimos una mariscada que no son caras, tampoco la materia prima es excelente, pero bueno nos la terminamos. Con esta cena dábamos por terminado el XIII camino de Santiago. 

Albergue Monte do Gozo, 6€ 





Al día siguiente unos se fueron en autobús para recoger el coche en Lugo, otros en autobús directamente hasta Madrid y los más afortunados en la pick-up. 

Ramón

Nota: Todos los datos de velocidades, kilómetros, desnivel, etc han sido obtenidos del GPS que llevábamos y como resumen podemos decir que hicimos 460 Km, a una media de casi 66Km/día. Un desnivel acumulado total de 7.992mts que sale unos 1140mts/día, y como última curiosidad decir que estuvimos en esos 7 días 39 horas aproximadamente sentados en el sillín, a una media de casi 6 horas /día 


La Ruta de la Plata en Extremadura

La vía de la Plata era en origen una calzada que unía las ciudades romanas de Emérita Augusta - Mérida y Astúrica Augusta - Astorga. Durante su largo recorrido de 430 kms. la calzada atravesaba a su vez numerosas poblaciones de gran importancia en época romana como Cáparra, Ambracia (Plasencia), Norba Caesarina (Cáceres)..., grandes ríos - Guadiana, Tajo, Tormes - y frondosos valles como el del Jerte o el del Ambroz.

Al contrario de lo que pueda pensarse, nunca se comerció con plata en esta vía pero su nombre primitivo, "Via Delapidata", ha llegado deformado hasta nuestros días.

Actualmente la calzada original está muy deteriorada o ha desaparecido en gran medida debido al paso del tiempo pero aún podemos encontrar lugares que conservan parte de su empedrado original, por ejemplo en Mérida cerca del Museo Nacional de Arte Romano y también en Cáparra donde además de la calzada podemos admirar su arco tetrápilo, único ejemplar de estas características que se conserva en España.

Arco romano de Cáparra

La ruta se puede realizar ahora cómodamente por la autovía de la Plata y de hecho se ha ampliado su longitud abarcando desde Sevilla hasta Gijón. Además, gracias a Paradores, tenemos la suerte de poder realizar la ruta por Extremadura alojándonos en 4 de las mejores casas de la firma.



Empezando de norte a sur el primer Parador que nos encontramos dentro de la provincia de Cáceres es el de Plasencia situado en un convento gótico del siglo XV. Aquí se pueden visitar su casco histórico, catedral (nueva y vieja), el Acueducto de San Antón y el museo etnológico. Sin olvidar que se trata de la cabecera del valle del Jerte, famoso por sus cerezos y su paisaje.
Más información sobre Plasencia

Acceso al Parador de Plasencia

A menos de 60 kms. al sur, la hermosa ciudad de Cáceres, aún mantiene casi intacto gran parte de su trazado medieval. El Parador se ubica en 2 palacios del siglo XIV y ha sido reformado recientemente. No dejéis de pasear por sus calles, subir a la muralla, entrar al aljibe y visitar sus numerosas iglesias y palacios. Cáceres de noche también merece la pena. Sacad ticket para el trenecito nocturno, es una delicia de paseo. Tomar unas tapas en su Plaza Mayor es casi obligado, La Minerva es una excelente opción. http://laminervacaceres.com/

Más información sobre Cáceres

Plaza Mayor de Cáceres
A continuación, y ya en la provincia de Badajoz, llegaréis a Mérida, con sus restos arqueológicos romanos integrados en la ciudad, su puente sobre el Guadiana y esos grandes monumentos que nos han llegado hasta hoy que son el Anfiteatro y el Teatro Romano. El Parador, que se encuentra en un antiguo convento del siglo XVIII, necesita algunas mejoras y modernización pero sus muros encalados y sus rejas le aportan un particular encanto especialmente de noche. Supone visita obligada el Museo Nacional de Arte Romano para contemplar mosaicos, estatuas y un sinfín de objetos romanos hallados en la Península Ibérica.

Por último, no queríamos olvidarmos de Zafra. Acogedor pueblo pacense donde además de su gastronomía, a la que nos hemos referido en varias ocasiones, son dignas de admirar sus plazas, grande y chica, sus palacios y casas blasonadas y presidiendo todo ello su Parador, emplazado en el majestuoso castillo del siglo XV que fue residencia de los Duques de Feria, señores de la comarca. Recomendamos comer en "Josefina", no os defraudará.

Parador de Zafra
Más información sobre Zafra

Extremadura es muy grande para abarcarla de una sola vez. De hecho nos dejamos en el tintero otros 3 Paradores muy queridos pero confiamos que os guste nuestra propuesta de ruta por la Vía de la Plata extremeña.

Unos amigos de Paradores


Ruta de tres días por Cáceres


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Día 1. Comarca de La Vera

Empezaremos nuestros tres días en Jarandilla de la Vera, por ejemplo alojados en su magnífico Parador.
Esta región extremeña, va desde Madrigal de la Vera hasta Plasencia, pasando por multitud de pueblos, dedicados hoy a la agricultura y al turismo. Zona de bellísima y exuberante naturaleza, con sus gargantas, robles, almendros, cerezos..., que junto al legado histórico de Carlos V configuran un lugar que no te dejará indiferente. Ya sabéis Extremadura nunca defrauda. Os dejo el artículo que escribimos sobre la zona.



 http://unosamigosdeparadores.blogspot.com.es/2012/07/jarandilla-de-la-vera-y-carlos-v.html.


A continuación os dejo el vídeo de los pueblos de la Vera para que observéis la belleza y singularidad de esta zona.

http://unosamigosdeparadores.blogspot.com.es/p/videos.html

La Vera es para estar una semana perdido por allí, bañarte en cualquiera de sus gargantas, pero para conocerla en su conjunto lo mejor es carretera, parar en cada pueblo y patearlo. Comer en esta zona es fantástico, a los productos del cerdo, se une la buena caldereta de cordero, unos quesos excepcionales y unos repostería dulce dulce.






Día 2 Plasencia y el Jerte




Plasencia tiene la peculiaridad junto a Salamanca de tener dos catedrales, la vieja y la nueva, restos de su muralla con algunas puertas todavía en uso, una bonita y concurrida plaza mayor y multitud de edificios dignos de ver.
Como alojamiento os proponemos el Parador de Plasencia, es un acierto seguro, por sus instalaciones, piscina incluida y por su ubicación.
Para comer o cenar, el restaurante del propio Parador, en el antiguo refectorio, es un lujazo para los sentidos. Para tapear o de raciones os recomendamos la Pitarra del Gordo en plena Plaza Mayor, cualquier derivado del cerdo con un poco de vino de pitarra, una exquisitez para el paladar.

Aquí tenéis el artículo de Plasencia para que os empapéis de esta magnífica ciudad.

http://unosamigosdeparadores.blogspot.com.es/2012/11/plasencia-para-agradar-dios-y-los.html

Plasencia es el inicio del Valle del Jerte, cuna de la mejores cerezas y picotas de España, subir hasta el pueblo de Tornavacas y contemplar la magnífica vista de todo el valle es algo que no podéis dejar de hacer. Realizar la Ruta de los Pilones remontando el río, viendo las pozas y los recovecos que el agua va creando es algo magnífico. Visitar este valle con los cerezos en flor es un espectáculo, pero eso sí, paciencia si lo hacéis, se pone infernal de gente. Este valle es precioso en cualquier época del año.

Día 3 Monfragüe y Trujillo

Desde tierras placentinas nos dirigimos hacia Trujillo, pueblo de conquistadores, atravesando el nombrado recientemente Parque Nacional de Monfragüe, una extensión de paisaje de bosque mediterráneo, plagado de encinas y alcornoques todo ello horadado por un serpenteante río Tajo. Una auténtica joya paisajística con una gran variedad de flora y fauna mucha de ella endémica del lugar. Subir al castillo y observar durante un buen rato lo que te rodea con un bocadillo entre las manos, es uno de esos placeres que hay que experimentar.

Para el que quiera profundizar un poco más sobre esta zona os dejamos el enlace del artículo que escribimos sobre Monfragüe.

Más información sobre Monfragüe



Después de disfrutar de la naturaleza, es un placer llegar a Trujillo y disfrutar de la historia y arte que emanan todos sus rincones. Un pueblo que gira en torno una imponente plaza, presidida por una espectacular alcazaba y un sin fin de edificios tanto religiosos como civiles de gran belleza arquitectónica. Pasearlo es una gozada, os recomiendo una visita guiada, te haces una idea de lo que es y lo que fue esta villa extremeña.

Atardecer en Trujillo

Para alojarse como no os recomendamos el Parador de Trujillo con su impresionante patio y excelentes habitaciones tanto en su parte antigua como nueva. Desayunar en su iglesia le da un carácter único. Y como siempre el servicio y la atención excelentes. Contratar aquí la visita guiada es acertar y si es al atardecer tendréis unas magníficas vistas desde la Alcazaba.

Para que os empapéis más de este pueblo os dejamos el enlace del vídeo de Trujillo que hicimos para la ocasión.

http://unosamigosdeparadores.blogspot.com.es/p/videos.html




   





Esta es una ruta que se podría hacer por la provincia de Cáceres, pero hay otras muchas y multitud de combinaciones posibles,  esta es nuestra propuesta  que espero que os haya gustado, Extremadura nunca defrauda.

Unos amigos de Paradores



Globalización Resort

Nada más entrar en el hotel me percaté de que sus instalaciones eran magníficas. Ya lo adelantaba su página en Internet. “A 150 m de una espléndida playa el hotel “Marsalada Beach Resort” cuenta con todas las instalaciones necesarias para lograr que sus vacaciones resulten inolvidables. Seis piscinas, sala de cine para 50 personas, gimnasio, spa, talasoterapia y una amplia variedad de masajes impartidos por personal especializado. Durante todo el día un grupo de animadores hará las delicias de nuestros clientes y por la noche, en la sala Belvedere podrán disfrutar con una amplia variedad de shows, para todas las edades. A las 12 de la noche, baile con música en directo por la orquesta “Midnight Dream” que acompañará a la fabulosa vocalista Silvana. El servicio “todo incluido” le permitirá disfrutar de nuestro restaurante Buffet “La Boullavaise Feliz” o comer a la carta en cualquiera de nuestros restaurantes especializados en comida japonesa, mexicana, francesa o italiana. En la piscina “Lago de la Sirena” podrá degustar, sin salir del agua, su bebida preferida en el snack bar Neptuno. Todo el hotel y personal están especializados para que usted y los suyos pasen unas vacaciones inolvidables sin necesidad de salir de nuestras instalaciones…”

De eso hacía ya cuatro días durante los cuales mi mujer y yo pudimos comprobar la realidad de todo lo anunciado. Todavía nos quedaban diez días más de vacaciones y fue ese sábado cuando decidimos realizar una escapada nocturna al pueblo más cercano. “Cenaremos en algún restaurante del paseo marítimo, Cari, y luego podremos tomar un pelotazo en alguna disco de la zona, -le dije a mi mujer mientras subíamos a recepción para que llamasen a un taxi-. La señorita de recepción, lucía en su impecable uniforme un distintivo en el que se podía leer: “Gedra Freshnner”. Gedra nos miró la pulsera de plástico que nos pusieron a nuestra llegada que confirmaba que éramos clientes del hotel con derecho a “todo incluido” y una amplia sonrisa iluminó su cara. 
-¿En que puego segvigles? –Dijo con un evidente acento alemán.
-Eh… Bueno, ¿Podría llamar a un taxi?
-Mmm. ¿Un tagxi? 
-Si, -respondí-. Es que queremos salir a dar un paseo esta noche. Hemos pensado cenar fuera y…
-¿Un tagxi? –Volvió a preguntar ella sorprendida-.
-Si, eso, un taxi. Un coche de esos blancos con una raya colorá que te llevan a donde les pidas.
La cara de Gedra cambió instantáneamente.
-Pegdon, señog, pego sé pegggfectamente lo que es un taxi. Lo que no entiendo es paga que necesitang un tagsi. Ustegues no se van hasta…. dengtgo de diez dias y además el turopereitor tiene un magnífco bus paga guecogegles y llevagles al aegopuegto. Yo… Disculpe pego no compgerendo nada. ¿Están ugstegdes desacontentogs con el segvicio del hotel?
-No, estamos encantados. Todo es precioso, -contesté con paciencia. Lo que pasa es que esta noche, mi mujer y yo queremos cenar en el pueblo y…
-Pego… Ustegues tienen pulsega y eso quiegue decig que gozan del “all Included”. Todo pagado en el hotel. No tienen necesidag de gastag sus iugos. ¿Es que no les place nuestgra comida?
En ese momento, Gedra empezó a hacer pucheros y una lágrima resbaló por su mejilla.
-¡Oh, si! Todo es magnífico –reiteré-.
-Pues entongces… -y paró de hacer pucheros-. ¿Pog qué quieguen ig a cenag fuega? Tenemos nuestros guestaugantes a su disposición. All included ¿Guecuegdan? Sin gastag sus iugos.
-Ya, pero… nos apetece dar un paseo, luego tomar una copa… 
-¿No le aggada nuesgtro show? Tieneng todo tipo de bebigdas en elg bag. Esta noche el grupo “Beijing Magic les sogprendegá. Son seis, seis… Mmm. ¿Cómo se dice…? ¡Equilibrigstos! ¡Oh, si! No se lo pueguen unstedes pegdeg… Son ellos magníficos y ellas muy guapas que guealizan ejejcicios sobre cuegda floja miengtras con boca sujetan papagayo de Siam con jaula y todo…

Cari tiró suavemente de mi brazo. 
-Es igual, Cari, me dijo, no podemos hacerle esto a Gedra. Ya saldremos mañana. Hoy me apetece ver a esos equilibristas pequineses con su papagayo siamés.
El espectáculo no estaba mal, reconocí. Pero yo hubiera preferido cenar fuera esa noche. Mañana, le dije a Cari, saldremos pero, para evitar problemas buscaremos un taxi nosotros mismos. Se ve que esa Gedra tiene mucho cariño al hotel. 
Si, Cari, -respondió Cari-. No es necesario disgustarla.

El día siguiente, a las nueve de la noche, Cari y yo, perfectamente arreglados, nos disponíamos a salir por la amplia puerta giratoria del hotel. A mitad del recorrido la puerta se detuvo. Empujé decidido la hoja giratoria pero, inexplicablemente la puerta giró en sentido contrario al esperado. Caminamos unos pasos hacia atrás hasta volver al hall donde una Gedra sonreía inquisitiva.
-Mmm. Pegdon. ¿Puedo ayudagles?
-Si, gracias, Gedra. Es que la puerta se ha estropeado. Intentábamos salir al exterior y…
-¿Salig al egsteriog? ¿Pog qué quieguen salig al exteguiog? 
En esta ocasión, fue Cari la que se adelantó.
-Es que… es que… Querríamos hacer algunas compras.
-Pues pog aquí no se va. Nuestgo centgo comegcial, con tiendas de todo tipo está dos plgantgas más abajo.
Intervine yo decidido a no dejarme impresionar por la recepcionista.
-Ya, pego… digo… pero es que necesitamos… ¡Una farmacia! Quiero comprar mmm. Comprar… ¡Un antiinflamatorio! Me torcí un tobillo esta mañana y ahora me duele un poco el pie.
Gedra tomó su teléfono móvil y gruñó algunas palabras en alemán. Veinte minutos más tarde me encontraba yo en el consultorio médico del hotel. Dos radiografías del pie hechas, una latero-lateral y otra dorso-plantar y mi tobillo envuelto en una apretada venda elástica que juré quitarme en cuanto saliera de allí, además de sendas muletas en mis manos. El doctor Maurice Poirot” sonreía profesional. “Et… pas de prepocupations pour l´arcent mon cher ami! . Cést, como siempge All included. ¡Y tomegse la medecin chaque huit heures! En un pag de diags quiego vegle pog aquí de nuevo.
Escucha, Cari, -le dije a Cari en la tarde del día siguiente-. Tenemos que salir de aquí sin que nos vea esa recepcionista de los co… de los co… Bueno, sin que nos vea Gedra. 
-Si, pero, ¿cómo? –Contestó Cari-. Esa mujer permanece siempre de guardia en la recepción. Y no sé si habrá otra salida.
-Tiene que haberla. Una entrada de mercancías y, al menos otra, por la cual entre y salga el personal. 

Cari asintió con la cabeza. 

‑Ayer, mientras el doctor Poirot te vendaba el pie vi una puerta que ponía “Exclusivo para personal del hotel”. Quizás sea esa la salida.
‑Bueno, Cari, nada perdemos por comprobarlo –asentí‑. 
Bajamos un piso y dejamos a la derecha el consultorio. Después de un largo pasillo vimos la puerta que buscábamos. Empujamos para comprobar que estaba abierta. Una amplia sala, con dos puertas. Una de acceso a un vestuario de personal y la otra por la que se accedía directamente a la calle. Gedra, apoyada en esta última y con la evidente intención de cerrarnos el paso nos miró fijamente a los ojos. En ese momento me pregunté cuándo había cambiado la sonrisa que presentó el primer día, por esos ojos de teniente de las SS responsable de la seguridad de un lugar como Auschwitz del cual, evidentemente, hubiera resultado más fácil fugarse.
‑Mmm perdón, ‑ije en un susurro‑. ¿El doctor Poirot está por aquí? Es que me duele el pie.
Mientras en mi habitación me quitaba las vendas elásticas por segunda vez pensaba en el dolor de mi trasero originado por la inyección de Nolotil 500 que el matasanos belga me acababa de poner.

‑Escucha, Cari. Esto requiere un plan más elaborado. En algún momento esa mujer tiene que dejar de vigilar. ¿Has hecho indagaciones?
-‑Si, Cari. He recorrido la playa y hacia unos 300 metros por el norte y otros tantos en dirección sur hay alambres de espino y un par de torres con focos iluminando el perímetro. También he escuchado ladrar algunos perros. Y juraría que en lo alto de la torre estaba Gedra mirando con prismáticos de campaña. Escapar por la playa me parece imposible. Recuerdas el estampido que escuchamos esta mañana? Fue el estallido de una mina antisubmarinos. Un turista japonés intentaba alcanzar la libertad a nado. Pobre. Mañana habrá una ceremonia sintoísta en su honor. Será por supuesto, en el restaurante Fuji y en el espectáculo de esta noche se hará una demostración de origama, lectura de haikus y una pelea de sumo. El hotel lo tiene todo pensado. ¿Iremos a la misa del japo? También está en el “todo incluido”.
-‑Si, iremos –respondí‑. Ese héroe merece nuestro homenaje. Después prepararemos la fuga.

La misa, en japonés, duró cerca de cuatro horas tras las cuales Gedra solamente autorizó la salida del cónsul del japón y de su chofer que también asistió a la ceremonia. Después se plantó ante la puerta giratoria para evitar que algunos clientes pudieran abandonar el hotel. Cari y yo nos dirigimos al bar “Ukelele”. Teníamos un plan previsto para salir a cenar esa misma noche. Sería necesario realizar una maniobra de distracción para la cual necesitábamos pedir varios vasos de ron. Tuvimos que apelar a toda nuestra paciencia pues el camarero, un senegalés de casi dos metros y negro como el ébano que apenas hablaba español, se empeñaba en que el ron debería ir acompañado de Coca Cola o al menos, de una rodajita de limón con dos piedras de hielo. Cuando por fin conseguimos que nos trajeran dos vasos de ron sin aditamentos, vaciamos éstos y otros doce más en una botella de cristal que antes había contenido agua con gas, tratando en todo momento, de ocultar nuestra acción a los ojos del senegalés que tras servir cada copa comprobaba, con el protocolo bien aprendido, que llevábamos en nuestras muñecas las consabidas pulseritas del “todo incluido”. Tras llenar la botella acudimos a la boutique “Fashion Genuine” en la segunda planta del hotel. 
‑Buenas tardes, ‑dije a la dependienta que nos atendía‑ quisiéramos saber si tienen ustedes trajes de soldado. 
La mujer, una argentina alta y delgada de mirada lánguida y cara de modelo de los 60 sonrió profesionalmente afirmando con un leve movimiento de cabeza. 
‑Ehh… claro, viite? En nuestra tienda tenemos todo tipo de vestidos y uniformes. ¿Es para la fiesta de disfraces de mañana? ¿Cierto? Y… digame cómo lo preferís vos. ¿Soldado del tercio de Flandes? ¿Husar de la reina? ¿Guerriyero boliviano? ¿Guardia Suíza del Vaticano…?
- Seleccionamos dos clásicos de carapintada argentino. Estaban de oferta pues regalaban la gorra y un par de trozos de carbón de hulla para tiznarse la cara.
Finalmente tuvimos que buscar un encendedor. En el hotel, clasificado para no fumadores, estaba absolutamente prohibido fumar. Y esto incluía desde la entrada hasta dos millas mar adentro. Observando al camarero senegalés comprobamos que tenía una mancha de nicotina en los dientes. Le seguimos un par de horas hasta que le pillamos en los urinarios del spá encendiéndose un pitillo. 

‑O nos das el encendedor o se lo contamos a Gedra –le dijimos con aspecto fiero. 

Con este último utensilio, que el camarero no dudó en entregarnos aterrorizado, todo estaba preparado para iniciar nuestro plan de fuga. La botella de agua con gas rellena de ron fue cerrada con una mecha realizada a partir del algodón que había desinfectado previamente la parte de mi anatomía que recibió el pinchazo del doctor Poirot. Nos pusimos la gorra y los uniformes, pintamos nuestra cara y en las mochilas colocamos una ropa más adecuada para la cena y unas toallitas desmaquilladoras para, al finalizar, poder retirar el tizne de nuestra cara.

Subimos a la recepción y tomamos posiciones nada más salir del ascensor. Cari corrió semi agachada hasta ocultarse detrás de un Ficus benjamina situado entre los ascensores y el Piano Bar que abriría quince minutos más tarde. Yo salté tras el mostrador del mismo, rodé hasta alcanzar el piano de cola arrastrándome entre las patas de éste y el taburete del pianista. Llevaba el Molotov en mi mano y hube de manejarme con cuidado para evitar que se derramase su contenido. El pianista, un italiano homosexual, acababa de llegar y en esos momentos tomaba asiento dejando sus piernas a unos centímetros de mi cara. Levantó la tapa del piano, colocó la partitura y, como cada noche dio inicio a su actuación, que, inevitablemente comenzaba con un Nocturno de Chopin. Esa era la señal acordada con Cari. Salí rápidamente de debajo del piano, ante la mirada atónita del pianista, al grito de ¡Banzai! con el que pretendía homenajear al heroico “japo” fallecido el día anterior. Con el encendedor del senegalés prendí la mecha de algodón y arrojé la botella hacia el mostrador de recepción en el que esos momentos se encontraba Gedra. Fue una lástima pero estuve a punto de acertarla en medio de la cabeza. La botella se rompió en un fragor de fuego y cristal y algunas sillas, una mesita y un fichero comenzaron a arder.

Gedra gritó con eficiencia teutona: “Atchung! Eine commander attack!” De inmediato pulsó un botón y varios chorros de espuma anti incendios apagaron las incipientes llamas mientras que el equipo de mantenimiento y limpieza reparaba con diligencia los daños sufridos. No importaba, era suficiente para la distracción, pensé, aunque volví a lamentar no haberle atizado en la cabeza a Gedra. Cari ya se dirigía hacia la salida y yo emprendí el mismo camino. Algunos clientes más envalentonados por la acción imitaron nuestro ejemplo emprendiendo una veloz fuga hacia la puerta giratoria. Alguien arrojó una maleta samsonite de un turista británico que en esos momentos intentaba la inscripción, contra el ventanal de acceso. También lanzó un lamento cuando comprobó que se trataba de un cristal blindado.

Pero había algo más con lo que no contábamos. Mientras sonaban las alarmas, unas enormes planchas de acero cayeron del techo paralelas al ventanal y a la puerta giratoria bloqueando, de manera irremediable, cualquier intento de fuga. Cari, yo y catorce clientes más, entre los cuales se encontraban varios menores, todos con los brazos en alto en señal de rendición, fuimos rodeados por la alemana que movía su cabeza de un lado a otro mientras fruncía sus labios pintados de carmín rosa pasión. 
‑Nein, nein, nein! ¿Ustegdes no compgendeg? Hotel all included, miguen sus pulseguitas. Cualgquieg cosa que necesitag, no pagag iugos. Comida, cena, bebidas, gopa, atgracgciones…
Cari y yo no pudimos mirar nuestras pulseras. De hecho las habíamos cortado y quitado para evitar que, durante la acción, pudieran dificultar nuestros movimientos. Miramos, en cambio, nuestras muñecas desnudas y el movimiento no pasó inadvertido para la alemana que abrió sus ojos azules hasta que sus párpados casi le alcanzaron las cejas. 
‑Noooo! –gritó‑. Pego, pego… ¿Ugstedes no teneg pulsega? ¿No egstán en all included? 
No dio tiempo a contestar. Nos agarró sin mediar palabra por el cuello del uniforme, nos colocó en la puerta giratoria y nos sacó de inmediato del hotel no sin antes gritar: ¡Españologs gogones, delingcuentes, tramposogs !

Nuestra primera cena en libertad fue magnífica. Luego nos dimos una vuelta por el paseo marítimo y nos sentamos en una terraza donde pedimos un café y un chupito de pacharán. Pagamos los 30 iugos… digoooo, euros, sonriendo. Era caro pero… ¿Alguien dijo alguna vez que la libertad tuviera precio?

 Chéspir

Los Monasterios

Del 10 de Setiembre de 2012 al 13 de Septiembre de 2012

El año pasado terminé el camino de Santiago número XII, en bicicleta,  y lamentablemente acabé “tocado” de las rodillas. A lo largo del año estuve yendo a los traumatólogos y me dijeron que era problema de la edad. Sin comentarios.

Bueno, el caso es que empecé a pensar que podría hacer este año sino hacía el camino de Santiago. Lo pensé muy detenidamente y se me pasó por la cabeza hasta  ir de chofer en el coche de apoyo con los peregrinos habituales, pero eso hubiera sido un esfuerzo para mi muy grande, el verles iniciar cada jornada el camino y yo quedarme en tierra, por eso seguí dándole vueltas y me pregunte porque no hacerlo en moto. Claro en moto parecía sencillo, en una de esas grandes que yo no tengo, pero de repente me dije ¿y porque no hacerlo en Vespa?  Para colmo, al poco tiempo me encontré con  mi amigo “Frigolín” y me dijo que él hizo el camino de Santiago en Vespa y que le gustó mucho, así que me dije a mi mismo, pues yo también lo haré.

Pasó el invierno, y en primavera me preguntaban los amigos el motivo por el que no salía con la bici, se lo expliqué y les dije que este año haría el camino en moto. Uno de ellos me dijo que se venia conmigo, con lo cual ya no podría hacerlo solo como era mi intención, bueno, también fue mi intención hacer el camino de Santiago solo durante muchos años y nunca lo llegué a hacer. 

Ahora que ya había comprometido a Teo, compañero de salidas en bici, no podía defraudarle asi que me puse a pensar como y por donde lo haríamos.

Evidentemente tendría que ser por carretera ya que una vespa por un camino es un peligro. Pero por carreteras que no fueran principales, así que solo quedaban las locales. 

Cuando íbamos en bicicleta siempre llevábamos una furgoneta donde las cargábamos  hasta el inicio del camino, pero con una moto es diferente, hay que salir con ella montado desde casa.

Otro tema que me hacia pensar era el tiempo, si llovía era una gran faena ya que si vamos en bicicleta siempre tenemos el recurso de la furgoneta. En moto te mojas…

El ir hasta Santiago… calculé mas de 700 Km. que eran muy apetecibles a pesar de lo negativo que he mencionado anteriormente. Me animé y me puse a mirar carreteras locales. Pensaba que lo bueno de la vespa era que podría desviarme de cualquier ruta establecida para ver monumentos, pueblos, etc, algo que con la bici se hace muy duro el separarte del camino establecido.

Cuando llevaba unos cuantos kilómetros marcados en los planos empecé a pensar en la vuelta a casa, desde Santiago de Compostela, otros 700 kilómetros mínimo y ya casi sin recrearte en lo que nos ofreciera la ruta por no entretenernos mucho en la llegada a casa.

Después de reflexionar el asunto vi otra posibilidad, salir de Sigüenza y hacer un recorrido que después de unos 650 Km. volviera a casa sin dejar de ver cosas por el camino. Desde Sigüenza hay una zona muy bonita que es el Alto Tajo, lo malo que hacia dos años lo había hecho ya, y no era cuestión de repetirlo en tan poco plazo de tiempo. Así que pensé en la zona de Soria y, eso hicimos.

De esa parte no conocía nada, pero si había oído hablar muy bien de los pinares y de lugares de cierto interés, como los monasterios, y por eso he titulado a esta ruta “La Ruta de los Monasterios”. Vimos el de Sistal, Yuso, Suso, Valvanera y alguno más.

Una vez que lo tuve claro tenia que decírselo a Teo y no sabía bien que me podría decir por el cambio. Teo es un hombre de buen conformar y le pareció genial que hiciéramos la ruta de los monasterios, encima conocía bastantes lugares y me dijo que había hecho una buena elección. 

Confeccioné el recorrido con su ayuda y salieron 720 Km., a hacer en cuatro días con tres noches. Acoplamos los días que nos viniera mejor a los dos y quedamos en comenzar el lunes 10 de septiembre hasta el jueves 13.

A todo esto se lo dije a algún amigo más, pero sin mucho éxito. Teo se lo comento a su amigo de marcha pero tenía comprometidas esas fechas para irse al Pirineo, que por un momento llegué a pensar que Teo se uniría a su amigo más que a mí, pero evidentemente no fue así, de lo que me alegré mucho.

Después  le pregunté a un amigo de la infancia, Gerardo, y al contarle el plan, se apuntó sin titubear ni en un instante.

Como dicen por ahí, la suerte estaba echada. Yo me llevaría la vespa 200 por ser la mas nueva,  25 años de antigüedad. Tendría que hacer algunos kilómetros con ella para que salieran los fallos antes del viaje, y salieron.

Esa vespa la tengo en Guadalajara, por lo que la empecé a llevar a la oficina para ir moviéndola un poco. Cuando vino mejor tiempo llegue a hacer unos tres viajes a Sigüenza por carreteras locales, en concreto por Jadraque. Son unos 80 Km. y me llevaba una hora y media escasa, lo único que paraba a tomar una cervecita a mitad de camino y por eso se prolongaba el viaje, hasta cerca de las dos horas. Para mis cuentas me salía una media de 55 Km./h y con ese dato calculé la ruta.

Otro dato importante era conocer la autonomía de la vespa, vi que podría hacer unos 170 Km. sin repostar, aunque llevaba un pequeño depósito de 5 litros por si acaso.

Pocos días antes de salir hablé con Teo para vernos y darle unos planos que había confeccionado para que viera por donde íbamos a pasar y donde tenía pensado  parar a dormir. Le pareció todo perfecto y a Gerardo ni le comenté por donde iríamos. Sabia que le iba a aparecer bien lo que yo hiciera, como así fue.

La ruta la dividimos en 4 etapas más o menos de los mismos Kilómetros. Los lugares para dormir los teníamos previstos, pero sin confirmar, aunque sabíamos que en las fechas que íbamos a ir, encima entre semana, no tendríamos problemas.

1ª ETAPA

Lunes día 10 de Septiembre: Sigüenza – San Leonardo de Yagüe. Kms: 179

Este primer comienzo de etapa lo hicimos solos Teo y yo. Quedamos a las 9,30h. en el Atrio para tomar café y salir sobre las 10h. Ninguno de los dos cumplimos con el horario establecido, nos encontramos en el Atrio a las 9 de la mañana  y no tomamos café. 

Le pedimos a Ángel, el que vende los periódicos, que nos sacara una foto debajo del Atrio, pero el de la catedral, no de la cafetería.

Yo ya había hablado con Gerardo anteriormente para ver como podíamos quedar a mitad de camino, ya que el no le venía bien desplazarse a Sigüenza a esas horas para salir juntos, así que dijimos “nos vemos para comer en Burgo de Osma” y si eso hablamos antes. La frase de “y si eso nos vemos….” es muy típica de nuestro amigo y peregrino Emilio de las Heras, que viene a significar que, lo mas probable es que ni nos llamemos y que ya nos veremos, si es que nos vemos… 


Preparados para salir desde el Atrio de la  Catedral

Después de la foto nos dirigimos hacia la estación para coger la carretera de Soria y dar comienzo a nuestra ruta 2012. Antes de salir nos encontramos con un primo mío que algo sabia de esta ruta, y se ofreció a irnos a buscar si nos fallaban las motos. Nos dio tranquilidad, pero también me hizo que pensar.

Cerca de las 10.30 llegábamos a Berlanga de Duero donde tomamos ese café que no  habíamos tomado con el afán de salir cuanto antes.

Un poco de historia de lo que era Berlanga no nos vendrá mal.

“Su nombre procede del asentamiento romano llamado Augusta Valeránica, en honor del emperador Valeriano. Antes ya hubo población celtíbera como lo atestiguan diversos restos esparcidos por todo el término, que permanecen sin estudiar ni catalogar debidamente.

Durante el dominio árabe fue plaza importante dentro de la jurisdicción de Medinaceli, y el primer antecedente del castillo actual fue una alcazaba. De la alcazaba no hay ningún resto identificable y de la muralla que la protegía queda alguna parte junto a las ruinas de la iglesia románica.

Después de la Reconquista se le asignó un territorio como  Comunidad de Villa y Tierra (Comunidad de Villa y Tierra de Berlanga), que permaneció casi inalterado (sólo se desgajó Rello) hasta la abolición de los señoríos. 

Primero fue territorio de realengo pero pronto los reyes se lo entregaron a la familia Tovar, que ostentaba el ducado de Frías al que unieron el título de marqueses de Berlanga. Ellos son los responsables de la desaparición de media docena de iglesias románicas que tenía la villa, ya que las desmontaron para construir esa grandiosa colegiata que el visitante puede admirar, que era todavía más grandiosa en el proyecto original, con claustro y otra torre, pero que no se pudieron construir por problemas económicos de los mecenas.

También los Tovar construyeron el castillo actual y el palacio arruinado por los franceses, y que tenía, según las crónicas de la época, uno de los mejores jardines de Europa.

En la Edad Media eran grandes sus masas forestales de roble y carrasca, que ahora han sido sustituidas por el pino resinero que fue una importante fuente de ingresos para las arcas locales hasta finales del siglo XX.

La importancia histórica de la villa se comprende por hallarse en la línea del Duero, divisoria durante toda la Edad Media de los reinos moros y cristianos primero, y de los castellanos y aragoneses más tarde. Formaba, junto con las fortalezas de Gormaz, Osma, San Esteban y Atienza, esa línea que era conquistada una y otra vez, tanto por los musulmanes como por la cruz”
Fuente: Wikipedia

Castillo de Berlanga


Llamamos a Gerardo para ver por donde andaba y todavía no había salido de Madrid. Le dijimos que nuestra siguiente parada seria en Calatañazor.

Allí tomamos una cerveza y un plato de chorizo frito que nos supo a gloria.

“Cuenta la leyenda que La batalla de Calatañazor fue una supuesta batalla que hubiera tenido lugar en esta localidad soriana en julio del año 1002. En ella parece que Almanzor se vio obligado a huir tras luchar contra los ejércitos cristianos coaligados de Castilla (conde Sancho García), León (Alfonso V) y Navarra (Sancho III). Sin embargo, la mayoría de los historiadores actuales consideran dicha batalla más un mito que un hecho real, probablemente creado para compensar el sentimiento de inferioridad que las continuas victorias de Almanzor produjeron en los reinos cristianos.

Y que el prelado escribió que “un extraño personaje, que se identifica con un pescador, lloraba gimiendo, a veces en árabe, otras en lengua romance, diciendo: “en Calatañazor perdió Almanzor el tambor”.  En cualquier caso, Almanzor se negó a comer o beber, muriendo al llegar a la ciudad de Medinaceli”

Fuente: Wikipedia

Una calle de Calatañazor

Estando tomando la cerveza nos llamó Gerardo para decir que acababa de llegar a Burgo de Osma y que si le separábamos 15 minutos aparecería en Calatañazor, que no lo conocía y le apetecía verlo. Llegó enseguida, dimos una vuelta y salimos hacia Burgo de Osma para comer. Antes paramos en la gasolinera a repostar y luego fuimos a comer al mismo hotel–restaurante que la vez que fuimos con los “clásicos de Sigüenza”. 

Después de comer dimos un paseo visitando la catedral que se construyó sobre la primitiva románica, parcialmente derruida en 1232. Fue declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 3 de junio de 1931.  También vimos el Antiguo Hospital de San Agustín.


Burgo de Osma

Salimos dirección San Leonardo de Yagüe con la intención de cruzar el cañón de Río Lobos por el puente de los 7 ojos, en lugar de ir hasta Ucero y llegar a nuestro destino por la nacional de Soria.

En Santa Maria de las Hoyas paramos a tomar una cerveza y de paso preguntamos donde nos recomendaban cenar en San Leonardo. Nos dijeron un lugar que como también era un Hostal podríamos dormir allí, y que nos harían un buen precio. Por dormir en una habitación triple, cenar y desayunar nos cobraron 36 €/persona. Nos pareció un buenísimo precio.

Nos tumbamos un rato en la habitación, y fue donde me empecé a preocupar un poco porque decía Teo que tenía el sueño muy ligero, pero que  en cuanto se despertara pondría una pequeña radio que llevaba consigo.

Antes de cenar salimos a dar una vuelta, subimos hasta el alto del castillo y luego a tomar una cerveza en el mesón El Portalón, que ya lo habíamos visto anunciado durante los preparativos de la ruta.
Cenamos y dimos otro paseo nocturno, como conclusión sacamos que en este pueblo no había mucho ambiente.

A las 12h ya estábamos en la cama, a Gerardo y a Teo les dio por hablar y yo al momento me dormí. Solo me desperté una vez que Gerardo, que lo tenía cerca de mí, me dio un toque por roncar…

2ª ETAPA: 

Martes día 11 de Septiembre: San Leonardo de Yagüe - Ezcaray. Kms: 174



Nos despertamos mas bien pronto, yo creo que al ser la primera noche siempre se extraña nuestra cama diaria, me imaginaba que las siguientes noches dormiríamos mucho mejor, como así fue.

Me preocupaba Teo que dijo tener sueño ligero, pero no seria la primera noche ni las siguientes, porque como dijo él durmió como un niño chico.

Después de una ducha nos bajamos a desayunar, que estaba incluido en el precio de la habitación, pan tostado y algún bollo. Vamos como si estuviéramos haciendo el camino de Santiago en bicicleta. En el hostal durmieron unos ciclistas que sí  estaban haciendo el camino, charlamos un momento con ellos mientras íbamos preparando las motos, que amablemente nos habían dejado los del hostal guardarlas en un garaje de su propiedad.

Teo tuvo una idea “genial” nada más despertarse, nos propuso que como éramos tres en tres camas, iba a hacer su cama muy bien hecha para que se pensaran que dos habían dormido juntos. Este Teo….

Salimos sobre las 9,30 h. con un poco de fresco. Nuestra primera parada seria en Santo Domingo de Silos. La llegada desde San Leonardo de Yagüe se hace por un desfiladero que resultó bonito.

Santo Domingo de Silos

Visitamos el claustro con una guía y una de las dependencias del monasterio, lo que había sido la farmacia. Fue interesante y más teniendo a Teo junto a nosotros que, lo que no sabía la guía, nos lo explicaba él.

“El monasterio, aunque no en su actual configuración, se remonta a la época visigótica (siglo VII), si bien se desvanece durante la ocupación musulmana. En el siglo X, se llamaba San Sebastián de Silos. Cuando en 1041 Domingo, prior del monasterio de San Millán de la Cogolla, se refugia en Castilla huyendo del rey de Navarra, es bien recibido por el monarca leonés Fernando I quien le confía la misión de restablecer el antiguo esplendor y dar nuevo auge al monasterio de Silos puesto bajo la advocación de San Sebastián. Con el decidido impulso de Santo Domingo como abad del cenobio se erigió la iglesia románica, magnífico templo de tres naves y cinco ábsides consagrado en 1088 por el abad Fortunio, el claustro que aún perdura, y el resto de las dependencias monacales. A la muerte del santo, el monasterio toma su patrocinio y pasa a denominarse Santo Domingo de Silos. En el siglo XVIII se deja sentir la necesidad de ampliar las instalaciones, principalmente la cabida de la iglesia. Se encomienda al arquitecto Ventura Rodríguez llevar a cabo las debidas reformas. Sin el menor miramiento, sin ninguna consideración, con el desprecio que en aquella época se mostraba por todo lo medieval, se derribó el templo románico para sustituirlo por otro neoclásico que es el que hoy existe. Del primitivo queda como vestigio, el ala sur del transepto y la Puerta de las Vírgenes que abre al claustro. La falta de recursos económicos hizo que el propio claustro no tuviera el mismo final que la iglesia.

El 18 de diciembre de 1880 se establece una nueva comunidad de monjes benedictinos llegados de la abadía francesa de Ligugé, dirigidos por el monje de Solesmes, Ildelfonso Guépin. En una visita al monasterio, el poeta Gerardo Diego compuso el famoso soneto El ciprés de Silos, considerado como uno de los mejores sonetos de la literatura española. Hoy es lugar de afluencia de quienes saben apreciar las bellezas de su claustro románico y del canto gregoriano con que se acompañan los oficios religiosos”.

Fuente: Wikipedia

Nos dimos una vuelta por el pueblo, que poco más tenia que ver y salimos hacia Covarrubias

“Covarrubias, desde el Siglo X conserva su nombre con muy pocas variantes, su etimología, es de fácil explicación si tenemos en cuenta las numerosas cuevas de color rojizo, cuevas-rojas, que se hallan cerca del casco urbano, mirando al río Arlanza. 

Los primeros pobladores conocidos de Covarrubias fueron los turmódigos, tribu ibérica prerromana extendida por gran parte de la provincia de Burgos. Pero el origen de esta villa es medieval, fue fundada por el rey visigodo Chindasvinto en el siglo VII sobre los restos de un castro romano, aunque las murallas que construyó fueron destruidas hacia el año 737”.

Fuente: Wikipedia

En Covarrubias estuvimos un buen rato y decidimos picar algo sentados en una terraza, el tiempo excelente, más bien caluroso. El pueblo es muy bonito y por él pasa un camino de Santiago, la ruta de la lana y el camino del Cid.

Nada más salir de Covarrubias nos encontramos de repente con las ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza, fundado sobre 912 por el Conde Fernán González.


Ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza

Hasta Salas de los Infantes el camino no fue tan bonito como pensábamos, pero desde Salas, volvimos a repostar pensando en el puerto que nos esperaba.  Ezcaray fue realmente bonito y con el firme de la carretera recién arreglado. Paramos en un par de sitios a tomar unas cervezas por lo que llegamos un poco tarde a Ezcaray, sobre las 8.

Encontramos enseguida el hotel que nos había recomendado mi amigo José, que tiene un apartamento allí mismo. El hotel muy familiar y no lo digo porque fuéramos los únicos huéspedes, sino por el tamaño y porque era atendido directamente por el matrimonio propietario del mismo. Mi amigo José nos recomendó unos sitios para tomar algo, cenar y tomar un Gin-Tonic especial después de la cena.

Fuimos a dar un paseo por el centro de Ezcaray, encontramos los lugares que nos habían recomendado y después de unos vinitos nos fuimos a cenar al hotel, cenamos solos e incluso la camarera se despidió de nosotros dejándonos al frente del hostal. Salimos a tomar ese Gin-Tonic especial y me gusto mas el lugar que la bebida, también es cierto que no soy de Gin- Tonics

Ezcaray

Nos acostaríamos sobre la una y me dijeron los chicos que habían decidido que me dejaban dormir en una habitación a mi solo, me pareció un bonito detalle. Yo creo que lo hicieron con intención de quitarme de en medio y asegurarse que no me oirían roncar.


3ª ETAPA

Miércoles día 12 de Septiembre: Ezcaray-Abejar, Kms: 184

Me levante pronto y a las 8,30h ya estaba por Ezcaray haciendo fotos. Al desayuno nos invitó el propietario del Hotel, un detalle por su parte, o quizás entrara en el precio... Dimos una vuelta por Ezcaray por lo que ya salimos un poco tarde, pasadas las  10h 


Ezcaray


Nuestra primera parada era Santo Domingo de la Calzada, llegamos enseguida y dedicamos el tiempo a ver la catedral y el parador que antes fue hospital de peregrinos.

“Santo Domingo de la Calzada es un municipio de la comunidad autónoma de La Rioja, situado a orillas del río Oja. Su nombre procede de su fundador Domingo García, que creó un puente, un hospital y un albergue de peregrinos, para facilitar el peregrinaje del Camino de Santiago a su paso por la localidad. Es famoso el milagro de la gallina, que cantó después de asada, en recuerdo del cual en la catedral hay siempre un gallo y una gallina viva.

La Catedral fue comenzada, según los Anales Compostelanos, en el año 1158, con el fin de cobijar los restos de uno de los santos más conocidos y venerados en el Camino de Santiago, santo Domingo, fallecido en el año 1109.

La Torre de la Catedral se encuentra exenta al edificio y fue levantada entre 1767 y 1769. Es una magna obra barroca de setenta metros de altura visible desde muchos kilómetros a la redonda. Al parecer su singular ubicación se debe a que en ese lugar existía un terreno con mayor consistencia y capaz de soportar tan alta torre, así como a cuestiones de mera estética barroca”.

Fuente: Wikipedia


Maqueta de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada


Debido al tiempo que empleamos en Santo Domingo de la Calzada decidimos no ir hasta Nájera sino directamente a San Millán de la Cogolla, no sin pasar por la bodega de Pedro Martínez Alesanco en Badarán.  Íbamos bastante ajustados con el tiempo por lo que no  estuvimos mucho tiempo en la bodega.
Llegamos a San Millán justo para incorporarnos a un grupo que entraba a ver el monasterio de Yuso.

Dice la leyenda que en el 1053 los restos de San Millán fueron trasladados al Monasterio de Yuso. El rey García IV de Navarra pretendió trasladar el arca a Nájera. Según la tradición, los bueyes que tiraban de la carreta no pudieron con la carga y se interpretó que el santo deseaba permanecer allí por lo que el rey ordenó construir un nuevo monasterio.

Esta información puede ser interesante:

“El Real Monasterio de San Millán de Yuso (yuso significaba 'abajo' en castellano antiguo) está situado en la villa de San Millán de la Cogolla, Comunidad Autónoma de La Rioja (España), en la margen izquierda del río Cárdenas, en pleno valle de San Millán. Forma parte del conjunto monumental de dos monasterios, junto con el antiguo Monasterio de San Millán de Suso («de arriba»).

Este Monasterio fue mandado construir en el año 1053 por el rey navarro García Sánchez III de Navarra «el de Nájera». La historia de su fundación va unida a una leyenda basada en un milagro de san Millán (o Emiliano), un joven pastor que se hace ermitaño. Cuando en 574 muere Millán, a la edad de 101 años, sus discípulos lo entierran en su cueva, y alrededor de ella se va formando el primer monasterio, el de San Millán de Suso. San Braulio, cincuenta años después de muerto, escribe su vida. El conde Fernán González era muy devoto de él.

Tras la batalla de Simancas, en el año 923, en la que San Millán aparece en defensa de los cristianos, es nombrado patrón de Castilla, y se comprometen a pagar los Votos de San Millán. Tras la imposición del patronato de Santiago con la unificación de Castilla y de León, los castellanos seguirán invocando a San Millán como a su patrón, y en el siglo XVII, al discutirse de nuevo el patronato de España, lo vuelven a confirmar como patrón de Castilla y copatrón de España”.

Fuente: Wikipedia

Monasterio de Yuso


“El Monasterio de San Millán de Suso o Monasterio de Suso ("suso" significa "arriba" en castellano antiguo) se halla ubicado cerca de la villa de San Millán de la Cogolla.

En los primeros tiempos de la llegada de los visigodos a la Península, se retiró a este lugar apartado y recóndito el anacoreta Aemilianus (Millán), hijo de un pastor y natural de Vergegium, actual Berceo. Aquí vivió como ermitaño, cobijado en una pequeña celda, muriendo a la edad de 101 años y siendo enterrado en una tumba excavada en la roca. Se sabe mucho de su vida porque fue escrita en latín hacia el año 635 por el obispo de Zaragoza llamado Braulio, siendo Gonzalo de Berceo, que se educó en este monasterio, quien tradujo esta biografía del latín a versos en lengua vulgar o romance.

El pequeño monasterio se construyó alrededor de la celda rupestre del ermitaño. En una primera etapa (siglo V y principios del VI) se excavan cuevas aprovechando oquedades del terreno, las cuales se distribuyen en dos niveles destinadas a habitaciones, y otras dos a oratorio, donde actualmente se sitúan el cenotafio de San Millán y el osario”

Fuente: Wikipedia.


Monasterio de Suso

Entre Monasterio y Monasterio comimos en el restaurante El Asador, muy bien por cierto.

De San Millán salimos sobre las 5h con dirección al Monasterio de Valvanera. La carretera desde San Millán hasta Viniegra de Arriba fue muy bonita, con firme bueno, curvas y entre las montañas y el río.

En el Monasterio de Valvanera estuvimos un rato pero se nos hacia de noche por lo que no pudimos disfrutar del lugar.

“El Monasterio de Valvanera se encuentra en el término municipal de Anguiano, en uno de los valles de la Sierra de la Demanda La Rioja (España), rodeado de bosques junto a las cimas del San Lorenzo. Hoy es un priorato benedictino de la Congregación de Subiaco. En 1954 llegan 12 monjes al Monasterio de El Paular para reactivar la presencia monástica, abandonada desde la desamortización de Mendizábal. El nombre de Valvanera parece derivar de la expresión latina "Vallis Venaria" que significaría 'Valle de las Venas de agua' aunque también se cree que podría tener otros significados, como el de 'valle de la caza' o 'valle de Venus'. El primer documento en el que aparece Valvanera, pertenece a un acuerdo en el año 1016 entre Sancho Garcés el Mayor y su suegro Sancho García, donde fijaban los límites de sus respectivos reinos”.

Fuente: Wikipedia


Monasterio de Valvanera


Paramos en Viniegra de Arriba porque nos pareció un bonito pueblo, dimos una vuelta y seguimos ruta, ya estaba cayendo la noche y aun nos faltaban dos puertos por subir. El de Montenegro de Cameros y el de Sta Inés. Este último lo estaban pavimentando por lo que había que llevar cuidado con los baches, yo pasé verdadero frió hasta la cima donde me tuve que poner una sudadera debajo de la cazadora de moto y los pantalones para el agua, así pude llegar mejor hasta Vinuesa, donde paramos en un bar conocido de Teo a tomar unos chorizos y unas cervezas.

Viniegra de Arriba

Aquí nos planteamos si quedarnos a dormir en Vinuesa o seguir a Abejar, lugar previsto con anterioridad. Yo prefería seguir hasta Abejar por razones de tiempo para el día siguiente. Llamamos al hotel para confirmar que tendríamos habitación y cena, y al ser positivo nos fuimos hacia allá. Lo hicimos totalmente de noche pero no estaba muy lejos por lo que llegamos a una hora prudente para cenar.

Me volvieron a dar a mí la habitación de uso individual y nos bajamos a tomar algo, una ensalada, croquetas de boletus y huevos con patatas. La verdad que comíamos como si la ruta la hiciéramos en bicicleta
Salimos a dar un paseo por el pueblo y no nos encontramos con nadie. A la vuelta le pedimos unos Gin-Tonics, que según Gerardo adelgazan.

Dormimos francamente bien y encima teníamos un bote de boletus secos a modo de regalo.

4ª ETAPA 

Jueves día 13 de Septiembre: Abejar - Sigüenza, Kms: 206 


Hotel de Abejar


Amaneció un día soleado pero frió, 8 grados. Desayunamos en el hotel unas tostadas y bollería, bueno como siempre. Sobre las 10h salíamos, echamos gasolina y comenzamos la última etapa. Decidimos volver hacia Vinuesa para ver los pueblos de Molinos de Duero y Navaleno. En el primero entramos a una casa rural que estaba francamente bien, donde nos dijeron que la temporada alta empezaba ahora con el tema de los hongos.

Navaleno no nos pareció una cosa del otro mundo por lo que no estuvimos mucho tiempo y seguimos ruta. Nos metimos por un camino forestal asfaltado entre pinos para salir muy cerca de Abejar. Allí nos fuimos al otro hotel que está justo en la otra punta del que habíamos dormido y nos tomamos el aperitivo, viniendo Gerardo ya se sabe, chorizo y cerveza.

Nos quedaban 50 kilómetros para llegar a Almazán, que tenia yo cierto interés en comer allí con ellos. La carretera, de buen firme, tenia rectas muy largas y el arbolado iba desapareciendo, después de acompañarnos tantos kilómetros. Comimos en Casa Antonio muy bien como siempre y Teo tuvo el bonito detalle de invitarnos. Gracias Teo.

Después de comer nos dimos una vuelta por Almazán que tanto Gerardo como Teo no conocían. Compramos unas paciencias y chocolate, bueno quien realmente lo compro fue Gerardo, que luego lo repartió con nosotros como si de un botín se tratara.

Almazán

De Almazán fuimos a Rello, pueblo amurallado que ni nos bajamos de la moto, dimos una vuelta y seguimos camino hacia Sigüenza, se echaba la tarde y Gerardo aún tenia que volver en moto a Madrid.


Vista panorámica de Rello


Antes de Rello vimos la iglesia de Barahona.

“Barahona o Baraona tuvo una base de aviación en la Guerra Civil (1936-39), con participación de alemanes e italianos, de donde salieron las bombas destinadas a caer sobre Sigüenza y el norte de Guadalajara. Desde el comienzo del levantamiento militar se estableció en Barahona el frente sublevado, produciéndose en los primeros meses una fuerte represión y asesinatos indiscriminados de unos 13 ó 14 varones del pueblo.
En la década de 1950 se aprovechó el espacio del antiguo "Campo de Aviación" para instalaciones de control de tráfico aéreo, con comunicaciones de corto y largo alcance y señal VOR. En la actualidad solamente queda operativo el radiofaro VOR, como último punto de las rutas aéreas desde el Norte hacia Barajas, radicado físicamente en el término municipal de Villasayas. Su indicativo Morse es BAN, en la frecuencia de 112,8 Mhz”.

Fuente: Wikipedia

Desde Rello fuimos a Riba de Escalote y desde allí a Sigüenza, lo hicimos por la misma carretera que cogimos para empezar nuestra Ruta 2012.

“Rello es una villa medieval amurallada, con castillo en uno de sus extremos y todo el caserío encerrado en lo alto de un risco de piedra caliza. En el término encontramos también una atalaya califal con inusual forma troncocónica, llamada Torre del Tiñón, a medio camino de Bordecorex, en la cual legendariamente se sitúa la muerte del caudillo Almanzor, que se retiraba malherido a Medinaceli”.

Fuente: Wikipedia

Al llegar a Sigüenza fuimos directamente al Atrio a tomar un café y dar por terminada nuestra Ruta 2012 Monasterios.

Para terminar este relato decir que ha sido una aventura muy gratificante en todos los aspectos y que seguramente el año que viene de alguna manera se repita, sin olvidar el camino de Santiago que es un buen complemento a la ruta.

Gerardo, Teo, gracias por vuestra compañía.




                                                                                                                                                     Ramón  
  


"XI Camino de Santiago" 
AVEIRO-MUXIA

Este año tuvimos la suerte de contar con los hermanos Terrón (Lucas y Paco) que casualmente este “camino de Portugal” ya lo hicieron en el año 2005, Lucas se hizo con los mandos de la furgoneta una vez más y nos organizó y confirmó los alojamientos a la perfección. Los componentes de este año, a parte de los hermanos Terrón, fuimos Cefe y su esposa Violeta, Carlos, el matrimonio formado por Santi y Carmen, que ya se están convirtiendo en habituales y el que suscribe, que una vez más dice que el año que viene lo hará solo, lo malo es que al recordar el camino de este año me da mucha pereza hacerlo solo, bueno la misma pereza que hace 10 años que llevo diciéndolo, pero el año que viene, lo hago solo. 

Carlos dice que como todos los años decidimos que el año que viene, efectivamente, Ramón irá solo. También decidimos que ese mismo año, el que viene, iremos todos con Ramón para comprobar que va solo. 

Hay que decir que esto del Camino se está convirtiendo en cosa de parejas. Los hermanos Terrón por un lado, el matrimonio Muñoz por otro, el también matrimonio Lara y “la pareja de hecho” de Ramón y Carlos. Ya en la salida en Boadilla del Monte, Carlos nos enseñaba, precavido, los diferentes tapones (tres en total) que se había mercado para intentar dormir sin incidentes al lado de su nueva pareja. “Toda precaución es poca”, nos decía, “al fin y al cabo, esta pareja es solo temporal, el resto del año nos ignoramos”

Como viene siendo habitual el camino lo empezamos de alguna forma en Sigüenza, que este año hemos sido 4 los que hemos salido desde allí. Sobre las 9 y media quedamos los hnos Terrón y yo en casa de Carlos para salir con dos coches hacia la casa de Cefe y una vez cargada la furgoneta salir todos juntos hacia Aveiro, Santi y Carmen se incorporarían el DIA 3. 

Después de tomar un café en casa de Cefe fuimos hacia Portugal por Salamanca.

Salimos antes de comer para llegar a una hora prudente a Aveiro y así dar un pequeño paseo y conocerlo un poco. Paramos en Peñaranda de Bracamonte a tomar unos montados de calamares y unos callos, todo muy bueno. 
El viaje no se hizo muy largo y todo fue por autovía, llegamos a Aveiro sobre las 18 horas, hay que tener en cuenta que en Portugal es una hora menos, aunque eso a nosotros no nos influyó mucho porque no llegamos a cambiar la hora en nuestros relojes. 

Este año fue un poco especial porque no pisamos ni un albergue, el motivo es que en la zona de Portugal no hay los albergues que tenemos en España, son alojamientos que los proporcionan los bomberos y por ello decidimos que, al menos, en Portugal iríamos a hoteles, pero al entrar en España y recordar que en el año 2005 habíamos tenido algún problemilla con los horarios de entrada a los albergues, fue por lo que decidimos que este año iríamos mejor a hoteles, que por cierto los hubo de 5 estrellas. 

Aveiro, según leí por internet, es denominada la “Venecia de Portugal” por sus canales que atraviesan el centro de la ciudad, debe tener unos 80,000 habitantes y una buena universidad. 
En Aveiro nos alojamos en el hotel Mercure, estaba bien, pero el desayuno fue de los más caros del camino. Salimos a dar un paseo y a buscar un brandy que yo había probado en España y que quería comprar, pero fue imposible. Tomamos una cerveza en una terraza junto al mercado do peixe y luego cenamos muy temprano en un restaurante junto a la plaza del mercado, por supuesto que tomamos bacalao y allí fue donde probamos ese brandy y pudimos confirmar que existía. Pronto nos fuimos a la cama con la cosa por dentro de que al día siguiente comenzaba nuestro camino, aunque este primer tramo lo conocíamos ya. 

A las 6 de la mañana un hermoso gallo nos despertó.

Día 30-08.- Aveiro – Oporto
Km: 82


Bien temprano nos despertamos con el canto de un gallo, desayunamos en el hotel y emprendimos la marcha, sabíamos que era muy llana y cerca del canal.
A los 7 Km de Aveiro llegamos al embarcadero para tomar un ferry llamado “Cale de Aveiro” y cruzar el canal de San Jacinto. 
Los kilómetros desde el hotel hasta el ferri, fueron de propina ya que no estaban contabilizados en la etapa, y para más INRI, eran en el sentido contrario a la ruta que luego llevaríamos. 
Cruzamos en una especie de barcaza que llevaba vehículos también, entre ellos a unos gitanos que cruzaban para ir a vender ropa a un mercadillo, como las bicicletas estaban junto a las furgonetas de ellos no hubo más remedio que entablar conversación para evitar males mayores. 
Hay que añadir que en el 2005, la barcaza no era sino un pequeño esquife en el que apenas entraban las bicis y que tenía bastante más encanto que el de este año. 

Era impresionante la actividad de pesca de caña desde la orilla que había en esos momentos. Los pescadores se disputaban un centímetro cuadrado en el que poder colocarse para lanzar sus cañas. En el tiempo que estuvimos esperando para que saliera el barco hubo un continuo lanzar y recoger el hilo de pesca con robalizas y sargos, algunos de buen tamaño. El sitio era un auténtico hervidero de gente pescando, tanto desde la orilla como de embarcaciones que estaban en el medio de la ría. 

Ya al otro lado del canal reanudamos la marcha junto al canal de Sao Jacinto, ría de Aveiro, canal de Ovar, etc., siempre agua a nuestro alrededor, al ser domingo había mucha gente por todas partes. Después de unos 35 Km. llegamos a un pueblo llamado Faradouro, donde el agua pasa de tenerlo a la mano derecha a la izquierda y ya no era un canal, sino el océano atlántico. 

El pueblo de Espinho está a unos 50 Km del canal de Sao Jacinto y a lo largo de estos Km es todo playa, ya en Espinho nuestro camino se mete al interior para llegar a Oporto, no sin antes una subida que casi se echaba de menos. En este pueblo paramos a tomar una cerveza en un chiringuito de la playa, donde pudimos comprobar que el precio es considerablemente más bajo que en España. 

Los últimos 15 Km tuvimos algún problemilla con la orientación del GPS que nos enviaba por un camino que con la autovía ya no existía y tuvimos que dar algunas vueltas. 
Incluso paramos en una gasolinera para intentar beber un agua ferruginosa espantosa. 
Entramos a Oporto cruzando el río Duero por el puente D. Luis, y siguiendo a este río hacia la desembocadura llegamos a las 16h. al hotel de Oporto. Un hotel de 5 estrellas llamado HF. 

La etapa fue todo por camino asfaltado y un buen tramo por pinares. La etapa no se puede decir que fuera dura, quizás aburrida como le pareció a Violeta, por lo monótona que era al carecer de subidas y bajadas. Al ser domingo había mucho ciclista y eso nos hacía entretenernos con ellos al pegarnos a su rueda por un tiempo. 

Dejamos las bicicletas en una habitación del hall y primero Carlos y yo, y luego Cefe y Violeta, nos subimos a la piscina que estaba en la última planta del hotel, aunque no logramos coincidir en ella. 
Al atardecer nos fuimos con la furgoneta a la zona antigua de Oporto, con la mala suerte que nos rompieron un cristal y nos robaron unas gafas de Violeta, otras de Paco y una funda, aunque tuvimos suerte. Lo denunciamos y nos fuimos a cenar. 

En la denuncia, Paco y Carlos se acordaron de aquel anuncio de Estrella Damm en el que el denunciante pedía una cerveza cuando veía al guardia escribir a máquina con un dedo y despacísimo. No sé cuánto tardó en escribir la denuncia, pero se aproximó bastante a las dos horas. 

Estuvimos viendo edificios y calles de esa zona y la verdad que donde dejamos la furgoneta estaba junto a unas calles de muy mala reputación. La policía nos indicó algunos lugares para cenar y allí fuimos, pero tuvimos que sentarnos en varios hasta dar con uno que nos pareció el adecuado, donde volvimos a tomar bacalao y carne. A eso de las 12 de la noche llegábamos al hotel. 



Día 31-08-. Oporto – Ponte de Lima 
Km:83

Aprovechando que estábamos en un hotel de 5 estrellas hicimos un buen desayuno, e incluso nos llevamos algunos bocadillos para la segunda etapa, pero ya quedó claro que las barritas si no son para este año, las tomaremos el siguiente, caducadas pero se comen, faltaría más.

Después de hablar con la empresa de la furgoneta para que nos indicaran donde arreglar el cristal roto, salíamos sobre las 9,30h. de la mañana. La etapa ya sabíamos que sería larga y dura por las continuas subidas y bajadas, típicas del camino de Santiago en Galicia. Paramos en varios sitios para ir reponiendo fuerzas y predominó, de nuevo, el asfalto de la carretera y muy poco camino y además al tratarse de una etapa bastante larga preferíamos ir más por carretera que por caminos, entre otras cosas porque estos caminos salían siempre a la carretera. 

A los pocos Kms. de salir de Oporto vimos la primera flecha amarilla, luego veríamos muchas más y podemos decir que el camino desde Oporto está muy bien señalizado. 

En un pueblo llamado Mosteiró paramos a tomar un café y reponer el agua. A la salida de San Pedro de Rates volvimos a parar a tomar unos bocadillos y en ese momento nos quedaban unos 50 kilómetros, sabiendo que eran continuas subidas y bajadas. 

Sobre las 15 h. llegamos a Barcelós, tiene una bonita fachada del Ayuntamiento, entramos para que nos sellaran y nuestra sorpresa, grata, fue que todas eran mujeres, y guapas. 

Desde aquí sabíamos que esas subidas y bajadas empezarían pronto y en concreto había dos que eran algo fuertes pero ya habíamos decidido que lo haríamos por carretera ya que las bajadas eran mucho más rápidas y así llegaríamos antes al hotel. 

Sobre las 17,30 llegamos al hotel y nos fuimos directos a la piscina, después de hacer la colada nos bajamos a tomar una cerveza a la terraza del hotel. 

Con la furgoneta nos fuimos a un restaurante que nos habían recomendado, y yo aproveché a parar en un par de supermercados para comprar ese brandy que andaba buscando, no lo encontré pero si compramos vino portugués, blanco y tinto y dos cajas de bacalao. 
El restaurante recomendado estaba cerrado por lo que volvimos a Ponte de Lima y cenamos en uno que estaba junto al hotel. La cena no estuvo mal pero tampoco una cosa del otro mundo. 
El hotel era regular, un poco antiguo y de los más caros del camino.

Día 1-09-. Ponte de Lima – Porriño 
Km:58



Después de un buen desayuno y de llevarnos algo de aprovisionamientos para el camino, nos pusimos en camino a las 9,30h. Sabíamos que nada más empezar teníamos una larga subida y en algún momento se pondría con una pendiente del 10-12% . 

Nada más salir tuvimos que ir un poco a pie por lo mal que estaba el camino. Hasta el punto más alto de la etapa fuimos por caminos y carreteras muy locales, la subida fue larga pero al ser al principio de etapa no nos pareció tan dura. El puerto se llamaba LABRUJA. 

Desde este punto más alto de la etapa hasta el final nos quedaban 45 km, y solo una subida pronunciada, el resto eran subidas y bajadas como siempre. Esta segunda subida la hicimos por carretera comarcal sin tráfico, pero desde aquí hasta Valenca lo hicimos prácticamente todo por caminos. A tres kilómetros antes de Valenca paramos en un restaurante de la carretera a tomar algo, ese algo se convirtió en bolsas de patatas, dos raciones de revuelto de bacalao con patatas paja, muy bueno, y otras dos raciones de espaguetis, por lo de la pasta y los hidratos. Con la tripa llena reanudamos la marcha hasta Valenca, llegamos sobre las 16,15 h, y subimos a la parte amurallada donde nos esperaba Lucas para tomar un café. 

Valenca do Minho es frontera con España y solo con cruzar el Miño estamos en Tuy. En esta localidad paramos en una tienda de bicicletas a comprar un tornillo para mi zapatilla y una cadena para la bicicleta de Violeta. El camino hacia Porriño fue muy bonito, a excepción de la llegada a Porriño que tuvimos que atravesar el polígono industrial con el viento de cara, pero creo que lo hicimos muy bien al juntarnos todos e ir tirando unos de otros. 

El hotel de Porriño no era tal hotel, era un Motel de esos que metes el coche en un garaje y se sube directamente a la habitación, la verdad es que era muy limpio e intimo. El Motel estaba un poco alejado del centro por lo que nos quedamos en un bar de enfrente a tomar unas cervezas y luego nos dimos un paseo hasta el pueblo, compramos un poco de fruta y nos volvimos a cenar frente al Motel, cenamos bastante bien y para rematar la cena nos quedamos tomando unos orujitos, que quizás se nos fue un poco la mano, pero estaban muy ricos. 

Hay que decir que el motel era normalmente para lo que era, para ejecutivos y apaños temporales. Fue Lucas el que apiadándose de la pareja de hecho, les consiguió una habitación con dos camas, cosa que en ese sitio era misión casi imposible. 

Para guardar el anonimato de los ocupantes de cada habitación había en la entrada una especie de armarito bajo, que se abría por un lado desde la habitación y también desde la zona de acceso desde la escalera. Hacía las veces de “torno”, de esos que hay en los conventos de clausura para comprar dulces o pasarles cosas a las monjas de dentro. Todo un detalle.

Día 2-09- Porriño – Caldas de Reis
Km:59




El desayuno lo hicimos en el mismo bar que cenamos porque en el Motel tenían el restaurante cerrado y nos ofrecían llevárnoslo a la habitación pero nos pareció que era casi mejor ir al bar de enfrente.

La etapa se preveía algo dura, según los perfiles que llevábamos. La primera subida era nada más empezar la etapa y esto siempre tiene sus ventajas e inconvenientes.

Salimos sobre las 9 de la mañana pero nada más salir nos confundimos de camino y debimos de hacer un par de kilómetros, lo malo que la mitad fue subiendo. Ya en el camino correcto empezamos a subir poco a poco por carretera, teníamos repechos muy fuertes pero cortos.

Llegamos a Redondela después de una fuerte bajada, divisamos la ría de Vigo y comenzamos con la segunda subida, parecía más suave, pero la hicimos por camino con piedras sueltas, por lo que se hizo más dura que la anterior.

Bajamos hasta Arcade y vuelta a subir, así hasta que llegamos a Pontevedra donde queríamos tomar unos mejillones.

Cruzamos Pontevedra sin comer esos mejillones. Sobre las 14h. y ya bien pasado Pontevedra vimos una fuente donde paramos a tomar agua y algo sólido. Este empeño en encontrar un idílico lugar donde tomar unos mejillones se convertiría en un hito en el camino, y desembocaría en el Día del Peregrino, nefasto día como podremos comprobar más adelante.

Ya todo el camino hasta Caldas de Reis fue por camino e incluso tuvimos que atravesar unas vías de tren justo detrás de la primera catedral de Santiago que se construyo, en Iria Flavia, al lado de Padrón, cuna de Camilo José Cela. Desde San Amaro, que fue el último pico en subir, hasta Caldas fue un agradable paseo.

El hotel de Caldas lo teníamos algo retirado del centro. Llegamos antes de las 16 h. y en una terraza del hotel fuimos pidiendo algunas tapas. Después de la ducha salimos al centro a dar una vuelta y cenar algo. Estuvimos viendo un museo de motos antiguas y como el tiempo estaba de lluvia mientras nosotros nos íbamos hacia el lugar de la cena, Paco se acercó hasta el hotel para traerse la furgoneta. Cenamos en una especie de cueva que la verdad estaba muy bien.

Esta noche se incorporaron los peregrino Santi y Carmen, ya habituales en nuestros caminos.

Hubo algunos que se fueron de copas y que volvieron tan “perjudicados” que confundieron el ladrido de un perro con la alarma, o quizás fue la alarma con el ladrido de un perro, no sé, me lío.


Día 3-09- Caldas de Reis – Santiago de Compostela
Km:45




En esta etapa se incorporaron Carmen y Santi, así que ya éramos ocho, siete pedaleando.

Los nuevos peregrinos viajaron en coche hasta Caldas, la idea era dejarlo allí y al finalizar la etapa en Santiago de Compostela, Carlos y Santi irían con la furgoneta a buscar el coche y llevarlo hasta Muxia, lo dejaron un poco antes y se volvieron a Santiago.

La etapa era corta porque teníamos la idea de ir a buscar la compostelana y dar una vuelta por Santiago, también es cierto que era una manera de hacer coincidir los hoteles con los finales de etapa. En Santiago teníamos el hotel NH y había que disfrutar de sus instalaciones.

Esta etapa transcurrió por caminos muy bonitos, a los pocos Kilómetros nos sorprendió un coche de protección civil que nos indicó de la peligrosidad de unos pasos de agua que habían hecho hace poco y que las varillas estaban muy separadas, siendo un peligro para las bicicletas. Nos puso un sello y continuamos la marcha.

Teníamos dos subidas pero de alguna manera nos resultaron suaves, excepto la llegada a Santiago por el hospital clínico que tenía una fuerte subida.

Sobre las 14h. llegábamos a Santiago, a la plaza del Obradoiro. Nos hicimos las fotos correspondientes y nos fuimos al hotel.

Decidimos comer en un restaurante que el año anterior ya habíamos estado, era en la carretera de Madrid a la altura del Monte do gozo. Y nuestro gozo en un pozo, estaba cerrado, comimos enfrente que había otro restaurante y no tenía mala pinta, no comimos mal pero en la mente de todos estaba el del año anterior.

Fuimos los 8 en la furgoneta y por ello tuvimos que volver todos al hotel, desde allí Carlos y Santi se fueron a buscar el coche de Santi y trasladarlo a las proximidades de Muxia. Las chicas salieron al centro por su cuenta y nosotros nos fuimos a la piscina climatizada y a la sauna del hotel. Casi sin darnos cuenta nos daban las 20h. y el lugar donde entregan la compostelana cierran a esa hora. Salimos rápido para el centro, Paco se adelantó y nosotros fuimos a paso ligero, llegamos a tiempo para que nos sellaran y nos dieran el impreso. De allí nos fuimos a tomar unas cervezas y a hacer tiempo a que Santi y Carlos regresaran.

Nos encontramos junto al gato negro y fuimos a cenar a la calle del Franco, en el restaurante Sexto II (240 €) a base de raciones. Mientras cenábamos estuvo lloviendo, incluso un poco al salir del restaurante y dirigirnos hacia el hotel, mis zapatillas de esparto quedaron para el arrastre, estuvieron más de dos días para secarse. Llegamos al hotel sobre las 12,30h.

Día 4-09-. Santiago – CEE
Km: 75



Salimos sobre las 9,45h. sabiendo que la etapa era de la más duras del camino. Amaneció un día soleado y sin síntomas de que pudiera llover.

El desayuno fue bueno y abundante, esta vez nos hicimos todos varios bocadillos, pequeños pero bocadillos, con el pan y fiambre del desayuno, luego nos vino muy bien para almorzar. Nada más salir ya comenzamos a subir, lo tuvimos que hacer a pie debido al mal estado del camino y a la pendiente del mismo.

Tuvimos una primera fuerte subida que empezó por camino y terminó por carretera. Al inicio de la bajada había en una valla un cesto con manzanas para los peregrinos, y gratis, pero había que quitar algún gusano que otro, aunque alguna peregrina no hiciera mucho caso a esos animalitos.

Al finalizar la bajada nos encontramos con el puente sobre el río Tambre, llamado PONTEMACEIRA, paramos para hacer unas fotos del pazo y del molino.

En un pueblo que se llama Fontán, en casa O COTON paramos a tomar unos bocadillos, ya era la hora del “angelus” (entre las 12 y la una del mediodía). Continuamos la marcha y amenazaba lluvia, algo que no ocurrió y fue de agradecer porque nada más empezar teníamos una subida de unos 10 Km, eso si, por carretera que siempre es más llevadero.

Sobre las 16h. paramos a comer como a unos 18 Km de Cee. Todos esperábamos llegar a esa bajada que teníamos en el perfil de la etapa.

La última parte de la etapa fue preciosa, entre valles repoblados con pinos y eucaliptos, por la cima de algunos montes y con unas vistas sobre Cee, dignas de repetirse.

A las 19 llegábamos a Cee, después de la ducha nos encontramos todos en la cafetería del hotel y de allí salimos a dar una vuelta por Cee para volver al hotel a cenar, algunos nos entretuvimos con una mariscada.


Día 5-09- Cee – Muxia
Km: 56




Hoy ya es el último día y creo que a todos nos da un poco de pena que se acabe. La etapa tenía su interés, íbamos a pasar por Finisterre y subiríamos al faro, luego vendría Muxia y ahí se nos acaba el XI camino de Santiago, o al menos eso creíamos.

Desayunamos en el mismo hotel, pan tostado con aceite o mantequilla, café y zumo. Aquí no pudimos llevarnos los bocadillitos que nos hacíamos en los buenos hoteles. Comenzamos la etapa sobre las 9,30h.

Hoy decidimos que fuera el día del peregrino y no voy a entrar en detalles para evitar suspicacias.  El Día del Peregrino, es el día de la anarquía, cada uno hace o va por donde le da la gana, que para eso somos mayorcitos.

Nada más salir de Cee tuvimos que echar pie a tierra por lo mal que estaba el terreno y la subida tan pendiente que teníamos frente a nosotros, quizás este tramo debimos hacerlo por carretera, pero seguimos las flechas.

Hasta Finisterre, Km 15 de etapa, fuimos junto a la playa, aunque de vez en cuando teníamos alguna subida medio fuerte.

En Finisterre o Fisterra, estuvimos un buen rato, hicimos fotos al monumento del peregrino, es una bota, al lugar donde los peregrinos que volvían quemaban la ropa y al Km 0 porque desde allí también comienza un camino de Santiago.

A las 14h. paramos en un pueblo llamado Lires a almorzar un poco ya que sabíamos que después de una bajada teníamos una pronunciada subida, de unos 10 kilómetros.

Nada más salir de Lires tuvimos una bajada para cruzar un “puente” no había tal puente y hubo que descalzarse para cruzarlo. Nos reímos mucho con las tonterías que pudimos decir en ese rato. Luego nos esperaba una fuerte subida por camino primero y luego por carretera local.

Al llegar a un pueblo llamado Guisamonde empezó una fuerte bajada de unos 3 kilómetros. En esta bajada el grupo se deshizo y fue un desastre, unos se perdieron, ¿verdad Carlos y Violeta? Otros se fueron por la carretera en lugar de tomar un camino como hicimos Santi, Carmen y yo, lo único que yo me metí por un camino que diría que tenia unas flechas, pero aparecimos en una playa a la entrada de Muxia.

Llegamos a Muxia y no recuerdo si llamé a Paco o ellos me llamaron, el caso que hablamos y digo hablamos porque ya nos encontramos con Carlos y Violeta. Paco nos dijo que el hotel estaba pasado Muxia y como Muxia es como una península tuvimos que dar la vuelta por otra carretera, preguntamos por el hotel y nos dijeron que estaba como a unos 10 Km y con una fuerte subida nada más salir.

Comenzamos la subida de un Kilómetro más o menos, pero por asfalto y de una considerable pendiente y lo malo que no sabíamos cuanto quedaba y si era llano, yo suponía que sería bajada, porque el hotel estaba a pie de playa, pues no era bajada, para variar era más bien subida y no me explico como se puede subir tanto y llegar a una playa.

Lo cierto que fueron 10 kilómetros de los más duros, pero quizás porque pensábamos que Muxia era el final de la etapa y del camino. Lo peor que puede pasar en una etapa es que pensemos que hemos llegado al final, estemos pensando en la ducha, ropa limpia, cervecita etc. y nos digan que faltan 10 Km y de subida.

En el último esfuerzo de llegada al hotel nos encontramos con Carmen y Santi, fuimos un rato juntos, pero yo iba muertecito, así que cada uno a su ritmo fuimos llegando al hotel. Ya habían llegado Paco y Lucas, y este último estaba en traje de baño tomando una cerveza en la terraza del hotel. Así que rápidamente hicimos lo propio y nos acercamos a la playa que la teníamos enfrente.

Las chicas se metieron al agua y yo no iba a ser menos, pero casi ni lo cuento, estaba helada y la verdad es que los que traían mal humor provocado por el cansancio lo dejaron en el mar. Violeta dijo:  “me fui encontrando mejor y deje el mar humor en ese agua tan fría, tengo que decir que tenia tal cabreo, que antes de llegar al hotel, como a tres km, me bajé de la bici y anduve unos metros, cuando me di cuenta de la tontería me volví a subir y Cefe con su infinita paciencia se mantuvo a mi lado no diciéndome nada, aunque en ese momento me merecía por lo menos unas palabritas…”

Éramos siete pedaleando y llegamos al hotel en cuatro grupos distintos, peor imposible. No nos merecíamos un final tan malo, pero seguro que el año que viene no habrá “día del peregrino”

Vimos la puesta del sol desde la playa y luego nos fuimos en furgoneta a Muxia a cenar. Estuvimos buscando un super restaurante que nos había recomendado un paisano que nos encontramos en el camino, y que empezó diciéndonos que se había hecho el camino de Santiago desde Suiza, que era de Muxía  y que fuéramos, que merecía la pena. La madre que le p…

Cenamos en un “garito” de los que tienen las mesas y bancos corridos y la verdad que cenamos muy bien y agradable, aunque rodeados de la tercera edad, toda una premonición.

Nos volvimos al hotel sobre las 12 y casi diría que aquí se terminó el XI Camino de Santiago. Yo no se si al resto de peregrinos sentían algo extraño por terminarlo, la verdad que yo si siento todos los años algo especial cuando termino y sin quererlo pienso en el siguiente año.


Día 6-09- Muxia – Madrid
Km: Muchos

Poco que contar, los matrimonios fueron en el coche de Santi y nosotros en la furgoneta, quedamos para comer en Celada de la Vega, en el Mesón Quiñones, cerca de Astorga, donde ya lo habíamos hecho en más ocasiones. Por supuesto, cayeron las judías blancas de rigor, especialidad de la casa y que, según los entendidos, hacen efecto a las dos horas y se convierten en un peligro para los vecinos de asiento.

Llegamos a casa de Cefe y Violeta, descargamos la furgoneta, Carlos limpió, como siempre las bicis, luego las cargamos  en los coches y cada uno para su casa.

Y con esto damos por terminado el XI Camino de Santiago.

PERFIL DEL XI CAMINO DE SANTIAGO
AVEIRO MUXIA

Ramón




"Crucero de placer por el Egeo"

Día 1. Lunes.

!Eureka! –diría Arquímedes‑. Estoy a punto de montar en el avión. Destino Atenas para iniciar un crucero que en el “Zenith”, buque de la compañía Pullmantur, nos conducirá a mi señora y a mí, desde la milenaria ciudad de Atenas hasta Rávena en Italia. Ocho días, siete noches, que se presentan llenos de diversión, cultura, sirtakis, mar salada, playitas de arena fina y navegación tranquila acompañados en nuestros sueños por la blanca luna iluminando la cubierta del buque. Cuando los indicadores de información del aeropuerto señalan nuestro vuelo, corremos hacia la puerta indicada, número 43. Una fila de chavales hacen cola para pasar. Es un grupo de estudiantes murcianos. Viaje del ecuador en sus estudios de magisterio. Sonrío mientras miro sus caras iluminadas y pienso en los futuros profesores contemplando el Partenón y estremeciéndose ante el templo de Zeus en Olimpia. Esta es la juventud que me gusta, le digo a doña Chespira mientras tomamos asiento en el gigantesco Jumbo. Cuando llegamos a Atenas el piloto informa: “La temperatura es de 20 grados y en estos momentos cae una ligera llovizna. Son las 4 de la tarde y podemos apuntarnos a la excursión que, organizada por la compañía, nos enseñará la ciudad de Pericles. Cuando montamos en el autobús la “ligera llovizna” es un chaparrón que haría perder la confianza al mismísimo Noé. En medio de la lluvia, lluviaza, bajamos en la acrópolis.




Helena, nuestra guía, es una mujer encantadora que además parece bastante preparada. Pone todo su esfuerzo para conseguir que escuchemos sus explicaciones a través del tronar de la lluvia sobre nuestros paraguas “todoacien” que hemos comprado al llegar a la Acrópolis. 


Una cantidad similar de agua a la que podría llevar el río Amazonas solo que cabreado, baja por las escaleras que conducen hasta el Partenón y miembros de protección civil de la ciudad de Atenas tienen que rescatar con ayuda de un guardacostas y media docena de Zodiacs a dos turistas del grupo que fueron arrastrados por las aguas. Afortunadamente los devuelven a nuestro bus empapados como salmones pero bien de salud. De los 30 paraguas que iniciaron la excursión solamente quedan tres, uno de ellos el nuestro, sin las varillas dobladas. 

Después continuamos la excursión por la ciudad moderna antes de dirigirnos al barco. Trámites de aduana, llegada a la cabina que juzgamos impecable. Ducha rápida, cambio de ropa mojada por otra seca y listos para la cena. Al salir conocemos a Oswaldo. Un camarero sonriente que, tras presentarse como nuestro asistente de camarote, o algo así, nos dice que está a nuestra disposición para cualquier cosa que podamos necesitar.”Todo está perfecto, gracias Oswaldo” –le respondemos‑. Él nos indica el camino hacia los ascensores. Segundo turno de cena y no queremos llegar tarde. Mesa 5 en donde ocupamos dos asientos. Orlando y Alan son nuestros camareros y un par de matrimonios vascos y riojanos serán nuestros compañeros de mesa durante el viaje. La primera impresión de todo no puede ser más favorable. Nos presentamos, conversación amable sobre cada uno de nosotros, todos de edades aproximadas y de un estilo de vida acorde con ellas. Cenamos bien y sin contratiempos. Tras la cena el grupo se dispersa. Doña Chespira y yo nos disponemos a conocer el buque que ya ha comenzado a navegar. El bamboleo es intenso pero afortunadamente no nos mareamos. En cubierta hace frío y no se puede estar así que buscamos los diferentes salones. La discoteca ha sido tomada por el grupo de “postadolescentes” que se han hecho fuertes junto a la barra. Alguien ha debido tirar una bebida porque los zapatos se pegan al suelo. Un chaval pide tres mojitos y se los trasiega sin respirar. Luego pide otros tres. “Son para mis colegas” –le dice al camarero brasileño‑. Sale dando tumbos con los vasos en la mano. Mentalmente hago apuestas a que no es capaz de llegar a la mesa sin tirarlos pero lo consigue. En su mesa varios compañeros cantan a coro: “¡No hay más macho que el borracho!” Las chelis, minifalda, escote con canalillo y zapatos de tacón alto miran a sus chicos con ojillos entornados y no soy capaz de distinguir si es por cuestiones hormonales o más bien etílicas. Alguien es capaz de llegar a la mesa con cinco mojitos más. Eso debe de estar bueno, pienso yo. Logro llegar a la barra tras despegar, no sin esfuerzo, mi zapato que se ha quedado pegado al suelo. Pido un mojito al camarero que se disculpa encogiendo los hombros:

‑Señor, lo lamento, pero se nos ha terminado el ron y la hierbabuena –me dice‑.

‑Pero… acabo de ver cómo servías tres mojitos a ese chaval hace un momento –respondo indignado‑.

‑Roberto, así se llama el camarero, me guiña un ojo cómplice.

‑Llevan más de una hora tomando diesel azucarado acompañado de agua de mar y algas del puerto de Atenas. Vinieron directamente desde el avión y desde las cinco de la tarde no han parado de “chupar” mojito pero ni se enteran.

Pedimos un par de cervezas y las olemos antes de probarlas. Parecen de confianza y efectivamente lo son. Después nos dirigimos hacia nuestra cabina. Leemos el diario de a bordo. Llegaremos a Mikonos a las 8 de la mañana del martes. El tiempo soleado y 24 grados de temperatura máxima, anuncia el papel aunque en esos momentos sigue lloviendo a cántaros, algún relámpago ilumina el cielo y el barco se mueve cada vez más. Una ducha y a dormir. Son casi las dos y media de la madrugada.

Alguien canta en el pasillo. Me desperezo y miro la hora: Las cinco y diez. Creo que son los chicos que vuelven a sus camarotes. Doña Chespira lleva tiempo despierta.

‑¡Borrachos! Están como cubas. Y encima el barco se mueve más que una mona mirando a un río. Me he asomado a la ventana y las olas nos salpican hasta aquí, ‑estamos en la cubierta cinco, aclaro al lector‑. Los chicos siguen a voces. Alguien pregunta algo a una tal María y ella contesta gritando desde la otra punta del pasillo. Intento dormir pero un coro desafinado por el alcohol o el gasóleo de navegación, me lo impide. Tras media hora de cánticos y aullidos a medio camino entre el mono aye-aye y un gorrino de matanza me decido. Abro la puerta y pido, intentando apaciguar mi enfado, un poquito de silencio. Uno de los niños grita: “¡Oye, que os calléis que aquí hay un viejo que quiere dormir!”

No le hacen ni caso y no estoy dispuesto a liarme a mamporros con un niñato borracho. Pero se van a enterar. Acaban de despertar la fiera que llevo dentro. Una hora después parece que la cosa se ha calmado. Recupero el sueño hasta que el teléfono que tengo en la mesilla suena un par de veces. Contesto rápidamente, doña Chespira se ha dormido y hablo en voz baja para tratar de no despertarla.

‑¿Dígame?

‑¿María? Soy yo. ¿Qué haces? ¿Tomamos la última en mi habitación? Estoy en la 5224. ¿Vienes?

Es la voz del mismo chico que antes me llamó viejo‑. Evidentemente ha marcado mal. Imposto mi propia voz para resultar seductor. Con la borrachera que lleva encima el engaño me resulta fácil.

‑Mejor ven a mi camarote. Estoy en el 5400 y hace mucho frío en mi camita. Un besito, amor.

Cuelgo el teléfono. Dos minutos más tarde alguien aporrea en la puerta del camarote 5400. Nadie contesta. Supongo que María debe estar dormida por culpa de la hora, del cansancio, y de la mezcla de alcohol con gasóleo de navegación. Vuelvo a escuchar como aporrean la puerta y un minuto más tarde un golpe seco en el suelo. Me asomo al exterior y dos puertas más allá veo al chico que se ha dormido. Sonrío. Mi venganza sólo ha empezado.


Día 2. Mikonos.

Mikonos

El despertador suena a las 7.30 de la mañana. Descuelgo el teléfono y marco el 5400. Escucho la señal de llamada. Una, dos, tres y hasta siete veces más. Al final una voz tan somnolienta como femenina responde.

‑¿Dígame?

‑Oiga… ¿Servicio de habitaciones? ¿Me sube un chocolate con tejeringos y zumo de naranja para dos personas?

‑¿Perdón?

‑Tejeringos… Media docenita. En Madrid les dicen churros –aclaro‑. Y el chocolate caliente y espesito.

‑No, no es aquí –se escucha al otro lado de la línea‑. Ha marcado usted mal.

‑Entonces… ¿No es ahí el servicio de habitaciones?

‑No, no señor, no es aquí.

‑Entonces… ¿ dónde he llamado?

Mi interlocutora no contesta y cuelga el teléfono. Yo sonrío malévolo. Cuando me miro en el espejo, de mis ojos cuelgan dos ojeras como bolsas de supermercado. Nada que no pueda eliminar una buena ducha. Mi cabina está rodeada por cabinas de los “niños” y no voy a molestar a nadie más así que aprovecho la intimidad del baño para entonar a pleno pulmón “O Sole Mio”. Doña Chespira aporrea la puerta del baño para pedirme a voces que por favor, deje de lanzar esos horripilantes graznidos. Una vez arreglado, antes de subir a desayunar, decido que es un buen momento para seguir molestando y marco nuevamente el 5400. Esta vez tengo que esperar al menos diez tonos antes de que la misma voz, con el mismo sueño, responda.

‑¿Dígame?

‑¿Servicio de habitaciones? ¿Qué pasa con el chocolate calentito y mi media docena de tejeringos? Hace más de media hora que los estamos esperando.

Cuelgan el teléfono sin contestar. Cuando salimos de la cabina nos encontramos, nada más abrir la puerta, a un sonriente Oswaldo.

‑Buen día, señores. Bienvenidos a Mikonos. Es una islita preciosa pero el día no es bueno. Les recomiendo lleven algo de ropa de abrigo.

‑¿No es bueno el día? El diario de a bordo dice que las temperaturas estarán entre los 16 y los 24 grados.

‑Oswaldo me da un pequeño toque con el codo.

‑Si, eso dice el parte pero… ustedes ya saben. Eso viene bien para que la gente contrate excursiones pero la mar está tan mala que se han cancelado varias.


 


Una de las canceladas es la de Delos. ¡Maldición! Acabo de perder la ocasión de visitar las ruinas del templo de Apolo. En fin, eso será un buen motivo para volver en el futuro. Oswaldo se despide de nosotros. A media docena de metros hay un bulto en el suelo, justo enfrente de la puerta del 5400. Es el chico de la noche anterior. En su mano derecha hay un vaso del que nos llega un olor apestoso a gasóleo. La mano izquierda permanece cerrada agarrando algo que no consigo identificar. Venciendo mi natural repugnancia me agacho y trato de evitar algo que parece un trozo de hígado cirrótico. Abro el puño del chico y encuentro un sobrecito metálico de aspecto totalmente reconocible. Es un condón. El diablo vuelve a llamarme en la oreja y busco algo que me pueda servir. Encuentro un pequeño imperdible que abro y con la punta realizo varios agujeritos imperceptibles que atraviesan el centro del envoltorio. “A lo que salga, le llamas Chéspir” digo antes de volver a colocar el preservativo en la mano de su propietario.

En el desayuno no se divisa a ninguno de los “niños”. Suponemos que seguirán durmiendo la mona . Unos compañeros de mesa nos dicen que hay varios grupos de adolescentes en viajes de ecuador. Unos de Murcia, que son los que nos han “tocado” a nosotros pero en otras cubiertas los hay de Granada, Málaga, Navarra y algunas otras poblaciones. Más del 60 % del pasaje son adolescentes que han decidido realizar viajes fin de curso en plan “Semana del botellón a bordo”. Decido olvidar a los chicos para concentrarme en el plan del día. Por la megafonía del barco se nos informa de que para llegar a la capital hay preparado un servicio de autocar que cuesta 8 € por persona incluyendo los trayectos de ida y vuelta. Desde donde estamos hasta la ciudad hay unos diez minutos en coche, nos dicen. Pagamos dos billetes y el autocar nos espera nada más salir del barco. Pero también hay autobuses municipales a 1 € el trayecto. Taxis que se anuncian por 3 €, varios coches de caballos, dos limusines para 6 personas, un zepelín que por 5 € te da además un paseo por la isla y, finalmente, el más caro de todos, un helicóptero con servicio de bebida que cuesta 10 € por persona y trayecto. Miramos nuestros tickets recién comprados y tenemos la desagradable sensación de que nos han timado. En menos de 10 minutos el bus nos deja en las afueras de la capital de la isla que resulta ser un precioso pueblecito de pescadores. Casas bajas, blancas, blanquísimas, joyerías caras, bares caros (20 € por 300 gr de mejillones cocidos) y un simpático pelícano del tamaño de un borrico pequeño que se pasea indiferente entre las mesas causando sorpresa a los turistas. Le saco una foto al bicho que se niega a decir “patata” para salir con el pico sonriente. No importa, el pajarraco ya ha quedado inmortalizado para los restos. Es una lástima que el día no acompañe porque de buena gana me habría pegado un bañito en las aguas del Egeo. Después de separar a tirones a doña Chespira del escaparate de una joyería, subimos por unas escaleritas a la parte alta del pueblo donde cuatro molinos, similares a los de don Quijote, miran con sus brazos inmóviles desafiando a la mar océana. Si Cervantes hubiera sido griego quizás el libro se llamase Don Ulises de las Cíclades. De repente me doy cuenta de que estoy solo. Miro a lo lejos y veo a doña Chespira, tarjeta de crédito en mano, corriendo hacia la joyería. Bajo los escalones de siete en siete y logro detenerla antes de que una amable dependienta, guillotine la Visa y nuestra cuenta corriente todo de un plumazo. Con la ayuda del pelícano, que ha observado muy atento la escena, logro introducirla en el bus que nos lleva de regreso al Zenith. Ella lamenta que los pelícanos sean especie protegida porque de lo contrario hubiera cenado pájaro asado esa misma noche. Me despido del animalito que sobrevuela la cubierta de la nave mientras nos alejamos a Santorini, nuestro siguiente destino.




En sueños escucho a los niños que regresan a la cama. Por la ventana del camarote entra algo de luz o sea que está amaneciendo. En esta ocasión doña Chespira no se entera de la negativa a gritos de María a los intentos del chico de la noche anterior para acompañarla en el descanso. Al final un ruido que parece una bofetada termina la discusión y por fin recupero de nuevo el sueño. En un par de horas fondearemos en Santorini.



Día 3  Santorini.


    Cuando el 5400 contesta a mi llamada intento que mi voz suene con acento brasileiro. Prácticamente la totalidad de la tripulación tiene este origen. En esta ocasión es María quien se adelanta.

    - Si llama preguntando por el servicio de habitaciones le aviso que no es aquí.

    - Am, escusa. No garota. Eu seu Roberto encargado da discoteca. Vosé dejá anoche un mojito sin acabá. Se lo preparé muito especial, Habana tostado gasoleo free. ¿Va a tomarlo o eu tiro a mar para peixe?

    Ella duda entre seguir durmiendo o recuperar el presunto mojito. Cuando finalmente me responde entiendo que mi plan ha dado resultado.

    - Mmm. No, Rober, mejor no lo tires. Voy a buscarlo. Gracias por el aviso. Salgo al pasillo un instante antes de que se abra la puerta del 5400. En el suelo, dormido, el joven galán continúa con el puño cerrado. Cuando María sale corriendo del camarote tropieza con las piernas del chico, se trastabilla y está a punto de dar con sus huesos en el suelo. Ella lanza una maldición y propina un puntapié a la cabeza del chaval que parece no inmutarse. “- Peleas de enamorados”, escucho que alguien pronuncia detrás de mí. Me doy la vuelta y los ojillos de Oswaldo me hacen estremecer.

    - Hola Oswaldo, buenos días.

    - Buen día señor. ¿Descansó bien el señor? ¿Desea algo el señor?

    - No, gracias - respondo. Todo está bien. Escuché ruidos y salí al pasillo. Ahora voy a tomar una ducha.

   No puedo evitar que el camarero pase a la cabina, entre en el baño, abra el grifo, valore con el codo la temperatura del agua y me frote la espalda  con una esponja de crin. Doña Chespira le jura que una promesa a la Virgen le impide bañarse durante todo el crucero. Oswaldo es un hombre piadoso y sabe lo que significa una promesa. Eso salva a doña Chespira de la esponja de crin. Oswaldo nos informa que en esta ocasión el “diario de a bordo” parece haber acertado. 19 grados de máxima y 12 de mínima. Tiempo despejado. Unos minutos después de desayunar la megafonía del barco anuncia que podemos desembarcar. Hay novedades. Esta vez no estamos parados en puerto, hemos fondeado en medio de una inmensa laguna que no es sino el producto de una tremenda explosión volcánica que se llevó media isla por delante hace unos 2500 años. Por culpa del pepinazo se produjo un tsunami que asoló la isla de Creta y mandó a tomar por saco a la civilización micénica. Para vivir en un sitio de estos, pienso yo, hay que tener unos cataplines del tamaño de la chimenea del buque. Mi abuela decía que el que hace un cesto hace ciento si le dan mimbres y tiempo y el día menos pensado esto peta de nuevo. Espero que no sea hoy.    Bajamos desde la cubierta 3 hasta la lancha que nos llevará al pequeño puerto. Durante el recorrido escuchamos que alguien nos llama desde la cubierta 7 donde está situada la discoteca. Es María que pregunta si alguno de nosotros ha visto un mojito de ron tostado a medio terminar. Como nadie sabe nada seguimos nuestro camino. Fira, la capital de la isla está a unos 300 metros de altura y el acceso se hace mediante el tradicional sistema de borricas que suben. La otra posibilidad es  gracias a un moderno funicular. Las borricas salen un euro más baratas y no está la cosa como para andar derrochando. Doña Chespira protesta pero finalmente nos decantamos por la mula. Una montura por cabeza y en grupos de 5 jinetes comenzamos la subida.

    Ya en la segunda curva me arrepiento de mi decisión. Espero que el bicho sepa lo que hace porque el acantilado que se abre a mi derecha es importante. Pienso en bajar del animal pero no me atrevo. El camino es estrecho, lleno de cacas de jumentos y la posibilidad de dar con mis huesos entre las olas que rompen a 100 metros debajo de nosotros me hace estremecer las carnes. Confío más en la burra que en mis propias habilidades. Cierro los ojos para abrirlos 15 minutos después cuando una voz grita “finito”. Me bajo del animal y miro el camino que nos ha llevado hasta la base de la ciudad y rectifico mi primera impresión sobre los testículos de los habitantes de la isla. No, no son como la chimenea del barco. Son más gordos.

    Fira es una población situada prácticamente en la cima de la montaña. Esto significa que hay escaleritas por todas las calles que resultan ser estrechas, llenas de tiendecitas y restaurantes. Las casas blancas con puertas y ventanas azules me recuerdan a Sidi Busaid en Túnez. El efecto es muy pero que muy bonito, hay que reconocerlo. Es una lástima que nuestra estancia se limite hasta las seis de la tarde porque me hubiera gustado recorrer un yacimiento con restos de la civilización asolada por el volcán pero el tiempo manda y no tengo claro que haya un sistema de transporte fácil y rápido entre Fira y Carabanchel que es mi barrio. Si me quedo aquí las dificultades para volver a casa podrían resultar importantes así que damos un buen paseo hasta la parte más elevada de la ciudad para ver la laguna en todo su esplendor. Si alguno utiliza el Google earth, que escriba en el buscador “Santorini” y se dará cuenta de la configuración del terreno. En medio de la laguna, a unos cientos de metros del puerto flota el Zenith y, desde nuestra perspectiva, al comparar su tamaño con el mar que nos rodea, comprendemos que vamos montados en una cáscara de nuez que decía la canción infantil.


   Paseamos las calles durante dos horas más  compramos algunos recuerdos para la familia y doña Chespira se decide tras dos horas de duda por una camiseta de tirantes mucho más barata y útil que la pulsera de Mikonos. Después nos encontramos con Rosa y Miguel, los de Logroño que cansados de subir y bajar calles han decidido sentarse en una terracita y pedir unas bebidas.  Con un poco de suerte igual nos invitan, pienso yo. Nos acercamos discretamente, como quien no quiere la cosa y acercamos dos sillas a su mesa. Extrañamente ellos parecen encantados por el encuentro. Pedimos dos cervecitas del país y cambiamos impresiones.  Muy bonitas las catedrales ortodoxa y católica, muy bonita la ciudad, muy bonito el barco, muy bonito todo. Ellos llevaban ya un rato sentados y deciden continuar caminando. Cuando se levantan me fijo que ya han pagado. Su cuenta y la nuestra y yo me arrepiento de no haber pedido algo más caro. De todas formas, como ya va siendo hora de comer, pedimos una carta al camarero que nos recomienda el pulpo asado al estilo de la isla y calamar relleno de ensalada y queso feta. Todo un acierto. Como rápidamente, no sea que me encuentre a otro conocido y me toque repartir. Tras la comida un paseo más y vuelta al barco, esta vez en teleférico. Si hay que tirar euros, se tiran, pero la integridad del Chéspir es cosa a tener en cuenta.


   Volvemos al barco  y antes de acercarnos al pasillo que lleva hasta nuestra cabina, examinamos el terreno para evitar a Oswaldo que resulta estar rascando con limpiahornos el trozo de hígado cirrótico enfrente del 5400. No nos atrevemos a acercarnos y subimos a la cubierta 12. El tiempo es precioso y nos decidimos a descansar en una de las numerosas tumbonas repartidas por cubierta hasta que el barco comienza a moverse. Un poco tristes nos despedimos de la isla. Evitamos bajar al camarote así que nos incorporamos al salón donde en esos momentos va a dar comienzo el espectáculo brasileño. Plumas, samba y señoritas luciendo pierna larga. Deberían estar recetadas por el médico para bajar la colesterol mala, pienso entre caderazo y caderazo, suspiro y suspiro. Después bajamos, quizás subimos, a cenar. El barco cada vez me parece más laberíntico. Escaleras y pasillos que todos me parecen iguales. Tras preguntar varias veces conseguimos llegar a nuestra mesa. La cena, como de costumbre, estupenda. Los niños empiezan a aparecer en el comedor y creo que deben tener desorientado su reloj biológico porque piden café con leche y croissanes. Un chaval, proyecto de maestro, ¡válgame Dios!  me pregunta dónde estamos y le contesto que acabamos de salir de Kuala Lumpur. Se encoge de hombros  antes de mojar en su vaso de cerveza una rodaja de merluza empanada untada de salsa bearnesa que se traga sin darse cuenta de su error. El grupo de seis bajamos al Rendez Vous y después del consabido café con chupito de grappa nos marcamos unos pasodobles que hubiera firmado la mismísima Marifé de Triana. Otra copita más para hacer la digestión y todos a la camuchi que mañana a las 12 llegaremos a Katacolon. Los dos chupitos de grappa tienen un efecto no deseado. Hemos bajado la guardia y al llegar a nuestro camarote somos cazados in fraganti por Oswaldo. Tenemos la cara ligeramente irritada por el sol y el camarero no desiste hasta darnos un emplasto after sun de papaya rehidratante con liposomas omega 3 (o algo así). Tras dejarnos acostados y con la manta subida hasta las narices nos obliga a bebernos un vaso de leche caliente y juntos rezamos lo de las “cuatro esquinitas tiene mi cama….” Sale despacio para no despertarnos. Mañana será otro día.



Día 4. Katakolon.


El ruido de voces, gritos y aullidos nos hace pensar que el Zenith ha naufragado. Mi reloj marca las 4.35 de la madrugada y doña Chespira y yo, obedientes a las maniobras de desalojo que la tripulación impartió el día de nuestra llegada, nos ponemos ropa de abrigo, nos colocamos los chalecos salvavidas y salimos de la cabina dispuestos a dirigirnos al casino, cubierta 8, que es donde se supone que estará nuestra lancha de salvamento. Pero nada más abrir la puerta, Oswaldo, como siempre sonriente, intercepta nuestro paso.

    - Buen día señora, buen día don Chéspir. Permítanme indicarles que todavía es un poco pronto para levantarse. Faltan más de 7 horas para el desembarque. ¿Puedo ayudarles en algo?

    - Mmm. –Dudo antes de contestar- . ¿Pasa algo? ¿Nos estamos hundiendo? Es por los gritos y carreras que escucho por los pasillos –aclaro- .

    - No, no señores. No deben preocuparse por nada. Son los jóvenes que han decidido hacer la fiesta del piyama en sus camarotes y arman algo de bronca. Por lo demás todo está correcto.

    - Ya… comprendo –digo mientras desabrocho el chaleco salvavidas- . ¿Y tú que haces por aquí a estas horas? ¿Es que no duermes?

    - Señores, mi descanso es su satisfacción –replica el camarero- . Cualquier cosa que gusten no tienen más que pedírmelo. ¿Puedo ayudarles en algo?

    Miro la cara sonriente y expectante del camarero que aguarda mi respuesta. Una idea pasa por mi cabeza.

    Si, si que puedes hacer algo. ¿Puedes conseguir que estos energúmenos se callen?

    - Por supuesto, señor.

    Vemos como Oswaldo cambia su cara sonriente por una terrorífica mueca a medio camino entre Freddy Krugger y Chuck Norris. Agarra a un chaval que en esos momentos se paseaba adornado con la funda de una almohada en la cabeza.

    - ¡Tú! ¿Qué haces aquí? ¿Qué cabina es la tuya? –dice Oswaldo mientras le agarra del cuello con las dos manos- .

    El chico abre los ojos aterrorizado y hace ademán para que su agresor suelte la presa. Oswaldo relaja la presión de sus dedos sobre el cuello del muchacho que tose un par de veces antes de contestar.

    - Yo…. Yo….Mi camarote está en el piso de arriba y había bajado a buscar unos apuntes de pedagogía de 3º. Los necesito para el parcial de mayo.

    - ¿Pedagogía? Un degenerado eso es lo que tú eres. ¡Zumbando para tu camarote y si te veo por aquí de nuevo te arrojo por la borda. ¡Y calladito que la gente quiere dormir. Mañana te voy a preguntar por esas lecciones y ¡Ay de ti como no las sepas!

    Un grupo de niños ve la escena y el rumor se extiende como una mancha de aceite. Despacio, en un silencio casi sepulcral se dirigen a sus camarotes. En esta ocasión nadie se queda dando lamentos lobunos junto a la cabina de María que ha desaparecido a las primeras de cambio. Oswaldo se despide con un “hasta mañana” y nosotros volvemos a la paz del sueño.

    El despertador suena a las 8.30. Hoy no tenemos prisa. Antes de subir a desayunar llamo por teléfono al 5400 pero nadie contesta así que dejo el teléfono descolgado con los tonos sonando mientras me ducho a la vez que canto con toda la fuerza de mi garganta  la musiquita de Zorba el Griego. Una vez limpio, afeitado y vestido, abrimos la puerta de la cabina y ni doña Chespira ni yo nos sorprendemos al ver a Oswaldo de pie en el pasillo.

    - Buen día, señor. ¿Descansó bien?

    - Si, gracias Oswaldo. Fuiste muy eficiente a la hora de poner orden.

    - Gracias, señor, muy amable el señor. Permítanme decirles que hoy también ha acertado el diario de a bordo con el tema del tiempo. Será excelente. El cielo está azul, ni una sola nube lo mancha,  y la temperatura es excelente. ¿Se han apuntado los señores a alguna excursión?

    - No, la verdad es que no lo hemos hecho –responde doña Chespira- . No nos gustan las prisas con las que nos tratan en estas visitas tan masificadas.

    - Bien hecho, señores. Permítanme que les diga que a nuestra llegada a Katakolon la visita a las ruinas de Olimpia es obligada. Está a unos 20 kilómetros pero hay buses cada media hora y también está el tren. Los buses son más rápidos.

    - Gracias, Oswaldo. Creo que utilizaremos el autobús. Tu información ha sido muy valiosa.

    La cara del hombre se ilumina y una inmensa sonrisa se dibuja en su rostro. Hace un par de reverencias y me quita una pelusilla que llevaba en la camiseta. Cuando subimos a desayunar nos encontramos con que la mayoría de los pasajeros del grupo que podríamos calificar “seniors” bostezan y tienen caritas de sueño. Parece ser que en las otras cubiertas no tuvieron tanta suerte como nosotros y la fiesta del pijama se prolongó hasta las 7 de la mañana.     Decido realizar una reunión de afectados. Todos a las 11 en la discoteca para recibir instrucciones. Cuando llegamos al lugar de la reunión comprobamos que no es posible dar un paso sin que los zapatos se peguen al piso.  El servicio de limpieza del barco se está empleando a fondo. Utilizan salfuman, ácido clorhídrico y espolvorean azufre en los rincones con la idea de que los niños no orinen en éstos. Prácticamente todo el grupo de mayores de 25 ha acudido a la reunión. ¡Compañeros! ¡Esto es la guerra! Si nosotros no podemos dormir, ellos tampoco…

    Más de 200 pasajeros nos unimos en fila y recordando Nochevieja, recorremos todos los pasillos del barco cantando a voz en cuello “La Conga de Jalisco”. Hay algunos portugueses, dos parejas rusas y otra china que se aprenden la letra gracias a una aplicación del Iphone.  Yo abro la comitiva, bajamos las escaleras, golpeamos las puertas de todos los camarotes y cuando algún niño asoma la cabeza por la puerta entreabierta, le deseamos, siempre a voces, una feliz navidad y un próspero año nuevo. Así hasta las 12 de la mañana hora en la que podemos desembarcar en nuestro siguiente destino.



    La península de Katakolon, situada al oeste de Grecia, gozaba esa mañana de una excepcional temperatura. Nada más salir del barco, en el mismo puerto, montamos en un autobús que, por 10 € nos llevaría hasta Olimpia para devolvernos al buque a las 4 de la tarde por lo que podríamos disfrutar todavía de hora y media para realizar algunas compras o tomar un vino griego en alguno de los múltiples chiringuitos de la zona. En el autobús nos encontramos con Rosa y Miguel, nuestros riojanos compañeros de mesa que se habían decantado por la misma opción. Los últimos kilómetros antes de llegar a Olimpia, transcurrieron por un precioso paseo con árboles cubiertos de flores rosadas. Almendros, naranjos, siempre vivas, pinos piñoneros o geranios gigantes fueron algunas de las propuestas escuchadas en nuestros vanos intentos de identificar las plantas. Preguntar al conductor, un griego simpático pero que sabía de botánica y de español lo mismo que nosotros de botánica y griego resultaría a todas luces una pérdida de tiempo, por lo que, finalmente decidimos olvidar esa cuestión y dedicarnos a apreciar el paisaje.  Decir que Olimpia, situada en la base del monte Cronos, era el lugar donde los griegos celebraban cada cuatro años las olimpiadas, parece bastante evidente. Quizás sea menos conocido que en su entorno estaba el templo de Zeus con la gigantesca estatua del Dios realizada por Fidias en el siglo V A.C.  En cualquier caso la visita resulta expectacular aunque solamente sea por la sensación de recorrer las mismas pistas del estadio que hace 2600 años hollaron los pies de Filípides y tratar de imaginar el imponente aspecto que gozaría la estatua de don Zeus que en su momento fue una de las siete maravillas del mundo. El templo de Hera, el taller de Fidias, el lugar donde se encendía y enciende el fuego olímpico. ¡Coño, que lo recuerdo y se me ponen los pelos como escarpias! Una pena que a las 3 de la tarde tuviéramos que salir pitando porque es la hora a la que se cierran las instalaciones y los funcionarios griegos, tal y como está la cosa, no andan por la labor de hacer horas extras. Afortunadamente todavía tuvimos tiempo de sentarnos y tomar una cervecita con patatas que, como siempre, fue cargada en la cuenta de los riojanos. A las tres y media, todos en el autobús y de vuelta al puerto. No sé si servirá para algo el decir que, durante el recorrido nos unimos con una pareja de simpáticos pamplonicas que habían optado por la opción ferroviaria. El viaje en tren costaba 1.60 € pero solamente a los griegos. Los turistas pagaban 5 machacantes y estoy pensando en llamar a doña Ángela Merkel pa chivarme del asunto. Esa discriminación negativa no está bien. No señor.



    Una vez en el puerto, con el Zenith ya a la vista, doña Chespira y yo pensamos que era buen momento para aumentar la colesterol. Sentados en una terracita y acompañados por un simpático michino, nos papeamos dos “Pita yiro”, una especie de hamburguesa peloponésica,  acompañados por sendas copitas de vino del país y un café al estilo griego que viene a significar que es un café mal colado. De todas formas estaba bueno y pagamos encantados los 9 € de la factura. Otro paseito y hora de embarcar. Los niños no habían aparecido en todo el día y supusimos que seguirían durmiendo el botellón. Nos alejamos de Katakolon brindando con un daiquiri a la salud de Pericles.


    A eso de las 7, los chicos de animación empezaron a anunciar una partida de binguito. ¿Jugamos? –pregunto a doña Chespira-  y ante la respuesta afirmativa decididmos compartir un cartón de 3 euracos. Premio pa la línea 1.85 € y pal bingo 4.50 canta entusiasmada la binguera. Eso quiere decir que deben jugarse en total 3 o 4 cartones. Sin embargo todo el mundo anda liado tachando numeritos. Todos menos nosotros que nos preguntamos cómo hace el equipo de animación pa sacar todos los números excepto los nuestros. Na, no ganamos nada ni en el primero ni en el segundo ni en el tercero. El bingo, deduzco yo, es un juego pa gilipuertas. Hace unos meses leí un libro, de la familia Pelayo en el que contaban cómo habían desbancado el casino de Montecarlo. Lo tenía bien aprendido así que nos fuimos al casino, cambiamos 10 € y apostamos 2 al rojo. Salió negro. Luego apostamos otra vez al rojo y volvió a salir el negro. Recordé las instrucciones del libro. “El negro está rachado, dije con aire experto, así que apostamos al negro pero en esta ocasión fue el rojo el que salió. Decidido a saltar la banca aposté al rojo, al negro y al 0 por si las moscas. El croupier que tira la bola, el barco que cabecea y la bola que se va a tomar por saco por los pasillos. El croupier canta la jugada. “Pasillo de cubierta, gana la banca” y al final 10 € que siguieron el mismo camino que los euros del bingo. No sé, me parece que tendré que releer el libro de los Pelayo. En fin, que nos vamos a cenar y tomamos el café con chupito de grappa en el salón de siempre. Vemos algún niño disfrazado de Nosferatu. Esa noche en la discoteca se celebra la noche de los monstruos. Alguien debería decirle al equipo de animación que los monstruos han estado con nosotros desde nuestra llegada a Atenas y, en lugar de beber sangre humana, se pirran por los mojitos de gasóleo.



Día 5. Corfú



Todavía falta hora y media para el desembarco en Corfú cuando contestan mi llamada al 5400. El olor a mojito de gasóleo me llega a través de la línea telefónica y en esta ocasión trato de imitar el acento alemán del recepcionista.

‑¿Fraulein María? Aquí reception de barco. Lamentable error de Pullmantur pero nein de “todo incluído” y factura de bebidas tendrá que ser abonada eine die morgen. Mmm ¿yu anderstan mi? Tu pagar todos mojitos bebidos. Trie euren cada vasen.

El alarido que escucho en el camarote de al lado me dice que, efectivamente María ha comprendido lo que el presunto recepcionista acaba de comunicarle. También escucho a su compañera de cabina tratando de persuadirla para que no se ahorque con el cordón de la Epilady. Dos fuertes cachetadas terminan con el ataque histérico de la niña. Me ducho mientras entono, como siempre a voces, el soniquete de los Niños del Pireo. Ya estamos acostumbrados a los vivaces ojillos y a la blanquísima sonrisa de Oswaldo cuando salimos de la cabina.

‑Buen día, señores. ¿Tuvieron un feliz sueño?

‑Si, gracias Oswaldo –responde secamente doña Chespira‑. Hemos dormido perfectamente y no necesitamos nada.

Estas últimas palabras hacen que la cara de Oswaldo comience a hacer pucheros. El camarero intenta disimular una lágrima que asoma por sus mejillas antes de contestar.

‑Está bien, señora. Lo comprendo. Así pues este humilde mayordomo no es necesario para nada. No se preocupen, lo entiendo perfectamente. Uno ya es mayor y los viejos… ya se sabe. Molestamos más que agradar.

En este punto del discurso, el llanto de Oswaldo es desconsolado. Doña Chespira le pasa un paquete de pañuelos de papel para que se suene las narices y seque las lágrimas que caen por la mejilla del hombre que lanza pequeños hipidos.

‑No, no es eso, Oswaldo. De veras que tu asistencia es muy importante para nosotros, lo que pasa es que todo está tan bien que no es necesario pedirte nada.

Comprendo que he metido la pata cuando el llanto del camarero se intensifica. Arrimo su cabeza contra mi pecho y le acuno con un monótono: “Ea, ea, ea, no llores mi niño, no llores ya más”. En ese momento un pensamiento se me ocurre. Por la noche estuve enredando con el mando de la temperatura de cabina y creo que bajé el termostato un par de grados.

‑¡Si, Oswaldo! Creo que puedes hacer algo por nosotros.

El mayordomo se separa de mi pecho y en su cara se dibuja un atisbo de esperanza.

‑Dígame don Chéspir qué necesita y le aseguro que el barco no saldrá de aquí hasta haberlo conseguido. ¿Quieren fresas? ¿Toallas de colores? ¿Jabón con Aloe vera?

‑No –respondo‑. Es mucho más sencillo. Esta noche hemos tenido algo de frío. ¿Podrías subir un poquito la temperatura de la cabina?

‑Señor, si señor –dice mientras da un par de zapatetas en el aire‑. Nada más sencillo. No se preocupen que esta noche no pasarán frío. ¿Por qué no me avisaron anoche? Estaba aquí mismito y hubiera solucionado el problema. ¿Frío, dicen? Espero que no sea una mala nota en su informe final.

Subimos a desayunar y el suelo pegajoso llega ya hasta las escaleras que conducen a la discoteca. Mientras me sirven el café con leche nos encontramos con Goyo y Luisa, los de Portugalete. Han pasado mala noche por culpa de los niños que se empeñaron en jugar a la gallinita ciega en su pasillo. Todavía tardaremos media hora en desembarcar así que, todos los miembros del grupo senior, nos aprovisionamos de vasos y cucharillas y bajamos por los pasillos cantando con toda la fuerza de nuestros pulmones el “Mosa, mosa, a mi nou se mescapa…” Está claro que hemos despertado a alguien porque se escucha aporrear la puerta de alguna cabina.



Ya hemos abandonado las cíclades y Corfú es la más oriental de las islas jónicas. La capital, Kerkira, con más de 100.000 habitantes es un amasijo de culturas. Según Homero fue aquí donde Ulises naufragó antes de llegar a Itaca y, casualmente hoy hace 100 años justos que se hundió el Titanic aunque el detalle ha pasado olvidado, quizás de forma intencionada, para todo el mundo. Decía que la capital es un amasijo de culturas: Veneciana, turca, griega y también centro-europea porque a pocos kilómetros de aquí doña Isabel de Austria, alias Sissi, y su muy enamorado esposo Francisco José, tenían una finquita con palacete tamaño XXL.



Numerosas iglesias ortodoxas salpican la ciudad que se encuentra amurallada por una impresionante fortaleza veneciana que la protegía de las frecuentes invasiones navales. Paseamos por la construcción desde donde se divisa, a pesar de lo nublado del día, Albania. Cuando preguntamos a un griego sobre el tema albano, éste escupe al suelo y nos dice en un inglés tan chapurreado como el mío algo del tipo: “Albania is also Greek. Shit for Albania”. O sea que los albaneses no le caen demasiado simpáticos. Cuando le volvemos a preguntar su opinión sobre la reina de España, el hombre dice escuetamente “No opinion, she is your queen. Shit for Konstantino!”. Sospecho, pues, que la cosa monárquica tampoco le cae demasiado bien. Dejando aparte estos temas, lamento que el día no sea el más apropiado para visitar la playa de Paleokastritsa, una de las más hermosas del mediterráneo. No en vano en Corfú tienen villa todos los ricachos europeos incluyendo a mi fontanero que antes de salir nos cobró 100 € por cambiar la boya de la cisterna del retrete de casa. 


A las tres de la tarde volvemos al barco. Tenemos menú especial como una opción a destacar: “Cocido madrileño”. Con su sopita de fideos, sus garbancitos, su col y la carne de morcillo picadita como a mí me gusta. Dicen que el cocido no engorda si después te tomas dos daiquiris así que sigo la receta y tomo un tercer daiquiri por si las moscas. A pesar de que el tiempo no acompaña, salimos a la cubierta para despedirnos de la isla. No es posible permanecer mucho tiempo en el exterior así que nos encaminamos al camarote pero al asomarnos al pasillo vemos a Oswaldo en medio de una frenética actividad cuyo motivo no podemos adivinar. Decidimos no molestarle y volvemos a la cubierta donde el restaurante grill se encuentra tomado por los niños que embuchan pizza y hamburguesas. Nos sentamos en una mesa y me sirvo una ración de pizza margarita y una jarrita de cerveza para bajar los garbanzos. Pego la oreja a la conversación de la mesa de al lado. Un par de niños tratan de conquistar a una veinteañera comentando la frecuencia e intensidad de sus hábitos evacuatorios y sus preferencias alcohólicas. Mi pensamiento inicial de “lo llevan claro para ligar con la chavala” cambian drásticamente cuando escucho a ésta decir:

‑“…Pues yo soy más de calimocho y cago como un reloj todas las noches antes de acostarme… “(sic)

Muy románticos. Para versificar e incluir el diálogo entre las rimas de Becquer. El caso es que la chiquilla es un bombón pero su atractivo baja varios enteros en cuanto abre la boca. A todo esto, casi son las 7 . Se me había olvidado decir que hoy tenemos la cena de gala con el capitán: Un croata del tamaño de un armario de 3 puertas que atiende por Ivo Botiça. Es inevitable bajar a la cabina para poder arreglarnos pero Oswaldo hace guardia enfrente de la puerta. Es necesario trazar un plan para eludir su presencia y doña Chespira y yo nos repartimos en plan comando. Por el pasillo de babor, nuestro camarote está a estribor voy hasta la escalera que está en la popa, como si dijéramos en el culo del barco y asomo la cabeza. Grito “¡Cu-cu!” y salgo corriendo en dirección a proa mientras escucho los pasos del mayordomo que me siguen a la carrera. A la vez, según el plan convenido, doña Chespira accede al camarote por el pasillo de estribor y antes de entrar grita ella también: “¡Tas, tas!” Esto consigue que Oswaldo se desoriente, dé la vuelta y trate de retornar por donde había venido pero yo he tenido el tiempo suficiente para alcanzar la cabina también por el lado habitual. Cierro de un portazo un instante antes de que Oswaldo me alcance. Ya en el interior comprendo los motivos de la actividad del camarero esa misma tarde. Sobre la cama hay cinco mantas, una de ellas eléctrica. También hay encendida una estufa de butano y, no sé cómo diablos lo ha hecho, Oswaldo ha practicado una chimenea en el lugar destinado a la caja fuerte. También hay buena provisión de madera de roble y la cabina parece un baño turco. Una vez duchados y arreglados, traje rosa con brillos y lentejuelas para doña Chespira y chaqueta y corbata para mí, decidimos establecer el plan de salida. Por el teléfono llamo a recepción:

‑Oígame, que soy don Chéspir. Que nos hemos perdido, estamos en el cuarto de calderas y no sabemos salir. ¿Pueden enviar a Oswaldo para que nos ayude?

Desde el pasillo escuchamos a Oswaldo hablar por su teléfono y salir corriendo al instante. Es el momento que aprovechamos para alcanzar la escalera que nos conducirá hasta el salón donde “Felix el Gato, su maestro de ceremonias” iniciará su actuación en unos minutos. Antes de entrar nos dan una copita de cava, nos hacemos la foto con el peazo capitán que tenemos y el espectáculo comienza. Bien, muy bien igual que la cena que tenemos a continuación. Las señoras de la mesa, tan guapetonas como siempre pero mucho más arregladas. Goyo y Miguel… también están muy bien, pa que negarlo. El tema se produce al finalizar la cena. Orlando y Alan, nuestros camareros se empeñan en que tras la comida hay que divertirse. Nos hacen jugar al corro la patata, hacer la ola y bailar un sirtaki. Creo que esto debe ser alguna venganza de Oswaldo y, en cuanto conseguimos soltarnos de las manos de Orlando, salimos corriendo hacia el salón Rendez Vous. Música en directo y concurso de baile donde doña Chespira y yo conseguimos terminar en tercer lugar. Evidentemente los dos primeros han sobornado al jurado popular que les aplauden más que a nosotros. Cafelito y daiquiri antes de acostarnos. Doña Chespira me baja en brazos la escalera y en esta ocasión agradece la ayuda del camarero,. Entre los dos me desnudan y me meten en la cama mientras yo canto el “dansacururo”. Dentro de unas horas espero despertarme para visitar Dubrovnik.


Día 6. Dubrovnik



Cuando el despertador suena a las 7 de la mañana, la cabeza me duele terriblemente. Entre sueños recuerdo el vaso de agua que tomé durante la cena de la noche anterior y juro que no volveré a beber agua. Estamos a punto de llegar a Croacia y en el diario de a bordo señala la posibilidad de “lloviznas eventuales” que traducido a “normal” quiere decir que nos espera un paseo debajo de las cataratas del Niágara.

Efectivamente numerosas gotas salpican la ventana de la cabina y el cielo luce negro como sobaco de grillo a pesar de que ya hace rato que amaneció. Recuerdo que esa mañana hemos quedado en la cubierta 4 con el grupo senior para antes del desayuno. Parece ser que los niños granaínos ubicados en esos camarotes todavía no se han enterado de que las 5 de la madrugada no son horas para montar un festival de regatón en los camarotes. Si a ellos les gusta el regatón, a nosotros nos va más la batucada. Tras darle los buenos días a Oswaldo, explicarle que hemos descansado muy bien y agradecerle la aspirina 500 que me trago sin beber agua, por si las moscas, bajamos hasta el lugar de encuentro acompañados de nuestras maletas vacías y provistos también de los silbatos de los chalecos salvavidas. Un pitido largo es la nota y los más de los 200 pasajeros que no hemos tenido la suerte de que nuestros papis nos regalen el viaje, comenzamos a aporrear con tan poco ritmo como buena intención las maletas vacías que ejercen a modo de bombo, mientras Miguel, el riojano, marca los tiempos a golpe de silbato. La estructura del Zenith se estremece por el ruido pero los remaches aguantan sin problemas. De pronto varios camarotes se abren y asoman algunas caras infantiles conmocionadas por el estruendo. Yo grito a voz en cuello: “¡Alegría, alegría que ya es de día!”. Es la frase convenida para que finalice el concierto y marcando un “botafogo” que es el paso de samba más sencillo que pudimos aprender en las clases de bailes de salón, volvemos a dejar las maletas en nuestras cabinas para dirigirnos a desayunar.


Bajamos del barco a las 8 de la mañana y, efectivamente llueve, llueve y llueve. Afortunadamente los paraguas que llevamos apenas sirven para nada porque el fuerte viento dubrovnikiano, hace que las gotas vengan desde arriba, desde los lados e incluso desde abajo. Pienso que deberíamos haber incluido en el equipaje un traje de neopreno para estas circunstancias. Para llegar a la ciudad, 15 minutos en coche, compartimos un taxi con una parejita de argentinos encantadores: Pablo y Andrea y quedamos con ellos a la una menos cuarto para el regreso al barco. Todavía no me había enterado yo de lo de la Cristina Krishdtchesner (táchese lo que no proceda)  y lo de la expropiación de Repsol YPF. De haberlo sabido no hubiera compartido taxi con ellos y es muy posible que incluso me hubiera liado a puñetazos en mi afán de defender los valores patrios. En fin, el caso es que durante los seis días que llevábamos de navegación no habíamos escuchado hablar ni de Rajoy, ni de ZP, ni de Rubalcaba ni de Mou. Esto dará al paciente lector que sigue  este diario, una idea del absoluto desconecte de la realidad que un crucero implica. Pues el caso es que, cuando entramos en el interior de la ciudad tras cruzar una de las puertas de la muralla, “Puerta de Pile”, el número de turistas que allí estábamos hacía que aquello pareciese la Puerta del Sol en Nochevieja solo que, creo que ya lo dije, lloviendo. Pegamos la oreja a una cicerone que explicaba a su grupo que estábamos delante de la farmacia  más antigua del mundo.

Después previo pago de 5 € pasamos a un precioso claustro, creo que la misma guía dijo que era “el del monasterio de san Francisco de 1317”. Después seguimos haciendo gorroneo auditivo y pudimos saber que el patrón de la ciudad era san Blas, el de la cigüeña verás, y nos alegramos mucho de saber que contábamos con ilustres conocidos en la ciudad. Nuestro gorroneo terminó cuando la señora que explicaba tan doctamente las cosas, nos miró con cara de “aquí hay alguien que sobra porque no ha pagado los 60 euracos de la excursión”. Hay que joerse con el control –pensé . ¿Cómo habrá podido detectarnos entre el amasijo de paraguas? El caso es que silbamos y, como quien no quiere la cosa, nos alejamos del grupo deseándole a esa peazo egoísta que se le irritasen las cuerdas vocales y se quedase muda por seis años. ¿Es que nadie le había explicado eso de “enseñar al que no sabe?”


Doña Chespira y yo a lo nuestro y seguimos con la visita de la ciudad. El objetivo es entrar en lugares cubiertos con el doble propósito de ver cosas y resguardarnos de la lluvia y mejor si no se cobra por la entrada. Visitamos la catedral que está a medio camino entre el románico y el bizantino y continuamos con la visita de la ciudad. Apenas 5 horas de estancia allí es muy poco tiempo para disfrutarla y menos todavía con el día que hace pero es suficiente para darnos cuenta de que es una ciudad preciosa y, lo que es mejor, que los dubrovnikaligitanos son encantadores. Tomamos un cafelito  antes de subir a la parte alta (¡coño con las escaleras!) para poder acceder a la muralla (¡coño con las otras escaleras!”) que resulta impresionante. Rodea toda la ciudad antigua que se mete como un dedo de guante en el mar. Un punto de tristeza nos invade cuando vemos algunas fotografías expuestas. Esta semana hace 20 años del inicio de la guerra entre Croacia  y Serbia-Montenegro. Un mapa de la ciudad señala los puntos en donde cayeron bombazos directos, granadas de mortero, dónde se produjeron incendios y… volvamos a lo positivo. Croacia ha recibido dinero para su restauración procedente de fondos de la UE y damos fe de que este dinero ha sido bien utilizado porque la ciudad está totalmente reconstruida. Alguien debería aprender un poquito de los dubrovnikeños. Chapeau pa ellos! El poco tiempo de que disponemos hace que tengamos que bajar de la muralla sin haberla podido recorrer en su totalidad. Volvemos a la parte baja y doña Chespira compra unos pendientes de cristal mientras que yo me decanto por bombones dubrovnikeses que son como los “Moncherie” solo que más baratos. Casi son las doce y media del mediodía y es la hora de regresar. La pareja argentina es puntual y, ante la imposibilidad de pillar un taxi porque hay pocos taxis y muchos turistas, nos decantamos por el bus municipal. Problema habemus cuando nos dicen que hay que pagar en kunas. Afortunadamente los dubrovnikileses lo tienen todo pensado y a pocos metros hay una casa de cambio. Un euro son siete kunas. Pablo cambia cinco euros y con los 35 kunas pagamos el bus. Nada más montar lanzo una maldición porque sale el sol y deja de llover. En el restaurante del Zenith doña Chespira y yo nos decidimos por un plato de consomé y barandada de bacalao, deliciosa, que acompañamos con vino argentino.


Después de un café y ya navegando en dirección a Venecia, pido un daiquiri ante la mirada inquisidora de doña Chespira que amenaza con no bajarme al camarote si vuelvo en el mismo estado en que me encontraba la noche anterior. Como no sé a qué estado se refiere, pero con el fin de evitar problemas, cambio mi daiquiri por un margarita, con su tequilita, limón y sal en el borde del vaso pero eso no parece satisfacer a doña Chespira que me deja en el Rendez Vous mientras ella se propone visitar las tiendas del barco.
Por la tarde ya se respira cierto aroma a tristeza. En uno de los salones nos dan una charla con información sobre el modo de volver a los madriles dos días después. Es el duro golpe que estábamos esperando.  Después de la charla hay un acontecimiento especial. Durante todo el viaje, se ha ido acumulando dinero para jugar un último bingo esa misma tarde. Más de 1600 € es el premio que termina en manos de una gilipuertas que el diablo se lleve. Otro daiquiri, o margarita, no lo recuerdo y tras el espectáculo, muy bueno, en el mismo salón, todos a cenar. Orlando, nuestro camarero, decide que hoy también es día de fiesta, y volvemos a la ola, al corro de la patata y a la conga de Jalisco. Su presencia entre nosotros es un punto agobiante porque teníamos previsto hablar entre todos sobre el monto de la propina que le íbamos a dar. Está claro que eso es lo que él está esperando y no parece muy dispuesto a irse con las manos vacías. Nos habla del desembarco en Venecia, de la partida del lunes, de su vida, de la rutina de a bordo y de las influencias de la política inmigratoria china sobre las encíclicas papales. Al final se me ocurre repetir el postre y mientras él se aleja para traerme otro sorbete de pera, recaudamos el dinero y se lo entregamos en cuanto llega con el helado. Es entonces cuando suelta los grilletes con los que nos había atado las piernas a las patas de la mesa y nos deja marchar. La visita al Rendez Vous, el café y, en esta ocasión un Bloody Mary, son obligadas. Cuando termina la música en directo, todos a dormir que Venecia nos espera.  Al llegar a nuestro pasillo comprobamos con extrañeza que Oswaldo no está. Quizás sea su día libre, pensamos, y entramos decididos a la cabina. La luz, la televisión y la chimenea están encendidas, como siempre pero en esta ocasión hay algo más. Entre el embozo de la colcha y la almohada se dibujan claramente dos ojillos vivarachos que nos miran alegres.
 Buenas noches –dice Oswaldo ante nuestro asombro. Para que ustedes no notasen las sábanas frías cuando se acostaran me he permitido introducirme en su cama para calentarlas. Espero que la temperatura sea satisfactoria y que esta noche no pasen frío.
Oswaldo sale de la cama  impoluto, sin una sola arruga ni en su camisa ni en sus pantalones. Le agradecemos el detalle, nos acostamos y nos dormimos al son de la canción de cuna de Brahms que él entona con voz suave y melodiosa. No nos damos cuenta del momento en que sale de la cabina, cierra la puerta y nos desea un feliz descanso.




Día 7. Venecia.


A pesar de que, según el diario de a bordo, el atraque del barco no está previsto hasta las doce del mediodía, esa mañana madrugamos por dos razones. La primera es que el grupo senior hemos quedado a las 8 de la mañana para vengarnos del último macrobotellón infantil que nos mantuvo despiertos hasta altas horas de la madrugada. El segundo motivo es que, a partir de las 10, el barco entrará en el Gran Canal. El puerto veneciano está al final de éste y no queremos perdernos desde nuestra privilegiada perspectiva escenarios famosísimos como el Puente de los Suspiros o la Plaza de san Marcos. Subimos sin maletas a la planta sexta y allí formamos grupos que se reparten por todos los pasillos de la nave. Pretendemos homenajear a la madre patria con una antología de coros y danzas regionales. La pareja de ruskys y los japos también han decidido unirse al acto porque, está claro, ellos tampoco han podido dormir. Desayuno rápido y habitual al que añado una clara de huevo para afinar la voz. Al salir de la cabina nos hemos encontrado con Oswaldo y le hemos pedido para satisfacer su inmensa necesidad de atención, que nos proporcione para la noche una “butterfly pillow” rellena de plumas de ganso. Oswaldo se ha rascado la cabeza pensativo en un intento de localizar la almohada solicitada pero finalmente algo ha debido recordar porque ha salido feliz corriendo por los pasillos. Una vez ubicados de forma estratégica en nuestros puestos, los rusos dan comienzo a la actuación. La pieza elegida es “Kalinka” y una cerrada ovación premia el final del canto que complementan cantando el “Casachot” que todos acompañamos con palmas haciendo coro en el estribillo. Los japos se han decidido por leer unos “haikus” pero como los dicen en japonés y no se entera nadie, ni siquiera los rusos que están más cerca, su versificación pronto se ve interrumpida por un abucheo general. Siguen los navarros y cómo no, logran un éxito apabullante con el “Uno de enero, dos de febrero…” Rosa y Miguel, los riojanos, menos numerosos se han unido al grupo manchego para deleitarnos con varios números de la popularísima zarzuela “la Rosa del Azafrán”. Luego nos toca a los madrileños. Hemos tenido disensiones. Unos abogaban por cantar “La del Soto del Parral” y otros por las coplas de don Hilarión. Venció esta última opción y me toca hacer del boticario. Cuando hago alarde de voz tenorística en aquella parte que dice: “Hoy las ciencias adelantan, ques una barbaridá”, se abre la puerta de un camarote infantil, una cabeza somnolienta se asoma y protesta: 

‑¿Es que no se dan cuenta de que estas no son horas de andar cantando? Vergüenza debería de darles, a sus años y molestando a la gente que tiene que descansar….” 

O sea que, al final, lo han comprendido. Ese chico no lo sabe pero acaba de pasar a la edad adulta. De todas formas decidimos terminar el festival y Rosa y Goyo nos deleitan con el Maitetxu mía que por aclamación es considerada la vencedora del festival. Preciso es decir que me llevé una mención de honor a la voz más desafinada del certamen.


A continuación subimos a la cubierta doce. Estamos entrando en el Gran Canal Veneciano, aquel por el que hace 8 siglos saliera Marco Polo (solo que sin niños con botellón) en dirección a Katay. El Zenith hace su entrada escoltado por un pequeño remolcador a proa y otro a popa. No nos extrañamos al ver a nuestro peazo capitán croata, encaramado en un taburete, vestido a la usanza tradicional de gorrito con borla y camiseta de manga corta a rayas blancas y azules. En su brazo derecho un tatuaje con un corazón y un texto que alguien traduce porque está en croata: Dice “Amor de Madre”. Ese hombre, además de estar cachas y conducir un barco con profesionalidad debe ser un buen hijo. O sea que hemos estado en buenas manos. Manos que en ese momento sujetan un palo largo, como de quince metros o más y empujan perchando al Zenith de la forma tradicional en que los gondoleros manejan sus barquitas por los canales de la ciudad. Ivo deja un momento de perchar para saludarnos con un ademán de cabeza y comienza a entonar la “Mattinata” con lo que la escena no puede resultar más bucólica. Solamente hay un “pero” y es el maldito viento acompañado de la maldita lluvia que nuevamente se deciden a acompañarnos durante el resto del día. “Me cago en el calentamiento global y en la capa de ozono” digo a las 12 y media del mediodía cuando dejamos el barco para montar en un vaporetto, 13 euros per cápita, ida y vuelta, que nos llevará a san Marcos. La plaza está llena de turistas y paraguas.



En fin, de todas formas, a estas alturas de nuestra globalizada existencia no vamos a contar nada que ya no sepáis sobre Venecia. Canales, puentes, máscaras de carnaval, cafés a seis euros la tacita y románticos paseos en góndola a 120 € los 30 minutos. Alquilar el Zenith sólo pa mí, saldría más barato. Para los que vayáis allá, un consejo. Si os metéis por alguna de las callecitas que dan a san Marcos y callejeáis un rato, encontraréis el mismo paseo a 80 €. Con el tiempo que hace ni a doña Chespira ni a mí nos apetece el gondoleo así que nos apuntamos a una excursión guiada de 4 horas que sale muy cerquita de la plaza y que nos enseña las islitas de Murano, Burano y Torcello. De la primera, nada que decir. Nos han llevado allí a comprar chismes de cristal. Doña Chespira los mira, arruga el hocico y concluye que son más caros que en Madrid y yo entono el “Deo Gratias” porque nuestra tarjeta está bajo mínimos.
Después seguimos a Burano y… ¡deja de llover! Durante media hora paseamos por la islita de pescadores con sus casas bajas y pintadas de vivos colores. Nuevo recorrido por la laguna veneciana para conocer Torcello con la catedral de la Asunción, bizantina de los siglos XI y XII. De todas formas me llama más la atención el restaurante “Cipriani” famoso por que allí iban don Ernesto Hemingway y don Pablo Picasso. Si ellos iban allí yo no voy a ser menos. Intentamos pasar para tomar un Martini a toda prisa pero no hay bar, o al menos eso es lo que nos dicen porque la verdad es que vestidos con una chamarra empapada, pantalones vaqueros y zapatillas deportivas no hacíamos muy buen papel en un lugar donde los señores van vestidos con frac y las señoras son vestidas por los más famosos modistos del mundo y desnudadas por los del frac. O sea que me quedo sin Martini dry pero ya se arrepentirán ellos cuando un servidor de ustedes se haga famoso gracias a estas crónicas que ahora están leyendo. 

Y prácticamente aquí termina la parte turística del viaje. Vuelta a san Marcos, paseito corto que tenemos todavía 30 minutos de vaporetto hasta el barco y hay que cenar. Llegamos a tiempo de darnos una ducha y comprobar que Oswaldo ha dejado sendas almohadas con forma de mariposa y rellenas de pluma de ganso en la cabecera de nuestra cama. Agradecemos su atención y, por eso de ser el último día, le damos una propinilla que él agradece con su cálida sonrisa. “Mañana por la noche tendré nuevos pasajeros pero ninguno de ellos será como ustedes. Lo reconozco y no puedo evitar sentirme un punto celoso. Cena, café y dos daiquiris finalizan el día aunque a las 12 de la noche volvemos a subir, todo el grupo, a la cubierta 12 para, desde el Gran Canal volver a salir al Adriático y poner proa al sur rumbo a Ravena.


Doña Chespira todavía tendrá tiempo para preparar las maletas que hay que dejar en la puerta de la cabina antes de las 3 de la mañana para que sean recogidas y conducidas hasta el avión. En el tema de maletas tenemos entre doña Chespira y yo un pacto. Ella las prepara, yo no molesto, ella protesta y yo las bajo de la cama una vez llenas y las empujo por los aeropuertos. Todo muy equitativo.




Día 8. Epílogos. Datos de la ruta realizada. Agradecimientos.

Hemos llegado a Rávena y ni siquiera me he molestado en mirar el diario de navegación. Nuestra salida del barco está prevista a las 11.30 de la mañana a pesar de que nuestro vuelo sale de Bolonia, a unos 80 km de donde estamos, a las 16.30 horas. Esto quiere decir que los que se han apuntado a la excursión para visitar Bolonia, tendrán que hacerla a la carrera. La verdad es que, el final del viaje me parece que está pensado para justificar un día más de estancia porque hubiera sido mucho más práctico poder disfrutar de la noche veneciana y salir directamente desde el aeropuerto de Marco Polo. En fin, motivos habrá y mi opinión no deja de ser sino eso: Una opinión. Hoy con todo el mundo de diana, niños incluidos, no es necesario armar bulla por los pasillos. En el suelo de la cabina está una bonita factura cuya parte del león se la llevan 130 € porque las propinas en los barcos, no están incluidas. En fin, supongo que algo irá para Oswaldo, Rober, Orlando y Alan que han sido los tripulantes con quienes más contacto hemos mantenido. La maleta ya no está en el pasillo. Después del desayuno, una última visita al camarote para eso de la limpieza de dientes y… nada que hacer hasta casi tres horas después. La cabra tira al monte y yo tiro al Rendez Vous. Tomamos asiento y decido pedir un daiquiri a modo de “homenaje y despedida”. Doña Chespira no toma nada y comienza una disimulada bronca porque, según ella, las 9.30 de la mañana no son horas de tomar un daiquiri cosa con la que, evidentemente, yo no estoy de acuerdo. Mientras saboreo la bebida veo que uno de los niños, precisamente el mismo que nos abroncó la mañana anterior cuando lo de los coros y danzas de España, me mira y, sin demasiado disimulo, suspira criticando el nefasto vicio del alcohol en las personas adultas. Lo dicho. Este chaval ha madurado de un plumazo y, como también decía mi abuela, la vaca no se acuerda de cuando fue ternera. A las 11.30, puntuales como un reloj, bajamos del barco, devolvemos nuestras tarjetas magnéticas, autobús, aeropuerto, dos horas de retraso, despedida en Barajas de todos aquellos que nos han acompañado en el periplo y… ¡snif! Fin del viaje. 

Epílogo 1. 

            Me levanto por la mañana. He dormido como un tronco aunque hecho de menos el dulce bamboleo del barco sobre las olas. En el cuarto de baño doña Chespira, algo más madrugadora se está retocando el pelo. Miro la báscula que está en el suelo y en un alarde de inocencia pongo los dos pies sobre ella. El estremecimiento de sus muelles hace que doña Chespira desvíe su mirada hacia el aparato un instante antes de que yo baje del mismo. Su cara se torna ojiplática perdía, me dice que vuelva a subir al maldito chisme para corroborar lo que sus ojos (y los míos) acaban de ver. Yo me niego a hacerlo si no es en presencia de mi abogado y bajo orden judicial. Ella me amenaza con la plancha al rojo con la que en esos momentos se está alisando el pelo. Conclusión. Fin de las cervezas, nada de pan en las comidas, lechuguita verde, acelgas y filetito a la plancha, por supuesto sin patatas. En mi defensa alego que estaba sin afeitar y con las uñas y el pelo todavía sin cortar. Todo eso algo debe pesar, digo yo, pero mi defensa es desestimada y doña Chespira se come la media mortadela y el salami que compramos en el aeropuerto de Bolonia mientras esperábamos el embarque. No sé cómo lo ha hecho pero ella sigue con su peso de siempre. 

Epílogo 2.

Julio de 2012

La joven miró la tira que un par de minutos antes había empapado con pipí reciente. Ella nunca había tenido retrasos en su ciclo menstrual y hacía bastante tiempo que no tenía relaciones sexuales. Por ese motivo había achacado el retraso a los nervios causados por los exámenes de fin de curso. Miró la tira que cambiaba lentamente de color y no le quedaron dudas del diagnóstico. Estaba embarazada. Su cabeza volvió a tres meses atrás. Quizás fuera cuando la fiesta de los monstruos en el barco… o al día siguiente. El caso es que se había pasado un poco con las copas y cuando se acostó en su cabina 5400, su compañera de cuarto todavía no estaba con ella. Entonces escuchó un aullido, no, sería más propio definirlo como un triste lamento. Se levantó de la cama, abrió la puerta de la cabina y allí estaba él, tan pasado de alcohol como ella, con una botella de gasóleo en la mano y un preservativo en la otra. Hicieron uso de los dos. Esos eran los recuerdos que le llegaban en medio del desconcierto en que se encontraba. Llamaría al chico y le diría lo sucedido. Luego vendría la bronca con sus padres. ¿Qué haría después? Se acarició el vientre y, de inmediato, descartó la posibilidad de abortar. ¿Sería niño? ¿Qué nombre le pondría? Ella se sorprendió al escuchar su propia voz. “Si eres niño, te llamarás Chéspir”. 

Datos de la ruta realizada:.

Pireo a Mikonos 96 millas nauticas

Mikonos-Santorini: 81 MN

Santorini-Katakolon 248 MN

Katakolon-Corfú 178 MN.

Corfú-Dubrovnik 209 MN

Dubrovnik-Venecia 319 MN

Venecia-Ravenna 71 MN.

Total 1211 MN (2226 Km)

Dedicatoria.

A los 8 argentinos, 1 austriaco, 138 brasileños, 5 búlgaros, 8 chilenos, 32 colombianos, 1 costarricense, 3 croatas, 105 filipinos, 1 griego, 32 guatemaltecos, 54 hondureños, 29 indúes, 84 indonesios, 1 italiano, 1 maltés, 5 mexicanos, 3 nicaragüenses, 8 panameños, 15 peruanos, 5 portugueses, 29 rumanos, 1 inglés, 6 dominicanos, 1 sudafricano, 7 ucranianos, 4 venezolanos y 7 españoles que componen la tripulación del Zenith. A todos ellos nuestro agradecimiento por el trato recibido. También hay una dedicatoria muy especial a Rosa, Miguel, Luisa y Goyo, nuestros compañeros de mesa porque gracias a ellos el viaje ha resultado mucho más agradable y, para terminar quiero agradecer a los lectores y a la moderación de http://unosamigosdeparadores.blogspot.com.es/ Com por permitirme utilizar este espacio para prolongar “virtualmente” mis vacaciones y, sobre todo, por leer mis desvaríos. A todos vosotros, muchas gracias.

 Chéspir

46 comentarios :

  1. Muy divertido el primer día del crucero, deseando leer los siguientes capítulos. Este crucero promete. Chéspir bienvenido al blog.

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  2. Bienvenido al blog Chéspir, me encantan este tipo de relatos tan divertidos siempre bienen bien. Nunca he hecho un crucero y por lo que cuentas parece que lo pasaste bien. Espero el siguiente capitulo. Gracias y un saludo.

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  3. Me alegro Chéspir de tenerte entre nosotros,espero que lo pases bien. Me ha gustado tu primer día de crucero y el sentido del humor que tienes,espero leer más capítulos.

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  4. Gracias por tu relato tan ameno y divertido. Estoy deseando saber qué pasó con los chavales de los "mojitos". Me tienes intrigada. Un saludo.

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  5. Que rabia empezar el crucero con esa “ligera llovizna” durante la visita a Atenas, pero después parece que ya os instalasteis bien en el barco, aunque con algunos vecinos de camarote un poco “especiales”
    Bienvenido al blog, Chespir, un saludo.

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  6. Pues vaya un tiempecito que teníais, hasta cancelándose excursiones.
    Una buena idea pedir al “servicio de habitaciones” chocolate con churros.
    A doña Chespira, le tuvo que sentar muy mal que la rescataras de la joyería, con o sin ayuda del pelícano.

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  7. Estoy deseando de llegar Santorini.Un crucero muy animado .

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  8. Unas fotos preciosas en las que ya luce el sol, un tiempo mucho más agradable para un crucero.
    Muy acertada la decisión de hacer el camino de vuelta en teleférico. Un lugar impresionante en el que está Fira.
    Oswaldo se deshace en atenciones con vosotros y todo para haceros el viaje mucho más placentero...¿no?

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  9. Creo que yo haría lo mismo subir en burro y bajar en el teleférico , no me fio bajar esas cuestas en burro . Un día estupendo un cielo sin ninguna nube .

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  10. Con lo poco que me gustan los barcos, leyéndote me está entrando ganas de hacer un crucero como este. Pero para subir a Fira prefiero el teleférico y para bajar también, a no ser que me tomara unos cuantos mojitos de esos que os preparan. Un compañero mio de trabajo estuvo hace poco en este mismo lugar y me comentó que no lo pasó nada bien subiendo en burro.
    Me está resultando muy divertido este viaje.

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  11. La que se está montando...más de 200 pasajeros en una conga, cantando y recorriendo el barco, vamos, para filmarlo.
    Sí, tienes razón, tiene que impresionar estar en Olimpia, el templo de Zeus con su estatua debía de ser espectacular.
    La hamburguesa peloponésica qué rica, tomo nota.

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  12. Me encataría hacer un crucero me estoy animando , solo falta convencer a mi chico .Muy chulas las fotos .

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  13. Madre mía, estoy más enganchada a este relato que a la telenovela venezolana de turno. Qué ha pasado con la barra libre y María y por qué este extraño comportamiento de Oswaldo?? Si a la intriga en el barco le sumamos lo espectacular de los lugares visitados, te sale un Falcon Crest a la griega que ya quisiera la Fox para el "prime time". Solo falta la abuela del yogur como estrella invitada con su famoso jroña que jroña!!

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  14. Bueno menudo curre con la pagina, me parece estupenda, no podido ver mucho pues aún tengo morriña, pero me parece estupendo y precioso articulo.

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  15. Dña. Chespira es una santa; lo he descubierto yo solita. Lo he pasado muy bien con el relato, Chéspir. De hecho, lo hemos comentado Dulcinea y yo. Un saludo. Chiti

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  16. Muy divertido este crucero, a pesar de la llovizna Dubrovnik parece una ciudad interesante. Me ha echo mucha gracia el encuentro con la pareja de argentinos tan encantadores y lo de la expropiación de Repsol YPF.

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  17. Jajajaja, nunca había oído que el cocido madrileño no engorda si después te tomas dos o tres daiquiris, pero si tú lo dices, te creeré.
    Espero poder veros en esa fotografía de la cena con vuestro apuesto capitán, seguro que estabais todos elegantísimos y que lo pasasteis muy bien.

    Corfú debe de ser una isla muy interesante con esa mezcla de tantas culturas.

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  18. Me alegro de que los fondos recibidos tras la horrible guerra se hayan empleado bien en su reconstrucción.

    Es muy agradable tener un buen trato por parte de los camareros y personas encargadas de que la estancia sea lo mejor posible, sin pensar que puede ser así no sólo por las propinas extras que se pueden esperar.

    ¿Qué tal estaba los “moncherie” dubrovnikenses?

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  19. Cuanto me gusta Venecia, debe de ser una pasada llegar en un gran barco. Seguramente Ivo, el capitán, estaría muy atractivo vestido de gondolero para la ocasión.
    Me ha hecho mucha gracia el pacto equitativo con respecto a vuestras maletas. Y me he reído con lo que nos cuentas sobre el restaurante “Cipriani”, es lo que tiene ir vestido con frac…

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  20. Gracias a ti Chéspir por compartir tu viaje con nosotros con este humor. Tu relato me ha alegrado e intrigado por igual y gracias a estos epílogos me quedan claras las impresiones sobre el crucero e incluso me hago una idea de algunos de los hechos que acontecieron tras el viaje....
    Imagino que Oswaldo aún no habrá podido superar vuestra marcha y seguirá acechando los pasillos del Zenith cada noche. Que disfrutes las vacaciones y a ver si nos traes otra aventura como esta para publicar.
    Un barazo.

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  21. Me ha resultado muy ameno y divertido leer tu relato, toda una aventura.
    Gracias a ti por compartirlo de una manera tan natural y con ese constante buen humor.
    Pásalo muy bien y hasta pronto

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    1. Muchas gracias Chéspir por compartir tus experiencias con nosotros. A sido muy agradable leer tus aventuras y espero seguir contando con más aportaciones tuyas en este blog. Saludos.

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  22. Todo un placer contar durante varios días con tus divertidos relatos. Ha sido un crucero muy animado, espero seguir leyendo más relatos viajeros.
    Saludos para ti y Doña Chespira,

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  23. Bienvenido al blog, Ramón.
    La verdad es que hay muchísimas posibilidades del Camino de Santiago y todas diferentes, no había oído nunca el Camino por Aveiro y tampoco sabía que se conoce este sitio como la “Venecia de Portugal”, por sus canales.
    Oporto tiene el encanto de esas ciudades un poco antiguas y algo decadentes, y hay unas bonitas vistas desde el puente D. Luis.
    Para hacer estas etapas en bicicleta hay que tener una buena preparación física y estar muy acostumbrados a manejarla, 83 kilómetros en un día son muchos, y encima con subidas y bajadas constantes. Muy buena idea teniendo el viento de cara que os juntarais para ir tirando unos de otros.
    Me ha hecho mucha gracia lo que cuentas de los orujitos y lo del motel de Porriño.
    Un saludo y espero leer las siguientes etapas.

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  24. Desconocía este camino portugués. Solo de leer tu relato ya me he cansado, la de pedales que hay que dar para hacer tantos kilómetros, pero creo que al final tiene su recompensa. Una lastima que no encontraras ese brandy que tanto andabas buscando.

    Bienvenido Ramón y gracias por contarnos tus experiencias.

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  25. Ramón bienvenido al blog y ya esperando otra etapa del camino.
    Siempre he admirado los que se atreven hacerla yo no podría. Eso si me pierdo unos paisajes y una experiencia única.

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  26. Gracias a todos por vuestros comentarios. Seguiremos preparando mas relatos de los diversos caminos de Santigo que hemos hecho desde 1999.

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  27. Hola Ramón. Gracias por traernos al blog el Camino de Santiago. Me gusta eso de hacerlo tanto en bici, como lo de alojarse en hoteles para así descansar en condiciones, y si además se hace con amigos mejor. Se ve que lo habéis disfrutado.

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  28. Me imagino que al llegar a Redondela, ese camino con piedras sueltas tuvo que ser duro hacerlo con las bicicletas.
    Conozco esas preciosas vistas, de las que nos hablas, en Cee. Guardo un agradable y cariñoso recuerdo de este sitio y su ría, para mí es un lugar especial.

    Tiene que sentar bastante mal ir a cruzar un puente y no existir tal puente y tener que meterse en el agua, para después seguir pedaleando…

    Parece que vuestro “día del peregrino” se complicó un poco, menos mal que todo se arregló. Eso de ser siete pedaleando y llegar en cuatro grupos, demuestra que no es fácil hacer alguna etapa.

    Me alegro de que lo pasarais bien, no me extraña que al acabar este XI Camino ya estuvierais pensando en el siguiente. Gracias, Ramón, por compartirlo con nosotros.

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  29. Me ha gustado mucho como nos describes cada etapa,cada una es diferente. Seguramente cuando te queden pocos kilómetros por recorrer desearás que no termine aún. Toda una aventura y una experiencia inolvidable. El Camino una vez empezado creo que no termina nunca, te engancha y ya no lo abandonas. Gracias Ramón y hasta el siguiente.

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    Respuestas
    1. Tienes razón Rafa, nunca termina el camino de Santiago. Este año 2012 no lo pude hacer, a cambio hice una bonita ruta en moto (vespa clásica) y creeré que no deje de acordarme de los caminos de Santiago. Para el 2013 habrá a hacerlo partiendo de algun nuevo lugar.

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  30. Muy interesante Ramón todo lo que nos cuentas sobre el camino, no se si me atrevería a pedalear tanto. Aunque imagino que los paisajes que vistes tienen que ser maravillosos, prefiero seguir disfrutando de tu lectura sentada en el sofá.

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  31. Seguro que fue divertido hacer esta ruta en moto, aunque algo arriesgado con una vespa de 25 años… estoy segura de que disfrutasteis mucho.
    Creo que escogisteis una ruta muy bonita, unos preciosos pueblos con mucho para ver en ellos.
    Berlanga de Duero me sorprendió con la visita a su castillo, El Burgo de Osma tiene una magnifica catedral.
    Santo Domingo de Silos y su monasterio, un lugar imprescindible, seguramente su claustro es de los más bellos e interesantes, por cierto, me gusta mucho la foto que has incluido.
    Covarrubias es una villa medieval con mucho encanto donde destaca su Colegiata. Y S. Pedro de Arlanza debió de ser un monasterio inmenso a juzgar por las ruinas que de él quedan.
    Espero leer la continuación de vuestra ruta, un saludo para ti y para tus amigos moteros…”y si eso nos vemos”

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  32. Una ruta muy interesante la que nos cuentan y además en una Vespa de 25 años. Los monasterios que habéis visitado son de primerísimo orden que siempre merecen una visita. Un viaje muy bien estructurado, con sus etapas bien definidas, se nota que te gusta diseñarlos y veo que los disfrutas al máximo. Por cierto lo de parar y tomarse unas cervezas veo que es recurrente en tus viajes y en eso estoy de acuerdo contigo, disfrutar con amigos con unas cañas de por medio es vital y hasta sano. Gracias por enseñarnos tus viajes en este blog.

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  33. ¡Je, Ramón! Una suerte que Marco Polo no te llevase en su ruta hacia Katay porque si llega a ir contigo, entre las cervezas, el gintonic y los ronquidos iba a llegar a la china por los cataplines. Por ciert, tu compañero debería haber hecho bien dos camas en lugar de una sóla. La intriga y el morbo de los hosteleros hubieran alcanzado altas cotas de intensidad. Espero que no lea este blog alguien que ocupase después la misma habitación porque eso edde dormir en camas calientes, no mola.

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  34. Me ha gustado la ruta que has escogido unos lugares muy interesantes y la verdad que en vespa yo también me animaria hacer el camino.
    Ha sido muy divertido tu relato y esperando el próximo.

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  35. Hola Ramón. Bonita y bien preparada ruta te marcaste. Toda una aventura recorrer con tu vespa estos pueblos y monasterios que nos describes tan bien. Me gusta este tipo de viajes, sin prisas y sin agobios y poder ir repostando por el camino sobre todo con cervezas.

    Que sigas disfrutando viajando.

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  36. Esta ruta en vespa me recuerda a las peliculas italianas de los años 50. Os imagino llegando al pueblo en blanco y negro, saludando a los niños que os salen al paso y deteniendoos en la tasca típica a tomar un vino o una cerveza. La zona que recorristeis la conozco y es preciosa. Una ruta muy pintoresca, Ramón. Gracias por tu aportación al blog.

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  37. Hola, Ramón, me alegra poder continuar leyendo tu ruta. Me gustó mucho Sto. Domingo de La Calzada, y me pareció original y preciosa la Torre Exenta de la catedral.
    En S. Millán de la Cogolla sus dos monasterios y cada uno en su estilo, son una maravilla, aunque creo que prefiero el de Suso por su ubicación y su sorprendente interior.
    El Monasterio de Valvanera no le conozco, pero tomo nota.
    La próxima vez que pases por Rello, te recomiendo que sí pares y pasees por su interior amurallado, seguro que te gustará.
    No deberías echar toda la culpa a Gerardo por lo de las constantes cervezas y chorizos, sé de buena tinta, que a ti te encantan….Creo que Gerardo y Teo fueron unos buenísimos compañeros de viaje, gracias por compartir con nosotros vuestra Ruta de Los Monasterios y espero volver a leer alguna más de tus escapadas.

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  38. Gracias por tu relato de la ruta en Vespa. Es una manera muy original de conocer España y menos cansada que la bicicleta aunque leyendo lo que os metéis de comer entre pecho y espalda, cualquiera lo diría. Estoy de acuerdo con tu amigo en la afirmación de que los Gin-Tonics adelgazan y considero que la cerveza también puesto que es ecológica y natural (zumo de cebada en su mayor parte). La tercera etapa de la ruta (la de los Monasterios) la conozco muy bien puesto que la realizamos hace algunos años pero en coche, como manda la madre naturaleza.
    San Millán de la Cogolla es una auténtica maravilla de contemplar y coincido con Inma en que a mi me gustó más Suso que Yuso, por el emplazamiento y lo pintoresco del lugar.
    Valvanera y la carretera que condice hacia él son un lugar súper escondidos y que bien merecen el paseo.
    Veo que os quedó pendiente visitar Nájera. Es un pueblo precios con su río, el Najerilla y su plaza pero sobre todo su imponente monasterio de Santa María la Real (visitar su claustro sobrecoge de igual manera que ver el de Silos) donde están enterrados los Reyes y los Infantes de Navarra que junto con las cuevas escavadas en la roca que se ciernen sobre el pueblo forman un conjunto espectacular. Casi tan bonito como Santo Domingo de la Calzada.
    Sobre la villa de Rello, te recomiendo que leas el artículo que Inma escribió en el blog.
    Preciosa ruta y bonito relato.

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  39. Muy original tu camino de Santiago en vespa , muy divertida y disfrutando del viaje como debe ser , habeís pasado por sitios preciosos. Enhorabuena.

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  40. Chéspir, me he reído muchísimo leyendo tu relato. Que bueno ¡!
    ¿Las equilibristas sujetaban con la boca unos papagayos de Siam con jaula y todo?
    Te debió de doler mucho esa inyección de Nolotil, pobrecito, lo que hay que hacer en algunas ocasiones apuradas.
    Y menos mal que conseguisteis el mechero del camarero senegalés. Me imagino a tu Cari escondida detrás del ficus antes del ataque y del intento de fuga. Banzai !!!
    Gedra parecía muy agradable, a pesar de todo. La libertad no tiene precio…aunque haya que pagar algunos iugos, euros. Seguro que disfrutasteis mucho de la cena, el café y el chupito de pacharán.

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  41. Muy pero que muy interesante tu blog, sobre todo para los que nos gustan viajar

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  42. Hola...hermosos lugares...usted tiene cualquier itinerario Capo de Gata..??????????

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  43. Fantástico viaje y muy divertido, las foto preciosas. Me gusta mucho tu blog. Un abrazo

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